Non DubitoEssays in the Self-as-an-End Tradition
← Leer Puella Magi Madoka Magica
1 / 5

Una respuesta para cada pregunta

Han Qin (秦汉) · Reescritura en español · 2026-10-09

Sobre esta edición

Nota sobre esta versión: Reescritura independiente en español del original chino, disponible en caracteres simplificados y tradicionales.

Un animalito blanco aparece ante dos chicas de secundaria.

Parece un gato, parece un conejo, parece algo diseñado para resultar adorable en la medida justa. No mueve la boca para hablar: su voz te suena directamente en la cabeza.

Y esto es lo que propone:

Haz un contrato conmigo. Conviértete en una chica mágica.

Podrás pedir un deseo. El que quieras.

El contrato

Empecemos por poner sus condiciones sobre la mesa. Todo lo que quiero examinar aquí está en ellas.

Quien pide: una adolescente.

Lo que recibe: un deseo, cualquiera, por desmesurado que sea.

Lo que entrega a cambio: convertirse en chica mágica y combatir a las brujas.

Leído al pie de la letra, al contrato no se le puede objetar nada. Lo que ofrece es real: los deseos se cumplen, sin recortarles nada. Lo que exige también se anuncia: tendrás que combatir, combatir es peligroso y puedes morir.

Un trato justo, claro, en el que ambas partes saben qué están intercambiando.

O eso parece.

Engañar sin una mentira directa

Llegamos al centro de este ensayo, que se aparta un poco de lo que suele decirse de este personaje.

Kyubey rara vez necesita recurrir a una mentira directa para atraerlas.

Se puede comprobar afirmación por afirmación: a lo largo de la serie, sus explicaciones más importantes suelen ser literalmente ciertas. Los hechos decisivos, en cambio, no salen a la luz hasta que alguien sabe qué preguntar.

Le preguntan qué hacen las chicas mágicas. Responde que luchan contra las brujas. Cierto.

Le preguntan si pueden morir. Dice que sí. Cierto.

Le preguntan qué es una gema del alma y lo explica todo: el alma ha sido extraída y encerrada en la piedra; el cuerpo no es más que una envoltura. Lo dice con toda claridad, sin adornos ni ambigüedades.

Le preguntan de dónde salen las brujas. También lo explica.

Le preguntan qué es él. Lo cuenta. Su especie carece de emociones; él se dedica a recolectar energía; la propia civilización humana se asienta sobre la tecnología de los suyos.

Para él, contestar cuando alguien pregunta equivale a haber informado suficientemente. Pero la lista de preguntas siempre la tiene él solo.

Y eso plantea un problema mucho más difícil que una mentira.

Su método

Lo que hace es esto:

Te hace firmar cuando todavía no sabes qué tendrías que preguntar.

Esa es la tesis de este ensayo. Conviene detenerse en lo que contiene.

La información más importante de un contrato no siempre figura en sus cláusulas. Hay cosas que solo aparecen si las preguntas. Pero para preguntar por algo, primero hay que saber que existe.

Imaginemos a una alumna de catorce años sentada ante un animalito que habla y le ofrece cumplir cualquier deseo.

¿Qué se supone que debe preguntar?

¿«Me vas a sacar el alma»? Ni siquiera sabe que eso sea posible. ¿«En qué terminan convirtiéndose las chicas mágicas»? No sabe que ese «terminan» sea algo por lo que haya que interesarse.

No es que la hayan engañado. Es que no sabe qué preguntar.

Y Kyubey espera a que firme.

No es una mera distinción técnica

Alguien dirá: ¿y eso no sigue siendo engañar?

No. Y en esta obra importa mucho la diferencia.

Quien miente de forma directa sabe, al menos, que la otra persona podría cambiar de decisión si viera el panorama completo. Kyubey procede de otra manera: sabe que estos hechos pueden destrozar a las chicas, pero considera que «no lo preguntasteis» lo exime de responsabilidad.

No se trata de absolverlo, sino de precisar qué hace.

De verdad cree que esa información carece de importancia. De verdad considera que el contrato es bueno para ambas partes. De verdad no entiende por qué las chicas se derrumban cuando se enteran.

La escena de Kyoko

Hay una escena que permite verlo con especial claridad.

Kyoko Sakura descubre la verdad sobre las gemas del alma. Se enfurece y se lanza a exigirle explicaciones a Kyubey.

Él responde con una expresión de desconcierto.

Lo que viene a decir es: pero si no hay ningún problema; ¿por qué os cuesta tanto entenderlo?

No finge que no lo entiende.

Hay que hacer una pausa aquí, porque esta afirmación marca el tono de toda la serie de ensayos.

Si Kyubey fingiera, estaríamos ante una historia de engaños cuya solución consistiría en desenmascararlo.

Pero no finge. Su especie no tiene emociones. No es una excusa: está hecha así. En su mundo, «encerrar el alma de una persona en una piedra» pertenece a la misma clase de operaciones que «cambiar una pieza de sitio».

Por eso no sirve de nada desenmascararlo. Si le describes a la cara lo que está haciendo, asentirá y te dará la razón. Después preguntará: ¿y?

Su defensa

Además, tiene sus propios argumentos, y no son fáciles de rebatir.

Señala que los humanos también utilizamos ganado. Matamos a los animales, nos los comemos, aprovechamos sus pieles y jamás les preguntamos si están de acuerdo.

Añade que toda nuestra civilización se ha construido sobre la tecnología de su especie.

Dice que, en el conjunto del universo, dar tanta importancia a las emociones es una rareza. Llega incluso a plantearlo así: a sus ojos, esa condición humana de vivir a merced de los sentimientos se parece más bien a una enfermedad.

Esas afirmaciones se apoyan en hechos reconocibles. Eso no legitima sus conclusiones.

La obra tampoco pone en escena a alguien capaz de refutarlo. Nadie pronuncia un razonamiento que lo deje sin palabras.

Él sigue ahí. Sigue contestándolo todo. Sigue sin entender.

Las chicas

Al otro lado del contrato hay unas cuantas chicas de catorce o quince años.

No tienen abogado. No pueden consultar precedentes. No disponen de un relato fiable y accesible sobre el desenlace del contrato. Quienes ya han llegado a ese final han muerto o se han convertido en esas criaturas contra las que ellas luchan. Las chicas que siguen vivas no conocen el precio completo; las advertencias de Homura no encuentran crédito.

Su única fuente de información es el animalito sentado enfrente.

Y ese animalito responde a todo lo que le preguntan.

Esta situación tiene una característica muy concreta: preguntar si la otra parte ha mentido no permite llegar al centro del problema. Lo decisivo es quién tiene la lista de preguntas.

La tiene Kyubey. No porque se niegue a entregarla, sino porque solo él sabe qué preguntas existen.


Una de esas chicas dedicó su única oportunidad a otra persona.

De ella trata el próximo ensayo.