Volver a abrir el Zhuangzi · Ensayo 9 · Los zapatos ante la puerta de Liezi
Se quedó un momento y se marchó sin decir palabra
Liezi ha visto el peligro de las expectativas ajenas, pero los zapatos vuelven a llenar su puerta. Entender una relación no basta para cambiar la vida que ya se ha formado en ella.
Liezi va camino de Qi y se vuelve a mitad del trayecto. Al encontrarse con Bohun Wuren, este le pregunta por qué ha regresado. «Me he asustado», responde. ¿De qué?
He comido en diez establecimientos y en cinco me han servido antes que a los demás.
En diez lugares donde había comido, cinco le habían dado preferencia al servirlo. La expresión indica una atención prioritaria; no permite traducir sin más que en los cinco le perdonaron la cuenta. Aun si solo se trataba de adelantarle un cuenco, a Liezi ya lo inquietaba. Sentía que algo visible en él hacía que la gente alterara el orden habitual para atenderlo primero. Los intereses de una pequeña tienda y los asuntos que puede manejar son limitados, y aun así sucedía eso. ¿Qué pasaría al encontrarse con un gobernante abrumado por los asuntos del Estado?
Me encomendará tareas y me medirá por sus resultados. Eso es lo que me asusta.
Le dará cosas que hacer y lo evaluará por su eficacia: por eso tiene miedo. Bohun Wuren valora que haya advertido algo y le anuncia también que la gente se congregará a su alrededor. Poco después va a visitarlo. La puerta, en efecto, está llena de zapatos.
1. Lo más llamativo no es la cantidad de zapatos
La historia se cuenta fácilmente como una invitación a alejarse de la fama: hacerse conocido atrae problemas, de modo que hay que esconderse. Pero Liezi ya ha intentado apartarse una vez. No llegó hasta Qi para arrepentirse solo cuando todo se había complicado; advirtió algo a mitad de camino y regresó. Por eso los zapatos no dicen únicamente que es popular. Vuelven a preguntar por lo que había comprendido: lo viste, ¿y después? Entre entender cómo puede desarrollarse una relación y dejar de ser llevado por ella queda un trecho. Marcharse de un lugar no siempre permite salir de esas relaciones. Aunque cambies de casa, expectativas parecidas pueden volver a ponerse en fila ante la puerta.
Eso no hace inútil lo que Liezi ha advertido. Detectar un problema ya es un paso más que no advertirlo. El relato sencillamente no declara terminado el asunto porque él haya pronunciado una explicación tan clara.
2. El cuenco que llega primero
A Liezi no le preocupa la comida en sí, sino el paso que podría seguir al trato de favor: ya que tienes ese talento, te encomendaremos las tareas. Primero te valoran, después te utilizan y, al final, te miden por el resultado de ese uso. Él ya imagina con claridad ese recorrido. Pero hay que fijarse en algo: el nombramiento y la evaluación por parte del gobernante son todavía una previsión de Liezi, no hechos posteriores que hayan ocurrido ya. El original tampoco detalla por qué lo atendió primero cada establecimiento.
De aquí no puede concluirse que toda buena intención esconda una factura. Alguien puede invitarte a comer sencillamente porque le caes bien; quien aprecia tu capacidad también puede querer cooperar contigo de igual a igual. No se trata de preguntar si alguien me trata bien, sino si ese buen trato va trayendo un arreglo que ya no admite discusión. ¿Puedo aclarar qué habrá que hacer? ¿Cambiar las condiciones? ¿Decir que hoy no puedo sin que me reprochen haber defraudado los favores anteriores? El cuenco adelantado no es automáticamente una cuerda. Pero a veces, antes de haber aceptado nada, uno ya siente que debe algo.
3. La concurrencia no cuenta toda su historia
«Fuera, la entrada estaba llena de calzado». No aparece una lista de visitantes: solo vemos la puerta. Muchos zapatos significan que la gente ya se ha reunido. Más allá de eso conviene ir despacio. No sabemos cómo les respondió Liezi ni por qué llegó cada uno. No podemos demostrar en su nombre que, como nunca los convocó, nada tiene que ver con él; tampoco afirmar lo contrario, que mucha gente prueba su vanidad. Las palabras de Bohun Wuren llevan la atención a algo más difícil que determinar si él los llamó: ¿puede ver cómo influyen en él las relaciones que ya se han formado a su alrededor?
A veces parece que, si uno no construyó algo con sus propias manos, no tiene de qué responder. Pero mientras siga viviendo dentro de ello, ese entorno organizará su tiempo, moldeará su modo de hablar y enseñará poco a poco a los demás cómo tratarlo. No se exige con esto controlar a cuantos lo aprecian o se le acercan; tampoco sería posible. A menudo solo podemos volver a aclarar lo que admite acuerdos, para no sostener las relaciones existentes únicamente a base de adivinar lo que piensa el otro.
4. Se queda un momento y no habla
Bohun Wuren llega a la puerta, se apoya en su bastón, permanece un rato y luego se va sin hablar.
Permaneció de pie un momento y salió sin decir palabra.
El gesto es leve, pero detiene toda la escena. Dentro hay personas; fuera, zapatos. Quien había advertido antes a Liezi los ve y se marcha. No pronuncia un sermón ni clasifica en público a los visitantes en buenos y malos. Ese silencio coloca juntas las palabras de antes y la puerta de ahora, y deja que el lector oiga la distancia entre ellas. Sin embargo, callarse no es una técnica educativa admirable por sí misma. En otro contexto puede confundir, avergonzar e incluso hacer sentir abandonado al otro. No necesitamos convertir la fuerza de este gesto en una recomendación para que maestros y padres se marchen siempre y dejen a los demás adivinando.
