Charles: abolir la mentira y al otro
Charles y V.V. crecieron en una corte de máscaras, asesinatos y engaños; su promesa de un mundo sin falsedad nace de una herida reconocible. La Conexión Ragnarök fusionaría todas las conciencias. Así nadie podría mentir, pero tampoco quedaría otra persona a quien decir la verdad. El conflicto termina porque desaparecen sus partes. Lelouch defiende el mañana, los secretos y las máscaras: el interior aún no visible permite que alguien cambie y llegue a ser distinto de lo que es hoy.
Schneizel: una paz gobernada por el miedo
Damocles y las F.L.E.I.J.A. ofrecen una teoría eficaz: una amenaza creíble de destrucción puede detener guerras. Su coste es una humanidad permanentemente colocada bajo una espada, sin posibilidad práctica de rechazar el orden. Schneizel resulta inquietante porque no busca trono, riqueza ni admiración; se considera también una variable sacrificable. Esa aparente falta de ego no impide instrumentalizar, sino que elimina una limitación. Quien se calcula a sí mismo del mismo modo puede incluir a cualquiera en la ecuación sin experimentar contradicción.
La conversión anterior al cálculo
Charles convierte a las personas en fragmentos de conciencia combinables. Schneizel las convierte en objetos de disuasión. Lelouch prepara su propio proyecto convirtiendo a alguien en recipiente del odio mundial. Los medios y las escalas difieren, pero los tres diseños solo se vuelven impecables después de una traducción silenciosa que borra lo irreductible de cada sujeto. Sin villanos movidos por codicia, la intención ya no sirve como prueba suficiente; el juicio debe fijarse en la estructura del plan y en aquello que transforma en material.
Defender el futuro y fijarlo a la vez
Ante la Espada de Akasha, Lelouch afirma correctamente que el mundo necesita tiempo para que las personas puedan cambiar. Después ejecuta un plan que preescribe el porvenir de Suzaku, Nunnally y Schneizel. La contradicción no invalida su defensa del mañana; muestra cuán fácil es reservar la apertura para la humanidad abstracta mientras se cierra la vida concreta de quienes deben realizar el diseño. Code Geass no ofrece un enemigo puro: obliga a juzgar proyectos cuyos autores pueden amar sinceramente aquello que terminan usando.