El funeral entra en la sala
Declaran el director y el portero del asilo, Marie y otros testigos: no quiso ver el cadáver, tomó café, fumó, no lloró y fue al cine al día siguiente. Todos son datos ciertos. El fiscal los ordena para afirmar que Meursault enterró a su madre con corazón de criminal. La muerte del árabe ocupa menos espacio que la elaboración de un personaje moral. El proceso no se limita a preguntar qué hizo en la playa; necesita decidir qué clase de hombre podía hacerlo.
Dos almas impuestas
El fiscal examina su alma y declara no encontrar ninguna. El defensor inventa en cambio a un hijo pobre, afectuoso y dominado por un dolor discreto. Una versión condena y la otra pretende salvar, pero ambas suponen que la verdad jurídica requiere llenar el interior de Meursault con un relato coherente. Él no reconoce ninguna. La defensa puede resultar más amable y, sin embargo, también lo borra: lo protege a condición de que deje de ser la persona que respondió con frases insuficientes.
Cuando otro dice «yo»
El abogado llega a hablar en primera persona como si ocupase el lugar del acusado. Meursault siente que su propio caso se celebra sin él. Esta confiscación es más profunda que callarlo: su «yo» sigue sonando en la sala, solo que pronunciado por una voz que le atribuye sentimientos aceptables. La institución no soporta el hueco de una motivación pobre. Cuando Meursault menciona el sol y el reflejo del cuchillo, el público se ríe porque una presión física no ofrece el tipo de alma que la escena judicial desea castigar o perdonar.
El crimen por el que se dicta la muerte
La pena capital responde formalmente al homicidio, pero el alegato hace del funeral el verdadero delito: no interpretar el papel de hijo doliente. Esto no convierte a Meursault en inocente ni devuelve nombre y vida al árabe que mató. Permite distinguir dos juicios superpuestos. Uno podría examinar disparos, circunstancias y responsabilidad; el otro sanciona a quien no entrega una interioridad reconocible. La novela muestra cómo hechos exactos pueden producir una totalidad falsa cuando una narración los cose con una necesidad ajena.