Non DubitoEssays in the Self-as-an-End Tradition
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Quien sabía lo de aquella pierna estaba al otro lado

Han Qin (秦汉) · Reescritura en español · 2026-10-09

Sobre esta edición

Sobre esta edición: Reescritura literaria independiente en español a partir del original chino. El texto principal de referencia es la serie de animación de veintitrés episodios; cuando procede, se recurre también a la novela de Shion Miura. En el original chino se han revisado las formulaciones relativas a la prueba clasificatoria, el club de atletismo de Kansei y las motivaciones de Haiji. Contiene destripes de toda la serie.

Cuando nadie lo mira, Haiji Kiyose cojea.

La obra lo muestra muchas veces, siempre durante un instante: una espalda que se aleja, una pausa, alguien que tarda un poco más en sentarse, una mano que aprieta el lateral de la rodilla cuando no hay testigos. La cámara no se demora. No hay nadie cerca y, un segundo después, la imagen ya es otra.

Cuando está acompañado, en cambio, camina con normalidad. Sonríe, cocina, despierta a los demás. Habla con el tono de siempre.

Este ensayo se ocupa de esa pierna y de un hecho que la rodea.

La pierna

Los problemas en la rodilla derecha de Haiji empezaron en el otoño de su primer año de instituto.

Hasta entonces todo iba bien. Estudiaba en un centro con un gran equipo de atletismo. En su misma promoción había otro chico que había superado el examen de ingreso y llegado de una prefectura distinta: Kazuma Fujioka, que acabaría siendo una figura central de las victorias consecutivas de Rikūdō en Hakone.

Desde aquel otoño notaba algo extraño en la rodilla. Siguió corriendo así hasta el verano del segundo curso, cuando tuvo que operarse por una fractura por avulsión.

Tres años después de la operación, aún arrastra secuelas. Hasta el punto de cojear.

Ese es su estado actual. No es «un corredor que tuvo una lesión»: es alguien que convive a diario con un dolor que no se va.

La cronología permite verlo mejor. Empieza a notar el problema en otoño del primer curso y se opera en verano del segundo. Durante casi un año entrena y compite con una rodilla que sabe que no está bien. Y ese segundo curso es, precisamente, el año más decisivo para un fondista.

Tras la operación llega la recuperación; después, descubrir que no recuperará su nivel anterior; después, aceptar ese hecho. El proceso ocupa todo el tiempo que va de su último año de instituto al cuarto de universidad.

Durante ese tiempo hace dos cosas. Sigue corriendo cada día. Y prepara Chikuseisō.

Los otros nueve no lo saben

De principio a fin, Haiji es quien impulsa el proyecto de Chikuseisō.

Se ocupa de la comida, los horarios, las cargas de entrenamiento, las enfermedades, las lesiones y la recuperación de cada uno.

¿Hasta qué punto? Sabe quién ha dormido mal por la cara que tiene durante el desayuno. Sabe quién no puede aumentar la carga ese día porque detecta una pequeña compensación en su forma de correr. Cuando examina unas piernas, las toca directamente: una tras otra, palpa, aprieta, presiona, calcula cuánto podrá correr hoy esa persona.

La obra señala esa costumbre. Mete mano a las piernas ajenas sin ceremonias; el examinado suele sentirse incómodo y a Haiji le da exactamente igual.

Lo que ofrece a cada cual es distinto. Musa no entrena lo mismo que los gemelos; la recuperación de Nico-chan no es la de Shindō; la táctica de Príncipe y la de Kakeru no tienen nada que ver. No aplica una plantilla. Prepara cada caso por separado.

Conoce el estado físico de los nueve mejor que ellos mismos.

Pero ellos desconocen el estado de su pierna.

La misma persona que palpa una por una las piernas de sus nueve compañeros mantiene oculta la suya.

No es un descuido.

Tiene muchas ocasiones de contarlo y, en varias, decirlo le facilitaría las cosas. Cuando debe ponerse firme y exigir que alguien siga corriendo aunque no quiera, y ese alguien le pregunta con qué derecho. Cuando le reprochan su obstinación. Cuando él mismo está a punto de no poder más y todo el equipo lo mira.

En cualquiera de esos momentos, bastaría con subir la pernera, enseñar el historial médico y decir «solo me queda esta oportunidad» para cambiar de inmediato el ambiente de la habitación.

No lo hace.

Quien lo sabe está al otro lado

Hay un testigo que da cuerpo a este hecho. Y ocupa una posición singular.

Kazuma Fujioka lo sabe.

