Non DubitoEssays in the Self-as-an-End Tradition
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Comentario Dazhi del Daodejing
Capítulo 46 de 81

Todavía puedes preguntarte si basta

秦汉(Dazhi)· Han Qin

Texto chino del capítulo

Manuscritos en seda · texto chino adoptado por este comentario

天下有道,却走马以粪。天下无道,戎马生于郊。罪莫大于可欲,祸莫大于不知足,咎莫憯于欲得。故知足之足,恒足矣。

Sobre el texto y la puntuación

El texto chino sigue el Dao De Jing comentado por el autor (《道德经注·君子不器》). Se basa en los dos manuscritos en seda, A y B, con correcciones y restituciones editoriales; no es una transcripción carácter por carácter de ninguno de ellos. La numeración de los capítulos sigue el texto recibido, y la puntuación, la del comentario. Los caracteres chinos no cambian al seleccionar otro idioma de lectura.

Leer el artículo en que se basa este capítulo (en inglés o chino)

I. Tres momentos para volver a mirar

Ves algo que te atrae: un puesto, un viaje, una forma de vivir que alguien muestra en una pantalla. «Eso también podría ser para mí». Más adelante, lo deseas y empiezas a calcular cómo conseguirlo. A veces el cálculo se estrecha hasta que solo queda una frase: «Tengo que tenerlo, cueste lo que cueste».

Entre esos momentos cambia algo más que la intensidad. Primero aparece una posibilidad; después, la meta empieza a desplazarse; finalmente, el precio parece dejar de importar. El capítulo 46 del Daodejing ofrece tres expresiones con las que examinar ese recorrido: 可欲, lo deseable; 不知足, no saber que basta; 欲得, desear obtener.

Leerlas como tres momentos es una herramienta de este comentario, no una cronología psicológica demostrada por el texto. Podemos movernos entre ellos, saltarnos alguno o advertirlos tarde. Lo importante es que cada uno permite una pregunta distinta.

Desear no es una culpa. Reconocer una oportunidad tampoco. La dificultad empieza cuando ya no podemos preguntar para qué la queremos, qué costará o qué vida quedará alrededor. Entonces conviene detener la carrera lo suficiente para recuperar esas preguntas. Incluso si ya has dicho «a cualquier precio», no has perdido para siempre la capacidad de cambiar de dirección.

II. Caballos para el campo, caballos para la guerra

El capítulo comienza lejos de nuestra conversación interior, con dos paisajes: «天下有道,却走马以粪。天下无道,戎马生于郊». Cuando el mundo tiene Dao, los caballos veloces vuelven al trabajo de abonar los campos. Cuando no lo tiene, los caballos de guerra nacen en las afueras.

En una escena, la energía que podía servir a la guerra sostiene la vida cotidiana. La tierra se trabaja, hay algo que cultivar y recoger. En la otra, la guerra ocupa incluso el paisaje del nacimiento. 郊 nombra las afueras; no tenemos que convertirlo automáticamente en una frontera militar ni inventar una historia universal sobre la requisa de todas las yeguas preñadas para sentir la diferencia.

Las imágenes hacen visible el destino de los recursos. Un gobernante puede emplearlos para que la gente viva o poner la vida de la gente al servicio de una grandeza que nunca termina de alcanzar. Una victoria pide otra; el territorio adquirido hace parecer insuficiente el que queda fuera. El deseo de «más» deja de ser privado cuando otros deben pagar su precio.

El capítulo 30 advertía contra la fuerza que presume de sus conquistas. Los capítulos 37 y 45 proponían dejar espacio al desarrollo de la vida. No se trata de suspender la protección, los servicios públicos o las responsabilidades del gobierno. La contención permite precisamente preguntar qué merece recursos y qué agitación responde solo al prestigio de quien manda.

Antes de examinar cuánto deseamos, Laozi nos hace mirar qué estamos alimentando. ¿Vuelven los caballos a los campos, o cada campo tiene que financiar una nueva campaña?

