Non DubitoEssays in the Self-as-an-End Tradition
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Se puso en ese lugar

Han Qin (秦汉) · Reescritura en español · 2026-10-09

Sobre esta edición

Nota de esta edición: Reescritura independiente en español a partir del original chino, cuya página permite alternar entre caracteres simplificados y tradicionales. Las formulaciones de los diálogos son propias de esta edición.

Una chica deja de ir a clase.

Se llama Chiho y es compañera de Hinata Kawamoto. Unos cuantos alumnos la han tomado como blanco. Aguanta durante un tiempo; después deja de ir.

Hinata se pone a su lado.

Y lo que le hacían a Chiho pasa a recaer sobre ella.

Cómo funciona

Conviene empezar por el mecanismo. Aquí la obra alcanza su mayor precisión.

Solo unos pocos estudiantes ejercen el acoso.

El resto de la clase mira. No participa, pero tampoco interviene, por una razón sencilla: nadie quiere ser el siguiente.

Los que actúan son una minoría, y pueden seguir actuando porque la mayoría no se mueve. No se quedan quietos porque aprueben lo que ocurre. El coste de intervenir es demasiado visible: está allí mismo, en medio del aula, tiene nombre y apellidos y todos lo ven.

Hinata se mueve. Y el coste pasa a ella, según lo previsto.

El traslado es limpio y rápido. En cuanto se pone junto a Chiho, lo que pesaba sobre la otra empieza a desplazarse hacia ella. No hay que decidirlo de nuevo, convocar una reunión ni dar razones. Ese lugar necesita un ocupante, y ella ha ido a ocuparlo.

Ahí se revela la eficacia del mecanismo: no persigue a una persona determinada. Persigue a quien ocupa ese lugar.

La profesora

La tutora hace como si no viera nada.

Hay que precisar este punto. Fingir que no se ve es mucho más difícil de contar que la mala intención.

No participa directamente en el acoso de los alumnos, pero tampoco se limita a permanecer al margen: le reprocha a Hinata que no se integre en el grupo. No investiga a fondo ni interviene de manera eficaz; quiere dejar que el asunto se resuelva solo.

A menudo, ese procedimiento funciona y, además, es el que menos cuesta. La mayoría de los roces entre estudiantes se disuelven por sí solos. Intervenir puede agrandarlos; si el problema crece, ella tendrá que responder.

Esta vez no se disuelve.

Después del viaje escolar, los acosadores empiezan también a hostigar a la profesora. La presión acaba por desbordarla y tiene que ser hospitalizada.

Acaba hundida por la presión, no porque alguien le haya exigido responsabilidades.

Detengámonos en eso. No se derrumba porque la estén investigando, porque alguien le pregunte por qué no hizo nada al principio o porque se haya abierto un procedimiento. Se derrumba bajo el peso de lo ocurrido.

Lo que recae al final sobre quien no actuó son las consecuencias, no una exigencia de responsabilidad. Y ambas cosas se reparten de manera muy distinta: la responsabilidad corresponde a quien debe asumirla; las consecuencias caen sobre quien esté más cerca.

Aquí, los que están más cerca son los niños.

Eso es lo más doloroso de este pasaje. El derrumbe de la profesora no constituye un castigo ni una rendición de cuentas. No alivia en nada a ninguno de los niños heridos. Solo añade otra persona dañada.

Más adelante interviene Kokubu y se empieza a actuar contra el acoso; pero el derrumbe de la profesora no es, por sí mismo, una exigencia de responsabilidades por su falta de actuación ni una reparación para los niños.

Lo que dice Hayashida

Rei acude a Hayashida, su antiguo tutor del instituto, para pedirle consejo.

Vale la pena recorrer todo lo que le dice. Es la respuesta completa que la obra ofrece ante situaciones de esta clase.

Primero: información sobre el acoso hay muchísima, pero ningún consejo funciona al cien por cien. Cambian la posición de cada uno, su carácter y la combinación de personas implicadas. No existe una respuesta perfecta que valga para todos los casos.

Segundo, y esto es lo más importante: hay que preguntarle a la propia persona acosada qué solución quiere. Sin prisas. Hay que dedicar tiempo a escucharla.

Tercero: aunque el acoso termine, de nada sirve si ella ya no tiene un lugar en ese entorno.

Cuarto: que pueda contárselo a su familia ya es muchísimo. Lo peor sería que no pudiera hablar con nadie y tuviera que soportarlo sola.

Su primer consejo para actuar es preguntar qué solución quiere ella, en vez de decidirla en su nombre.

La dirección es justo la contraria de la que seguían todos los procedimientos vistos hasta ahora en estos ensayos.

