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Non Dubito

Volver a abrir el Zhuangzi · 56 · El Conocimiento viaja al norte

Quien responde a todo tampoco se instala en la meta

Conocimiento encuentra a quien calla, a quien olvida lo que iba a decir y a quien responde las tres preguntas. La respuesta más completa no se declara dueña de lo que explica.

Han Qin ·

Conocimiento sale a preguntar por la Vía con tres preguntas bien preparadas. ¿Cómo pensar para conocerla? ¿Cómo vivir y actuar para asentarse en ella? ¿Por qué camino alcanzarla? Quiere una ruta que pueda recorrer, no ha venido a proponer adivinanzas. En El Conocimiento viaja al norte, «Conocimiento» es el nombre de alguien que viaja y tropieza. Se llama así y, sin embargo, todavía necesita preguntar. Hay algo divertido en ello y resulta fácil reconocernos: ya he aprendido a formular las preguntas; ¿solo me falta encontrar a quien sepa explicarme las respuestas?

Se encuentra con tres personajes, uno tras otro. El primero no responde; el segundo quiere responder, pero olvida lo que iba a decir; el tercero contesta las tres preguntas. Según lo que solemos esperar de una historia así, por fin habría dado con su maestro. Sin embargo, quien responde de manera más completa dice que todavía está lejos.

Dos respuestas que no llegaron

Primero encuentra a Wuweiwei junto a las Aguas Oscuras, en la colina de Yinfen. Le hace las tres preguntas y el otro no contesta. El texto se detiene a precisar:

No era que no quisiera responder: no sabía cómo hacerlo.

No guarda silencio deliberadamente para negarle una respuesta. No sabe cómo responder. Un comentario antiguo entiende que no ha entrado en las distinciones de las que viven esas preguntas y respuestas. Esa lectura permite vislumbrar otra posibilidad: no todo lo que merece comprenderse se entrega en las casillas que el interlocutor ha preparado. Ahora bien, ese es el lugar que la fábula asigna a Wuweiwei, no una medida para clasificar a las personas reales. Alguien puede callar porque no sabe, está nervioso, necesita tiempo o considera inadecuada la pregunta. El silencio por sí solo no elige entre esas causas.

Sin respuesta, Conocimiento busca a Kuangqu. Este le dice que lo sabe y que va a explicárselo, pero, justo cuando empieza a hablar, olvida lo que quería decir. Hay algo sugerente en esa interrupción: como alargar la mano hacia algo que parecía preparado y descubrir que no podemos sostenerlo. El relato dice que quiso hablar y olvidó; no lo hace proclamar expresamente «Sé que no sé». Podemos leer ahí la dificultad de conservar con palabras cierta comprensión, sin convertir ese instante en una psicología completa ya comprobada. El personaje, por lo demás, volverá al final para oír lo que dice el Emperador Amarillo.

El Emperador Amarillo responde, pero no ocupa la meta

En su tercer intento, Conocimiento llega al palacio imperial. El Emperador Amarillo responde, una por una, a sus preguntas: sin pensamientos ni cavilaciones se empieza a conocer la Vía; sin fijar dónde instalarse ni a qué someterse se empieza a descansar en ella; sin seguir un trayecto ni un camino se empieza a alcanzarla. A Conocimiento le parece que todo está claro: tú y yo sabemos; aquellos dos no saben. Entonces, ¿quién tiene razón? El emperador contesta:

Wuweiwei está verdaderamente en lo cierto; Kuangqu se le aproxima. Tú y yo, en cambio, seguimos sin acercarnos.

Aquí sí hay un juicio sobre quién está más cerca y quién más lejos. No podemos convertir todo el pasaje en una escala moderna de autoconocimiento. Después, el Emperador Amarillo habla también de la enseñanza sin palabras, de la benevolencia, la justicia y los ritos, de ir reduciendo, de la vida y la muerte y de cómo el qi se reúne y se dispersa. No responde tres frases y añade una sonrisa modesta. Está examinando seriamente qué relación guarda el conocimiento que uno puede dominar, distinguir y exponer con la Vía de la que habla.

Tampoco son esas palabras una prohibición general de aprender. Pedir una ruta, preguntar por un paso o aclarar una palabra suele ser precisamente una manera responsable de buscar conocimiento. La historia apunta a otra cosa: una vez que obtenemos una explicación, ¿creemos haber guardado dentro de ella, por entero, aquello que explica? Saber exponer cómo se escucha no significa que, cuando la persona que tienes delante abra la boca, vayas a escucharla de verdad. El principio no queda invalidado. Todavía tiene que pasar por esta conversación.

La otra persona lleva un buen rato callada. Recuerdas que en el curso dijeron que había que dejar espacio y te contienes para no interrumpir. Pero por dentro ya has decidido qué debería decir a continuación. Si no lo dice, consideras que la escucha ha fracasado. Todos tus gestos eran correctos y has esperado suficiente; aun así, quizá esperabas oír tu propia respuesta en boca del otro. Puede que no necesites recitar otra vez el principio, sino volver a escuchar aquella frase que no coincidía con lo previsto. Que haya comprensión sigue poniéndose a prueba en detalles tan poco llamativos como ese.

Al final todavía hay un elogio

Conocimiento sigue sin entender y pregunta por qué. El Emperador Amarillo vuelve a explicarlo: Wuweiwei no sabe, Kuangqu ha olvidado, pero tú y yo seguimos dentro del saber. El relato termina así:

Al oírlo, Kuangqu consideró que el Emperador Amarillo entendía de lo que hablaba.