III. Lo que acaba de volverse deseable

«罪莫大于可欲»: no hay falta mayor que lo deseable. La frase es áspera. Si la convirtiéramos en una acusación contra cualquier atracción, tendríamos que condenar el hambre, la curiosidad y el gusto por lo hermoso. Aquí prefiero escuchar una alarma sobre el momento en que algo adquiere el poder de dirigirnos.

Una oferta de trabajo puede abrir una posibilidad real. También puede interesarnos principalmente porque otra persona posee un cargo parecido. La misma oportunidad puede responder a una necesidad o a una comparación recién encendida. Conviene distinguirlas antes de organizar la vida alrededor de ella.

Las redes sociales facilitan esa confusión. Entras sin buscar nada concreto; unos minutos después, parece que te falta una profesión distinta, una casa mayor y una vida que no sabías que debías desear. No has decidido todo eso con calma. Has recibido una sucesión de imágenes donde lo ajeno se presenta como lo que te completaría.

El capítulo 3 ya atendía a cómo la exhibición de lo codiciado puede agitar la competencia. Su relevancia no exige ocultar todos los objetos atractivos ni impedir que la gente conozca otras posibilidades. Importa también cómo las instituciones, la publicidad y los símbolos de rango convierten la comparación en presión constante.

En este primer momento puedes preguntarte: ¿qué me atrae exactamente?, ¿quiero vivir esto o quiero ser visto poseyéndolo? A veces soltar será fácil porque todavía no has comprometido mucho. Otras veces no. La pregunta no promete una indiferencia instantánea; devuelve un poco de elección al lugar donde antes solo había un impulso.

IV. Cuando la llegada cambia de sitio

«祸莫大于不知足»: no hay calamidad mayor que no saber que basta. Ya no se trata solo de haber visto algo apetecible. Has obtenido una parte, pero cada llegada inaugura una insuficiencia nueva.

Consigues el puesto y enseguida parece pequeño. Alcanzas una cantidad de ingresos y otra cantidad se convierte en condición de tranquilidad. En una relación recibes cariño, pero empiezas a pedir más comprobaciones, más disponibilidad, una prioridad que debe demostrarse cada día. No siempre falta lo mismo que dices estar buscando.

La pregunta «¿basta?» permite reconocer para qué querías aquello. Tal vez los ingresos aún no cubren tus necesidades y hace falta seguir buscando mejores condiciones. Tal vez el trabajo sigue siendo injusto. La suficiencia no puede ordenarse desde fuera a quien carece de seguridad o respeto.

Pero cuando las necesidades están atendidas, puede quedar una carrera que ya no sabe detenerse. Si cada mejora se mide únicamente por la siguiente, nunca llegas a habitarla. Saber que basta no suprime los deseos futuros: permite disfrutar y cuidar algo sin exigirle que sea un peldaño.

Los capítulos 9 y 44 acompañan este punto: no seguir llenando solo porque todavía es posible; saber detenerse cuando continuar empieza a consumir lo que queríamos proteger. Es un momento especialmente fértil para revisar. No es la última oportunidad concedida por una ley secreta del mundo. Cuanto antes veamos los costes, más margen tendremos, pero también después puede empezar una rectificación.

V. El precio de «cueste lo que cueste»

«咎莫憯于欲得»: ninguna consecuencia resulta más dolorosa que ese afán de obtener. 憯 aporta una nota de dolor o severidad. La palabra hace sentir un coste; no demuestra que quien lo sufre haya perdido toda posibilidad de volver.

La frase alcanza su fuerza cuando dejamos de hablar del deseo en abstracto. «Quiero ese puesto aunque tenga que perjudicar a alguien». «Necesito que esa persona sea mía aunque no quiera». «Tengo que ganar aunque comprometa todo lo demás». El objeto deja de ser una posibilidad dentro de una vida; la vida entera empieza a tratarse como un medio para obtenerlo.