Kōda decidió por Kyōko que debía abandonar. El sistema decidió quién servía para qué. Cuando alguien traza el camino de otra persona, suele justificarlo con un «yo sé lo que te conviene». Y muchas veces, en efecto, lo sabe.

Hayashida dice: pregunta primero.

Lo que hace Rei

Después de escucharlo, Rei vuelve a casa y piensa durante mucho tiempo, muy en serio, qué puede hacer él.

Llega a una conclusión: puede aportar dinero.

En concreto, puede pagar con lo que cobra por sus partidas los gastos necesarios para resolver el problema.

Y va a disputar aquella partida con una determinación que nunca había tenido.

Por primera vez juega al shogi por algo que no tiene nada que ver con el shogi.

Hay que afinar la frase. Hasta entonces, sus razones para jugar eran que eso le permitía quedarse, que era lo único que sabía hacer y que era lo que los demás esperaban de él.

Ahora, ganar o perder sobre el tablero se vincula con algo enteramente ajeno a él. No busca una posición en la clasificación. Busca una cantidad concreta de dinero que sirva para algo concreto.

La obra trata el momento con un punto de comicidad. Muestra a Rei dispuesto a irrumpir en casa de los Kawamoto, calculadora en mano: tanto entusiasmo, y tan mal encaminado. La solución que se le ocurre es hacer cuentas, pero el dinero no puede resolver las horas que Hinata tiene que pasar cada día dentro del aula.

No se burla de él ni afirma que pensar así sea un error. Deja a la vista ese entusiasmo un poco fuera de lugar: alguien que solo sabe hacer una cosa se encuentra con un problema que no sabe abordar e intenta llegar hasta él con lo único que domina.

Lo que hace Hinata

Durante ese tiempo, Hinata toma varias decisiones.

No cambia de escuela. Dice que no ha hecho nada malo y sigue yendo a clase.

Va al viaje escolar. Antes de salir, le duele muchísimo el estómago. Akari le dice que puede quedarse en casa.

Hinata responde que irá, que tiene que ir. Si no va, cree que lo lamentará durante años, también cuando sea adulta.

Va. Y pasa casi todo el viaje sola.

Fijémonos en su razón. No va por los demás, por orgullo ni para demostrar nada. Va por la persona que será dentro de varias décadas. Calcula que, si renuncia esta vez, aquello la acompañará toda la vida.

Una estudiante de secundaria, con dolor de estómago, toma una decisión pensando en sí misma a los cuarenta años.

Por esas mismas fechas, Rei disputa en Osaka la final del torneo de nuevos profesionales.

Y la otra chica se marcha de todos modos

Llegamos a la parte de este ensayo que más cuesta escribir.

Chiho, la chica a cuyo lado Hinata se puso para protegerla, acaba marchándose.

El daño que ha sufrido le deja una fobia a las chicas de su edad. Se cambia a una escuela en el campo.

Lo que hizo Hinata no salvó a la persona a la que quería salvar.

La obra no deshace la marcha de Chiho. Eso no significa que Hinata carezca de apoyo: Rei y su familia respaldan lo que hizo. Más adelante también recibe una carta de Chiho. Pero el apoyo y el contacto recuperado no borran retrospectivamente las heridas.

La chica queda herida y se va. Todo lo que Hinata ha pagado por intervenir, un período lectivo entero, el dolor de estómago, el aislamiento, aquel viaje escolar en soledad, no le consigue lo que quería conseguir.

La obra reconoce el valor de su gesto sin convertirlo en una garantía de éxito. Tres hechos siguen juntos: se puso a su lado, pagó el coste y la otra chica se fue de todos modos. Decir que Hinata hizo lo correcto no vuelve falso el tercero.

El que está al lado

Queda por mirar el lugar de Rei en todo este episodio.

Durante la secundaria, él también ocupó aquel lugar.

Al hacerse jugador profesional se convirtió en un cuerpo extraño dentro de su clase. Lo aislaban, iban contra él. Su respuesta fue esconderse: callar, no contestar, esperar a que pasara.

Nunca se había puesto al lado de nadie.

Por eso, al ver lo que hace Hinata, no ve solamente sufrir a alguien que le importa. Ve a una adolescente realizar un gesto que él no fue capaz de hacer entonces.

La determinación de Hinata alcanza también al niño que él fue; Rei se siente rescatado. La obra no se queda en esa conciencia: lo manda a hablar con Hayashida, a tomar apuntes con cuidado, a hacer cuentas y a jugar aquella partida.

Alguien que lleva calculando desde los diez años qué razón tiene para que lo dejen quedarse empieza, por primera vez, a calcular otra cosa.

Entonces, ¿qué es el shogi para él?

Era el precio que pagaba para que le permitieran quedarse. Ahora ya no depende de que alguien le haga sitio.

Nos queda el último ensayo.

Fuente: Original chino en Non Dubito.