2008: la red salvó a quienes estaban más conectados
Durante la crisis, el riesgo sistémico ofreció una regla defendible para decidir qué sostener. Esa misma regla veía instituciones enlazadas y daba valor cero a la pérdida de un hogar que solo estaba conectado con su familia y su calle.
El fallo reconocido
El 23 de octubre de 2008, Alan Greenspan admitió ante el Congreso haber encontrado un fallo en su visión: había supuesto que las instituciones, movidas por su propio interés, protegerían adecuadamente a accionistas y empresas. No era una retractación total, pero identificaba el punto donde la autorregulación había fallado.
Para entonces, la titulización había separado la concesión de hipotecas de su conservación. Productos sintéticos permitían apostar sobre bonos sin financiar una sola compra de vivienda. El mismo conjunto de préstamos podía ser referenciado varias veces y multiplicar pérdidas sin que existieran más casas debajo.
Las calificaciones transformaban análisis experto en letras comparables. El modelo emisor-pagador, el volumen creciente y supuestos de correlación demasiado bajos generaron una puerta cuya función comercial era dejar pasar operaciones. Una medida útil se convirtió en requisito de producción masiva.
Las advertencias coexistieron
No es cierto que nadie viera el peligro. El FBI habló de una epidemia de fraude hipotecario en 2004; investigadores alertaron sobre concentración en finanzas estructuradas; gestores visitaron ciudades para escuchar a agentes y prestatarios. Al mismo tiempo, autoridades sostenían que el problema subprime parecía contenido.
Las señales no faltaban: estaban dispersas entre instituciones con responsabilidades parciales. Cada actor podía reducir su exposición, emitir una advertencia o corregir un modelo, pero detener la máquina completa no pertenecía claramente a nadie. El constructo sobrevivió a muchas dudas locales porque ninguna era una orden general.
El fin de semana de las fronteras
En marzo de 2008 se facilitó la venta de Bear Stearns; el 15 de septiembre Lehman Brothers quebró tras fracasar una compra; al día siguiente la Reserva Federal autorizó hasta 85.000 millones de dólares para AIG. En jornadas sucesivas se protegieron fondos monetarios, papel comercial y grandes intermediarios.
Estas decisiones no pueden reducirse a favoritismo. AIG era contraparte de incontables contratos; los fondos monetarios financiaban empresas que necesitaban pagar nóminas. Dejar caer esos nodos podía paralizar circuitos muy alejados de Wall Street.
La regla aplicada fue el riesgo sistémico: primero debía sostenerse aquello cuya caída se propagaba por balances y contratos. Era una medida razonable para una emergencia. También era una clasificación moral de facto, porque establecía qué pérdidas tenían consecuencias reconocibles para el conjunto.
La lista no veía una casa
Una institución conectada con cientos de contrapartes producía una lectura alta. Una familia que perdía su vivienda parecía no transmitir riesgo vertical por la red financiera y obtenía una lectura cercana a cero. Salvarla significaba, según esa escala, salvar solamente a esa familia.
Pero la propagación existía de forma horizontal. Una ejecución bajaba el valor de casas vecinas, debilitaba ingresos municipales y deterioraba barrios; desempleo y desplazamiento se extendían de hogar en hogar. El cincel sistémico reconocía conexiones contractuales y omitía conexiones sociales.
Quién cargó con el saldo
Entre 2007 y 2011 el precio medio de la vivienda cayó más de una quinta parte; el desempleo alcanzó el diez por ciento en octubre de 2009. Las estimaciones de ejecuciones varían según si se cuentan procedimientos o viviendas finalmente tomadas, diferencia que abarca millones de casos.
En el Ciclo Cincel–Constructo, el rescate sostuvo el constructo porque su colapso habría dañado aún más a todos. El remanente fue quien no podía demostrar importancia mediante interconexión financiera. Las causas siguen disputadas, pero el prestatario rara vez es el protagonista de las explicaciones y, sin embargo, absorbió una parte especialmente completa de las consecuencias.
Reescritura española independiente basada en la argumentación y las fuentes del original chino, recompuesta para lectores en español. 中文・English