Entonces el resultado tampoco resuelve necesariamente el problema. Puedes conseguir el cargo y encontrar que has perdido relaciones de confianza. Puedes obtener una concesión y descubrir que no equivale al afecto que buscabas. El coste no desaparece porque la casilla del objetivo esté marcada.

Sin embargo, reconocerlo tarde no obliga a seguir. Puedes suspender el próximo compromiso, dejar de aumentar una apuesta, retirar una exigencia o pedir a alguien de confianza que te ayude a mirar lo que ya no ves con claridad. Cuando la conducta se ha vuelto compulsiva o cuesta detener el daño, el apoyo profesional puede formar parte de esa vuelta.

Algunas pérdidas no se recuperarán. Otras personas pueden no querer restablecer una relación. Rectificar no borra la responsabilidad ni garantiza recuperar lo abandonado. Su valor está también en impedir el siguiente daño. Precisamente cuando parece que ya has pagado demasiado para renunciar, conviene preguntar si pagar aún más hará mejor la cuenta.

VI. La suficiencia que no depende de la próxima cifra

«故知足之足,恒足矣»: la suficiencia de saber que basta es una suficiencia duradera. Hay un contraste entre tener mucho y poder reconocer lo que tenemos como suficiente para algo.

La primera medida siempre puede ampliarse. La segunda necesita contenido: suficiente para cumplir compromisos, vivir con seguridad, atender a quienes dependen de nosotros y disponer de algún margen. Cambia con las circunstancias. No es una cifra mágica ni una obligación de sentirse satisfecho bajo cualquier condición.

Su duración proviene, en esta lectura, de no entregarse por completo al siguiente aumento. Puedes querer aprender otra cosa o desarrollar un proyecto sin decidir que tu vida actual no vale nada hasta conseguirlo. Puedes admitir una necesidad nueva sin convertir todas las necesidades en una carrera de prestigio.

El capítulo 33 llama rico a quien conoce la suficiencia. Esa riqueza no sustituye los bienes necesarios. Nombra la posibilidad de que los bienes tengan por fin una función distinta de demostrar que aún nos faltan más.

La paz no queda asegurada para siempre. Sí puede cambiar nuestra relación con la llegada: parar un momento, reconocer que algo está cumplido y dejar que sostenga una vida, en vez de cargarlo inmediatamente con la obligación de llevarnos a otro sitio.

VII. Tres preguntas antes del siguiente paso

Si algo acaba de atraerte, pregunta qué ha despertado el deseo. ¿Una necesidad, una curiosidad propia, una comparación? No tienes que rechazar la oportunidad para pensarla. Tal vez quieras aceptarla con más claridad; tal vez puedas dejarla pasar.

Si ya tienes y sigues queriendo más, pregunta qué contaría como suficiente. Incluye necesidades reales y trato justo. Después observa si la meta responde a ellas o cambia cada vez que alguien consigue algo distinto. Decir «por ahora, basta» puede ser una decisión precisa, no una derrota.

Si has llegado a «cueste lo que cueste», vuelve a poner el coste en palabras. ¿Quién lo paga? ¿Qué compromiso puede esperar mientras recuperas perspectiva? ¿A quién puedes pedir ayuda? No te declares fuera del alcance de toda elección. Aunque no puedas deshacer lo anterior, el siguiente paso no está escrito por completo.

Volvamos a los tres momentos: algo se vuelve deseable, la suficiencia se aleja, obtener parece justificarlo todo. La utilidad de distinguirlos no es repartir culpas ni anunciar que ya es demasiado tarde. Es recuperar oportunidades de responder allí donde la carrera parecía automática.

Y volvamos a los caballos. El cambio se reconoce cuando algo deja de alimentar la campaña y vuelve a sostener la vida. También en una persona: un poco de atención, tiempo o dinero que ya no necesita conquistar el próximo escalón puede regresar, por fin, a lo que había venido a cuidar.


El sexto ensayo de la serie desarrolla esta lectura. Comentario completo y cotejo textual: Zenodo, estudio 6. Estudios anteriores: 1, 2, 3, 4 y 5.