Fue compañero de Haiji en el instituto. Entraron el mismo año en aquel centro de élite y corrieron juntos. Fujioka estuvo allí durante todo el proceso que empezó con los problemas de rodilla en el otoño del primer curso.

Ahora es la estrella de la Universidad de Rikūdō, pieza fundamental de sus tres triunfos seguidos en Hakone. Es uno de los hombres que se interponen directamente en el camino de Kansei.

Dicho de otro modo:

Durante buena parte del proyecto, los compañeros de Haiji desconocen el verdadero estado de su pierna. Un rival lo conoce.

No hace falta explicar la frase. Es un hecho del relato. Y dibuja la relación entre los diez: la información más importante deja un hueco dentro del equipo, mientras alguien de fuera la tiene en la mano.

En el noveno tramo corren Fujioka y Kakeru. Haiji envía al más rápido de los suyos a ese recorrido, frente a alguien que sabe lo que él oculta.

Dos personas expulsadas de la pista

La noche en que se encuentran en la calle, ni Haiji ni Kakeru están en la pista.

A Kakeru lo ha expulsado una sanción: ha llegado a las manos, lo han suspendido y ha dejado el club. Lo que le quita su lugar es un conjunto de normas. Unas normas pueden recurrirse, discutirse o revisarse muchos años después.

A Haiji lo ha expulsado el cuerpo. Un fragmento de hueso de la rodilla se ha desprendido. Lo han operado. Han pasado tres años y sigue cojeando. No hay reglamento ante el que recurrir, nadie con quien discutir ni revisión que esperar.

Han perdido lo mismo de maneras completamente distintas.

Cuando Haiji lo alcanza en bicicleta y le pregunta «¿te gusta correr?», alguien que en ese momento no puede correr se lo pregunta a alguien a quien en ese momento no se lo permiten.

En el primer ensayo, esa escena era un reclutamiento. Vista desde aquí, es también otra cosa. Los dos sentidos están presentes en aquella noche. La obra no los separa.

Algo que solo puede empezar ocultando algo

Volvamos al orden de los hechos.

El primer ensayo señalaba que los nueve llegaron antes de conocer las condiciones.

Ahora podemos añadir una frase: cuando se dijeron las condiciones, seguían sin estar todas.

Supieron que iban a correr en Hakone. No supieron que quien lo organizaba tenía la rodilla dañada, ni qué precio pagaría por correr esa vez, ni qué significaba para él.

Cuando aceptaron, no tenían la imagen completa.

La frase admite dos direcciones de lectura. Este ensayo no elegirá ninguna.

Solo señala un hecho de estructura: si un plan necesita ocultar su núcleo a los participantes, lo que estos aceptan en el momento de dar su consentimiento es otra cosa. Todos sus esfuerzos posteriores, todo el tiempo que dedican, descansan sobre una premisa que no han visto.

Lo que piensan al descubrirla llega muy tarde en la obra. Y nadie se retira por ello.

Al final se enteran

Lo de la pierna acaba sabiéndose.

La obra reserva el momento para muy adelante y no lo trata como una gran revelación. Nadie irrumpe en una habitación para poner las cartas sobre la mesa. No hay un careo. La verdad parece filtrarse por capas: alguien lo nota, alguien pregunta, alguien termina una frase que él deja a medias.

Después de saberlo, nadie abandona.

También esto debe quedarse tal como está, sin explicación añadida. Al descubrir que se les ha ocultado una condición central de aquello a lo que llevan un año dedicados, los nueve deciden seguir corriendo hasta el final.

¿Lo perdonan? ¿Ya es demasiado tarde? ¿No creen que haya nada que perdonar? ¿Ni siquiera lo consideran una cuestión pendiente? Ninguno lo explica.

La obra solo hace que, a la mañana siguiente, los diez vuelvan a salir a correr.

Qué quiere él

Haiji ha dicho qué quiere.

Quiere saber qué es, en realidad, correr.

No está diciendo «quiero ganar», «quiero demostrar algo» ni «quiero dejar algo detrás». Es un deseo más extraño: comprender qué era eso que hacía desde adolescente y que después le quitaron.

Hay un detalle llamativo en ese propósito: no tiene punto final ni criterio para darlo por cumplido. Correr una vez en Hakone no permite a nadie certificar que ya ha entendido lo que es correr. No pertenece a la clase de cosas que se hacen y, al terminarlas, entregan una respuesta.

El método que elige consiste en reunir a diez personas y correr una vez en Hakone, con él entre los diez.

