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Ciclo Cincel–Constructo · Economía
Ensayo 18 de 23

Financiarización: el libro empieza a registrar otros libros

Opciones estandarizadas, modelos, valor para el accionista y titulización hicieron negociable el riesgo. La máquina ganó liquidez y precisión, pero perdió de vista las relaciones entre los fragmentos que ella misma había creado.

Han Qin (秦汉)

Novecientos once contratos

La Bolsa de Opciones de Chicago abrió en abril de 1973 y negoció 911 contratos sobre dieciséis acciones en su primera jornada. Antes, muchas opciones se acordaban bilateralmente y tenían condiciones particulares. La bolsa uniformó vencimientos, precios de ejercicio y procedimientos de compensación.

Ese mismo año, Black y Scholes publicaron su modelo de valoración. Contrato estándar y precio calculable eran las dos mitades de un mercado nuevo: la homogeneidad permitía comparar; el modelo permitía cotizar y cubrir posiciones con continuidad.

En 1975, la eliminación de comisiones bursátiles fijas intensificó otra desagregación. Servicios antes cobrados como paquete tuvieron que justificar precios separados. Competencia y cálculo empujaban en la misma dirección: partir, valorar y recombinar.

El modelo entra en el mercado

Los modelos financieros no fueron cámaras que se limitaban a fotografiar precios. Al orientar coberturas, arbitrajes y creación de productos, modificaron el comportamiento que pretendían describir. La volatilidad implícita, nacida como resultado del modelo, terminó convirtiéndose en objeto de negociación.

La caída de octubre de 1987 mostró el riesgo de esa reflexividad. Estrategias de seguro de cartera ordenaban vender cuando bajaba el mercado; ventas simultáneas provocaban nuevas caídas y activaban más ventas. Una técnica individual de protección podía convertirse colectivamente en acelerador.

Un único objetivo empresarial

La doctrina del valor para el accionista ofreció a empresas complejas una medida común: retorno, cotización y beneficio por acción. En 1997, una declaración de la Business Roundtable presentó el rendimiento para los propietarios como objetivo principal. Empleo, conocimiento y comunidad debían justificarse desde esa cifra.

La escala mejoró la rendición de cuentas frente a gerentes que podían perseguir fines propios. También favoreció recompras, dividendos y recortes cuya recompensa era inmediata, mientras investigación, capacitación y resiliencia tardaban en aparecer. Lo fácil de medir adquirió prioridad temporal.

La misma doctrina admitía depender de cualidades blandas: carácter de los directores, independencia y capacidad de contradecir al máximo ejecutivo. El constructo reducía el objetivo a un número mientras reconocía que la organización solo funcionaba gracias a juicios personales que no sabía puntuar.

Siete eslabones y muchas capas

La titulización separó la hipoteca en originación, financiación, estructuración, calificación, administración y venta a inversores, entre otros eslabones. La especialización movilizó capital y repartió riesgo. También dispersó información y responsabilidad: quien concedía el préstamo ya no tenía que conservarlo hasta el final.

Tramos de bonos hipotecarios fueron reempaquetados en nuevas obligaciones; algunos tramos intermedios eran adquiridos masivamente por vehículos similares y volvían a recibir calificaciones altas tras otra partición. El libro ya no registraba solo pagos de hogares: registraba títulos creados a partir de otros títulos.

Lo que no cabe entre dos filas

Cada préstamo podía modelarse y cada tramo tener un precio, pero la correlación entre impagos quedó subestimada. Esa relación no estaba dentro de una fila; emergía entre muchas filas cuando la vivienda caía a la vez. El cincel había hecho piezas manejables y había debilitado la visión del conjunto.

En el Ciclo Cincel–Constructo, la financiarización lleva el constructo a tomarse a sí mismo como objeto. El remanente son conexiones, garantías y confianza concentradas fuera del contrato estándar. Cuando un fondo monetario cayó a 97 centavos en 2008, la promesa informal de valer siempre un dólar necesitó respaldo estatal: lo impersonal terminó llamando a una persona pública que respondiera.

Reescritura española independiente basada en la argumentación y las fuentes del original chino, recompuesta para lectores en español. 中文・English