Kuangqu escucha y reconoce que el emperador comprende esas palabras. El final no borra fácilmente la tensión anterior: un texto que desconfía del hablar todavía permite que un personaje apruebe una manera de hablar. Guo Xiang también observa que primero se propone lo que no se dice como referencia y después se recurre al emperador para explicarlo. Puede haber una comprensión que no se deje poseer por el lenguaje y palabras que nos ayuden a acercarnos a ella. No hay que elegir una y descartar la otra.

Por eso, la lección que nos llevemos no tiene por qué ser «Cuanto más completa la respuesta, menos sabe quien responde». Alguien con mucha práctica puede explicar algo con claridad; alguien poco familiarizado con el asunto puede expresarse a trompicones. La forma de hablar no garantiza el contenido. Resulta más útil fijarse en que el Emperador Amarillo rechaza la foto de grupo que le ofrece Conocimiento: nosotros dos del lado de los que entienden, aquellos dos al otro lado. También está dispuesto a devolver sus propias respuestas al terreno donde hay que reconocer los límites.

Una buena respuesta puede reconocer sus límites

Alguien te pregunta cómo organizar un trabajo de larga duración. Tienes un método eficaz: dividirlo, reservar momentos para recibir comentarios y revisarlo periódicamente. Explicarlo con claridad ayuda; no hace falta avergonzarse de ordenar bien las ideas. Puedes añadir en qué condiciones funciona y cuáles, al cambiar, obligarían a ajustarlo. Si a la otra persona la interrumpen todos los días con encargos imprevistos y no tiene autoridad para disponer de su tiempo, quizá el problema no sea simplemente que ha incumplido los pasos. Añadir eso no vuelve inútil tu respuesta. Le permite juzgar cómo seguir, en vez de dejarle solo dos lugares: obedecer o fracasar.

Quien escucha también puede preguntar: ¿hubo alguna vez en que ese método no sirviera? Preguntar por las excepciones ayuda, pero no es una máquina que certifique la autenticidad. Un buen orador puede aprenderse las excepciones y alguien que hace el trabajo puede no recordar en ese momento un ejemplo adecuado. También hay que mirar los hechos y el proceso, dándose ocasión de completar y corregir lo dicho. Si una respuesta no soporta ninguna pregunta, pero sabe muy bien describir a quien pregunta como alguien que «todavía no ha llegado a ese nivel», conviene tener cuidado. Que no podamos decirlo todo no exime a nadie de explicar lo que sí ha dicho.

No estrenes la nueva medida juzgando a los demás

Uno de los aciertos de este relato es dejarnos a los lectores la impaciencia de Conocimiento. Apenas leemos que una explicación completa no tiene por qué ser la más cercana a lo que busca y ya podemos empezar a juzgar: aquel habla demasiado bien, seguro que es superficial; este hace pausas largas, debe de ser profundo. Cambiamos de tabla, pero no el gesto de ordenar a las personas. La cautela recién aprendida se convierte enseguida en otro veredicto fácil. Probemos primero esa medida con nuestras respuestas. ¿Tomo una explicación habitual por toda la experiencia? ¿He repetido tanto una frase que ya no dejo que la realidad la cambie? ¿Puedo decir a mitad de una explicación que el ejemplo no sirve y voy a expresarlo de otra manera?

Reconocer que hace falta cambiar algo no significa que todo lo anterior fuera falso. Puede significar que aún antepones aquello de lo que hablas a tus palabras, en vez de relegarlo para defenderlas. Aquí también participa quien escucha. No declaremos derrotado a alguien en cuanto rectifica: de lo contrario, es fácil que fabriquemos entre todos una habitación llena de personas obligadas a sostener su postura hasta el final. Dejar que una corrección conserve cierta dignidad es dar alguna oportunidad más al acierto.

Volver con las preguntas

La historia hace viajar lejos a Conocimiento, pero no acaba entregándole un certificado de que nunca más necesitará preguntar. Todavía tiene que distinguir las palabras de la comprensión, y reconocer cuándo confunde comprender algo con tenerlo ya guardado en su poder. Tampoco nosotros tenemos que salir de la lectura con miedo a hablar. Lo que deba explicarse puede explicarse; lo que podamos enseñar, enseñarse. Solo hace falta dejar, después de hablar, un lugar al que puedan volver personas y hechos concretos para corregir la respuesta. Una respuesta que siga sirviendo quizá no se limite a abrir la puerta una vez: tampoco se apresura a anunciar que, en adelante, ya no queda nada fuera.

Texto y notas de lectura

Reescritura independiente para lectores de español a partir del ensayo chino completo. El inglés existente se escribió también de forma independiente, y las versiones en chino simplificado y tradicional ofrecen el texto íntegro. Los pasajes clásicos de la serie se presentan en versión española para estos ensayos, no como traducción completa de la obra antigua. Las comparaciones contemporáneas y las interpretaciones desarrolladas son lecturas del autor, no sucesos adicionales relatados en el original. Los enlaces a la investigación remiten a las versiones existentes en inglés y chino.

Pasajes, interpretaciones y fuentes

Pasaje e interpretación: El Conocimiento viaja al norte.

La página china conserva las citas clásicas; la narración inglesa se escribió de nuevo para esta edición. Aquí los pasajes se ofrecen en versión española independiente. Las comparaciones contemporáneas y los desarrollos interpretativos pertenecen a la lectura del autor: no son episodios adicionales que el texto antiguo relate.

Comentarios para acompañar la lectura: Comentarios reunidos del Zhuangzi: El Conocimiento viaja al norte.