Pongamos estas dos cosas una junto a otra:

De verdad quiere comprenderlo.

De verdad necesita a otras nueve personas para hacerlo.

La obra escribe ambas frases sin añadir una conjunción entre ellas. Este ensayo tampoco la añadirá.

Su propio tramo

En la carrera, Haiji hace el décimo tramo.

Es el último. Todas las distancias que han recorrido los otros nueve y todo el tiempo acumulado llegan a sus manos. Le toca completar los veinte kilómetros finales y cruzar la meta.

Los completa con aquella rodilla.

La obra cuenta después el precio. Su camino ya no será el del atleta: se convierte en entrenador. El resto de su vida queda, así, situado al borde de la pista.

En cuanto a lo que quería, comprender qué es correr, la obra no dice si ha llegado a comprenderlo.

Organizar todo esto también contenía el deseo de volver a correr una vez. Y al final corre esa vez.

Ese tramo lo hace él. Nadie puede sustituirlo. En eso es exactamente igual que los otros nueve: ante esta regla, todos ocupan el mismo lugar.

Al mismo tiempo, ha sido él quien ha preparado el camino por el que los otros nueve llegan al final. En eso es diferente.

Es una constatación. Dice a la vez lo que aquello significa para él y que necesita a otras nueve personas para conseguirlo. Los dos sentidos caben en la misma frase y no se pueden separar.

Un trabajo que no puede hacer cualquiera

Falta una capa más, porque es la otra cara del ocultamiento.

El trabajo que Haiji hace como entrenador solo puede hacerlo alguien que conozca a la persona que tiene delante.

Las cargas no se asignan con una fórmula. La misma distancia significa cosas distintas para alguien que lleva seis años fumando y para un gemelo de veinte años. La misma orden, «una serie más», no cae igual en quien tiene que atender las exigencias de sus estudios de Derecho que en quien acaba de colgar una llamada con Tanzania. Para hacerlo bien hay que conocer a cada persona por separado.

Y para eso no hay atajos. Hace falta tiempo, verse cada día, encontrarse una y otra vez en la cocina, en el pasillo, durante una enfermedad, en un mal momento.

Haiji ha dedicado años a ese trabajo.

Son también los años en que prepara el proyecto y va conociendo a los residentes más antiguos; otros llegan después. La preparación es larga, pero el tiempo compartido con cada persona es distinto. Las escenas cotidianas y la atención con que aprende a conocerlos son, al mismo tiempo, los materiales de su plan.

Un trabajo que solo puede hacer quien te conoce y una organización que necesita ocultarte algo para ponerse en marcha nacen, en este relato, de la misma persona, en el mismo tiempo y con los mismos materiales.

Las dos cosas de aquel edificio

Terminemos colocando juntas dos cosas de este hombre, sin conciliarlas.

La primera: trata de manera distinta a cada uno. La táctica de Príncipe, la carga de Musa, la recuperación de Nico-chan, la forma de hablar con los gemelos: todo está pensado por separado. Conoce los cuerpos y los temperamentos y ofrece a cada cual algo a su medida. Ese trabajo no se puede fingir ni hacer en serie.

La segunda: oculta una de las condiciones más importantes del proyecto. Se la oculta a los nueve. Quien la conoce está enfrente.

Las dos cosas pertenecen a la misma persona, en el mismo periodo y al servicio de lo mismo.

Solemos buscar una fórmula que permita reunirlas: «lo hace por su bien», «se aprovecha de ellos», «hay algo de las dos cosas». Las tres interpretaciones son defendibles y las tres encuentran apoyo en pasajes de la obra.

La obra no hace que una explique la otra, ni coloca una conjunción entre ellas. Filma un masaje de recuperación que le da a un compañero; después lo filma cojeando a solas de noche; luego sigue contando.

Estos cinco ensayos seguirán ese camino.

Entonces, lo que al final se completa, ¿es el proyecto de Haiji o algo propio de cada uno de los diez?

La respuesta no está en los motivos de nadie. Está en las reglas de la carrera.

Seguimos en el próximo ensayo.

Run with the Wind (風が強く吹いている), novela original de Shion Miura (Shinchōsha). Serie de televisión dirigida por Kazuya Nomura, con guion de Kōhei Kiyasu y animación de Production I.G; emitida entre octubre de 2018 y marzo de 2019, veintitrés episodios. Esta serie de ensayos toma como referencia el anime; parte de la cronología de la lesión en la rodilla derecha de Haiji procede de la novela original.