Sobre esta edición
Nota de edición: Reescritura independiente en español a partir del original chino. El original permite alternar entre chino simplificado y tradicional e incorpora pequeños ajustes de datos, cronología y formulaciones demasiado tajantes. Los diálogos de esta edición son versiones propias, no citas de subtítulos oficiales.
Las murallas caen. De ellas salen millones de titanes.
No corren. Caminan.
Quizá sea la imagen más famosa de esta obra. También es una de las cosas que más merece la pena examinar por dentro. No para ver qué hace, sino con qué derecho lo hace.
Expongamos primero toda su razón
Antes de juzgar un argumento hay que formularlo en su versión más sólida.
La situación de Eren es real. Frente a la isla de Paradis se está formando una alianza militar internacional cuyo núcleo es Marley. No es paranoia. Willy Tybur declara públicamente la guerra ante dirigentes de distintos países, la flota aliada mundial se está reuniendo de verdad y Marley lanza un ataque real. Si los habitantes de la isla no hacen nada, corren un riesgo efectivo de desaparecer.
Además, Eren tiene algo que los demás no poseen: ha visto fragmentos cruciales de recuerdos del futuro.
Está convencido de que una victoria no pondrá fin al problema. Aunque rechacen este ataque, la hostilidad del mundo exterior hacia los isleños no desaparecerá de golpe. Los recuerdos del futuro dan a ese juicio un peso que ninguna predicción corriente puede tener.
Pero ha visto fragmentos cruciales de lo que sucederá, no un mapa completo de todos los futuros posibles.
Así que propone lo siguiente: hacer retroceder al mundo exterior, en lo tecnológico, lo militar y lo económico, hasta un nivel parecido al de Paradis, de modo que jamás pueda volver a amenazar la isla. Para lograrlo hay que aplastar a aproximadamente el ochenta por ciento de la población. Dejar vivo al veinte por ciento.
Esa es la razón que ofrece. Y primero hay que reconocerlo: la amenaza exterior es real y también es real que ha visto fragmentos de recuerdos del futuro.
Pero eso pertenece al futuro
Necesitamos establecer una distinción. Todo este ensayo descansa sobre ella.
En realidad hay dos cosas sobre la mesa.
La primera es la guerra que está ocurriendo. El mundo ha declarado la guerra, la flota ha llegado, la isla está siendo atacada. Es algo presente, concreto, en curso.
La segunda es un juicio sobre lo que ocurrirá siempre: no se detendrán, volverán dentro de unas décadas, esto no terminará nunca. Eso pertenece al futuro.
El Retumbar no responde a la primera de esas dos cosas.
La prueba es sencilla. Una vez iniciado, destruye rápidamente la flota aliada mundial que se estaba concentrando. Neutralizar una amenaza militar inmediata y seguir aplastando continentes habitados son ya dos acciones de distinta escala.
Y él sigue adelante hasta que el ochenta por ciento de la humanidad muere aplastado.
Por tanto, lo que sostiene el Retumbar nunca ha sido «nos están atacando».
Es «no se detendrán jamás».
Por qué «no se detendrán jamás» no sirve de justificación
La objeción habitual a una guerra preventiva es epistemológica: puedes haberte equivocado. Crees que el otro te atacará en el futuro, pero no lo hará. Crees que, si no actúas ahora, será demasiado tarde, pero todavía habría tiempo. Vista a posteriori, la inmensa mayoría de las guerras emprendidas bajo esa bandera partía de un cálculo equivocado.
Esta objeción no vale contra Eren.
No estamos ante una simple conjetura: él maneja fragmentos del futuro que ya han entrado en su memoria. Ahora bien, unos fragmentos tampoco equivalen a saberlo todo sobre todas las posibilidades. Incluso concediendo a su prueba la máxima fuerza, el problema que sigue permanece.
Hace falta, por tanto, una razón más firme, una que siga siendo válida incluso cuando la predicción sea completamente exacta.
Es esta:
Quien todavía no ha hecho algo conserva la posibilidad de no hacerlo.
Si atacas basándote en la predicción, no eliminas únicamente una amenaza. Anulas algo más: le quitas la oportunidad de no convertirse en esa amenaza.
Para impedir que alguien sea un agresor en el futuro, lo conviertes antes en víctima. Y, al hacerlo, le quitas la posibilidad de no emprender ese camino.
No es una proposición moral abstracta. La propia obra ofrece una prueba viva, y la ofrece muy pronto.
Gabi cambió
Gabi llega a Paradis para matar.
Está convencida de que en la isla viven demonios. Ya ha matado y está dispuesta a volver a hacerlo en cualquier momento. Ya vimos hasta qué punto su lógica forma un sistema completo. No repite propaganda por cumplir: la ha convertido en un juicio en el que cree de verdad y por el que está dispuesta a morir.
Si había alguien a quien se pudiera señalar razonablemente como «una futura agresora segura», era Gabi.
Entonces la acoge una familia de campesinos. Come, trabaja y lava la ropa con ellos. Se hace amiga de la muchacha de la casa. Los ve discutir, los ve cuidar a los enfermos, ve cómo viven esos «demonios».
Se derrumba entera y vuelve a crecer desde ahí.
Más adelante se coloca del lado de quienes intentan detener el Retumbar.
Gabi es la refutación más completa que esta obra le opone a Eren. Y su transformación ocurre antes del Retumbar.
Eren lo ha visto. Sabe que las personas pueden cambiar; antes de que el Retumbar termine, Gabi ya se ha situado entre quienes intentan detenerlo. El hecho está ahí, ante él.
Y, aun así, sigue adelante con su plan inicial.