Lo que sucede a continuación es lo que da una dirección al silencio: Liezi sale a preguntar.
5. Los zapatos en la mano, los pies descalzos
Cuando le avisan, Liezi toma los zapatos y corre descalzo hasta la puerta. Pregunta por qué, habiendo venido el maestro, no le ha dispensado un poco de medicina. Es una imagen viva para hablar de la enseñanza, pero no hace falta leer esa petición como si Liezi volviera a querer que otro lo resolviera todo por él. Su prisa por preguntar muestra, al menos, que la partida no ha pasado sin más. Bohun Wuren tampoco responde con una sola frase. Recuerda su advertencia de que la gente se reuniría, habla de quienes rodean a Liezi sin señalarle el problema y termina con «los hábiles se afanan y los que saben se preocupan» y la imagen de una barca sin amarras.
Y ninguno de los que te frecuentan te lo ha dicho.
Quienes se relacionan contigo no te lo han dicho. Esa frase me detiene más que la cantidad de gente ante la puerta. Que haya muchos no significa que alguno pueda hacerte llegar lo que no gusta oír. Concurrencia y comprensión, admiración y ayuda no son necesariamente lo mismo. Si todos vienen a buscar tus juicios y a elogiarlos, ¿quién interrumpirá tu propio juicio? Cuando cambies de opinión, ¿querrán seguir a tu lado?
6. Una agenda llena
Pienso en otra puerta: la agenda de una semana. Cada invitación, por separado, tiene razones. Revisar un plan, participar en una discusión, aconsejar a alguien que empieza. El otro no es una mala persona y tú de verdad puedes ayudar. A veces incluso te gusta sentirte necesario. Pero la agenda no registra solo las ventajas de cada cosa: también las suma todas. El viernes quizá hayas hecho mucho que sirve a los demás y apenas recuerdes si hubo un rato de la semana para hacer el trabajo que tú querías hacer.
Eso no reduce ayudar a los demás a un puro desgaste. Esa ayuda también puede ser la vida que de verdad deseas. La pregunta es si todavía puedes decidir o si «se te da muy bien» se ha convertido sin ruido en «por tanto, debes hacerte cargo siempre». Cambiar no exige necesariamente retirarse de manera espectacular. Quizá baste con aclarar el alcance de una ayuda continuada, reservar un horario para las peticiones imprevistas o sustituir el «búscame cuando quieras» por un acuerdo que realmente puedas sostener. Quizá necesites que alguien fiable te diga que esta vez has vuelto a aceptar demasiado deprisa. Esos arreglos corrientes dan mucho más trabajo que declarar que la fama no te importa, pero tienen más posibilidades de hacer que la semana siguiente sea distinta.
7. Después de entender, sigue la vida
Yang Ziju también advertía un problema al ver cómo los demás giraban a su alrededor. A su regreso, los huéspedes empezaban a disputarle los asientos. El cambio se concretaba en algo muy preciso: los otros ya no tenían que cederle siempre el paso. El relato de Liezi se detiene antes de que el cambio haya terminado. No tiene por qué estar clasificando a uno por encima del otro. Muestra un proceso más familiar: sabemos explicar la idea, pero la vida aún no la sigue. Es fácil enfadarse con uno mismo: ¿otra vez?, ¿no lo había entendido ya? Una comprensión no cancela automáticamente los hábitos, las expectativas ni el reparto de tareas ya formado. Todo eso necesita volver a negociarse una y otra vez.
Quizá lo que convenga comprobar no sea si puedo formular una idea más brillante, sino si la próxima vez que alguien llegue habrá cambiado una cosa pequeña. Si puedo aclarar antes de prometer, reconocer mis límites y escuchar lo que el otro realmente necesita, no solo que yo soy necesario.
8. Este ensayo tampoco puede retirar tus zapatos
En Lie Yukou aparece también la frase «conocer el camino es fácil; no decirlo es difícil». Advierte contra la prisa por volcar sobre otros todo lo que uno sabe; no debería volverse una regla según la cual el silencio siempre supera a la explicación. Bohun Wuren habló antes y también habla después. Lo importante aquí no es reducir las palabras a cero, sino si vuelven a la vida que alguien está viviendo. Yo tampoco puedo decidir desde este ensayo qué invitaciones debes rechazar y qué relaciones conservar. Puede haber promesas, sustento y cosas que realmente aprecias. Leer un artículo no las vuelve sencillas por sí solo.
Pero quizá puedas mirar la puerta. ¿Qué zapatos representan a personas con las que deseas encontrarte y cuáles, una obligación que nunca se aclaró? ¿Hay alguien cerca que no solo venga a pedirte consejo, sino que también pueda decirte qué no va bien últimamente? Cuando Liezi sale corriendo con los zapatos en la mano, la historia no dice que desde entonces esté curado. Solo devuelve a sus manos un problema que aún no ha terminado.
Texto y notas de lectura
Reescritura independiente para lectores de español a partir del ensayo chino completo. El inglés existente se escribió también de forma independiente, y las versiones en chino simplificado y tradicional ofrecen el texto íntegro. Los pasajes clásicos de la serie se presentan en versión española para estos ensayos, no como traducción completa de la obra antigua. Las comparaciones contemporáneas y las interpretaciones desarrolladas son lecturas del autor, no sucesos adicionales relatados en el original. Los enlaces a la investigación remiten a las versiones existentes en inglés y chino.
Pasajes, interpretaciones y fuentes
Pasaje e interpretación: Lie Yukou.
La página china conserva las citas clásicas; la narración inglesa se escribió de nuevo para esta edición. Aquí los pasajes se ofrecen en versión española independiente. Las comparaciones contemporáneas y los desarrollos interpretativos pertenecen a la lectura del autor: no son episodios adicionales que el texto antiguo relate.