No estaba engañando a Marley
Segundo punto: durante todo el proceso, Eren no engaña principalmente al enemigo.
Engaña a los suyos.
No les cuenta su plan a Armin, a Mikasa ni a aquellos compañeros del Cuerpo de Exploración con quienes ha logrado salir vivo de entre montones de cadáveres. Los aparta. Les dice cosas hirientes a propósito, se hace odioso a propósito, les impide acercarse a él.
Utiliza a los jaegeristas, los más leales, los más dispuestos a morir por él. Lo siguen, le despejan el camino, matan por él a gente de su propio bando. Y no conocen el plan completo.
Convierte a los suyos en unidades de ejecución que no necesitan conocer el conjunto.
Engañar al enemigo es normal en una guerra; forma parte de ella. Engañar a los tuyos es otra cosa. Porque los tuyos son la única vía por la que alguien podría conseguir que te detuvieras.
Cortar esa vía no sirve para ganar la guerra. Sirve para asegurarte de que nadie pueda pararte.
Hasta la oposición estaba prevista por él
El tercer punto va todavía más lejos.
Eren no solo impide que lo cuestionen: también escribe el guion de quienes van a hacerlo.
Su diseño es este: sus amigos se levantarán contra él, lo matarán y se convertirán en «los héroes que acabaron con el demonio». Después de la guerra no sufrirán represalias y podrán vivir dignamente. Durante el combate se contiene deliberadamente y, también de forma deliberada, no les quita sus poderes titánicos.
Por eso, el propio hecho de que se lancen a detenerlo forma parte de lo que ha dispuesto.
Si un plan incluye incluso a quienes se oponen a él, ya no queda un lugar desde el que cuestionarlo por fuera.
Un plan que no puede cuestionarse y un plan correcto parecen idénticos vistos desde fuera. Solo se distinguen en una cosa: si resulta estar equivocado, ¿hay alguien capaz de dar la orden de parar?
Y Eren tiene más razones que nadie para rechazar las objeciones: realmente lo ha visto. No es simple obstinación. Posee pruebas concluyentes.
La certeza es la mejor razón para rechazar que te cuestionen. Y ahí reside precisamente su mayor peligro.
Entonces, ¿había alguna otra salida?
Aquí hay que conceder todo el espacio que merece a la posición contraria. Si no, lo dicho hasta ahora se queda en palabras ligeras.
No. No había ninguna opción limpia sobre la mesa.
El plan que implicaba a Historia consistía en hacerla tener hijos sin parar para transmitir el poder de los titanes de generación en generación. Era utilizar a una mujer como si fuera un órgano: una degradación anterior al Retumbar y todavía más vil.
El plan de Zeke consistía en privar a todos los eldianos de la capacidad de reproducirse, para que su pueblo se extinguiera en silencio. Era un genocidio con otro nombre.
Y la vía diplomática se cerró en el momento en que Willy Tybur declaró la guerra ante el mundo entero. Los habitantes de la isla tampoco tenían, en realidad, medios para persuadir a un mundo que llevaba cien años odiándolos.
Todas estas objeciones son válidas.
Pero el criterio no puede ser «¿había una opción mejor?». La frase «no hay otra salida» se ha pronunciado antes de casi todas las matanzas de la historia humana, y a menudo quienes la decían lo creían de verdad. Funciona demasiado bien. Tan bien que no puede servir como criterio.
El criterio está en otra parte:
Eren dice que no hay otra salida después de pasar varios años asegurándose de que no la hubiera.
Oculta. Manipula. Aparta a cualquiera que pudiera proponer una alternativa. Incluso su conversación con Armin, la única persona capaz de hablar con él, queda bajo su control: sucede antes de la muerte de Eren, pero Eren borra ese recuerdo y Armin no lo recupera hasta después de la muerte de Eren. Nunca llega a convertirse en una deliberación compartida que permanezca abierta y permita revisar el plan.
Alguien reduce las opciones a una sola y luego dice «no tengo elección». La frase es cierta. Y es cierta porque él se ha encargado de que lo sea.
Cuatro reglas
Recojamos lo expuesto. En el fondo se trata de cuatro reglas muy sencillas:
Una: lo que todavía no ha sucedido no puede justificar que ataques ahora. La otra persona aún tiene la oportunidad de no hacerlo; si atacas, se la quitas.
Dos: los medios no pueden ir más allá de neutralizar la amenaza presente. Impedir que el otro vuelva a levantarse jamás y conseguir que deje de atacar ahora son dos cosas distintas.
Tres: no puedes ocultárselo a los tuyos. Son los únicos que pueden detenerte.
Cuatro: debes dejar a alguien la capacidad de dar la orden de parar, y no puede ser alguien cuyo papel hayas escrito tú.
Estas cuatro reglas no son exigencias morales, sino de ingeniería. No preguntan si tus motivos son limpios ni si tus cálculos son precisos. Preguntan una sola cosa: ¿tu plan ha reservado un lugar para «me he equivocado»?
El plan de Eren no cumplió ni una.
En el próximo ensayo
Y ese plan tuvo éxito.
Murió el ochenta por ciento de la humanidad. Paradis sobrevivió. Sus amigos se convirtieron en héroes. Consiguió todo lo que quería.
El próximo ensayo trata de lo que ocurrió después, de alguien que llevaba dos mil años esperando en el mismo lugar y de la última pregunta de esta serie: ¿y después de ganar?
Esta serie de lecturas se basa en el manga y en el anime de televisión de Ataque a los titanes. No juzga el acierto o el fracaso del desenlace en términos de técnica narrativa: se ocupa únicamente de la historia misma.