Sobre esta edición
Nota de edición: Reescritura independiente en español a partir del original chino. El original permite alternar entre chino simplificado y tradicional e incorpora pequeños ajustes de datos, cronología y formulaciones demasiado tajantes. Los diálogos de esta edición son versiones propias, no citas de subtítulos oficiales.
Grisha está en el sótano de los Reiss con un cuchillo en la mano.
Delante tiene a una familia. Hay niños.
Se detiene. No puede hacerlo.
Entonces alguien aparece ante él, dentro de su recuerdo, y le exige que actúe.
Es su hijo, llegado desde el futuro.
Un poder que puede mirar hacia delante
De los nueve titanes, el Titán de Ataque tiene una cualidad que los demás no poseen: puede recibir recuerdos de sus futuros portadores.
Los otros poderes titánicos solo permiten mirar hacia atrás: quien los hereda recibe recuerdos de sus predecesores. Solo este puede recibir fragmentos de memoria enviados por quienes lo heredarán en el futuro.
La primera pista aparece con un hombre llamado Kruger. Cuando entrega su poder a Grisha, dice algo extraño: «Si quieres salvar a Mikasa, a Armin, a todos…».
Mikasa todavía no ha nacido. Armin tampoco. Grisha no conoce esos nombres, y menos aún puede conocerlos Kruger.
Es otra persona la que habla a través de él.
Más tarde ocurre lo mismo en el sótano de los Reiss, solo que esta vez interviene el propio Eren. Grisha no puede hacerlo. Eren aparece en aquel recuerdo y lo obliga a llegar hasta el final.
En ese instante, Grisha comprende lo que está pasando.
Lo último que hace es volverse hacia Zeke, presente a través de otro recuerdo, y suplicarle que detenga a Eren.
Un padre ve en sus propios recuerdos en qué se convertirá su hijo y le ruega a su otro hijo que lo pare.
Carla
Llegamos al pasaje de la obra sobre el que más cuesta escribir.
Carla, la madre de Eren, muere el día en que el Titán Colosal abre una brecha en la muralla. Un titán la agarra y se la come ante los ojos de su hijo. Ahí nace todo el odio de su vida. Esa es la razón por la que aprieta los dientes una y otra vez.
Después descubrimos que el titán que la devoró era Dina.
Pero Dina no iba a dirigirse allí. Iba a comerse a Bertholdt.
Si lo hubiera hecho, Armin nunca habría heredado el Titán Colosal y el camino posterior habría quedado interrumpido.
Por eso Eren la desvió. Años más tarde, regresó a aquel momento a través de los Caminos y cambió la dirección de ese titán para que se encaminara hacia su propia madre.
Muchos lectores se rebelaron contra esta revelación en cuanto la leyeron. Su objeción era que no había preparación previa y parecía una pieza encajada a la fuerza. Esa molestia tiene fundamento, pero pertenece a una discusión sobre cómo está escrita la obra. Esta serie no entra ahí.
Aquí nos ocupamos de lo que significa.
Significa que Eren consumió la vida de su madre para conservar el camino que había visto.
Y hay algo todavía más frío. La muerte de su madre es el origen de todas sus motivaciones. Su odio a los titanes, su deseo de salir, su llegada hasta aquel último paso: todo puede rastrearse hasta ese día.
Y ese día lo había dispuesto él mismo.
No se limitó a seguir aquel camino. También fabricó la razón por la que empezó a recorrerlo.
No hay una causa primera
Despleguemos ahora ese círculo cerrado.
¿Por qué desencadena Eren el Retumbar? Porque en los recuerdos del futuro se ha visto desencadenándolo.
¿Y por qué puede verlo? Porque lo hizo.
¿Y por qué lo hizo? Porque lo había visto.
No hay un punto de partida. No encontramos un lugar donde poder decir: «Aquí empezó a decidir él».
Para muchos, este es el mayor agujero de la obra. Yo tiendo a verlo al revés: no es un agujero, sino la forma exacta de una determinada falta de libertad.
Si alguien está convencido de que sabe lo que ocurrirá en el futuro, la pregunta «¿lo hago o no lo hago?» ya está muerta. Solo queda ejecutar. Con cada paso que da, comprueba una casilla de la lista; no elige.
La diferencia es que el «futuro» de una persona corriente es una conjetura. Si se equivoca, todavía puede dar marcha atrás. El futuro que Eren tiene entre las manos es real.
Por eso ha perdido la posibilidad de volver atrás de una manera más absoluta que nadie.
El único que nunca cambia de idea
Casi todos los personajes de esta obra han cambiado de idea.
Reiner se parte en dos y acaba teniendo que repetir en voz alta quién es para poder confirmárselo. Gabi descubre con sus propios ojos que los «demonios» de la isla son gente que cocina y discute: se derrumba entera y tiene que reconstruirse. Armin duda a cada paso. Mikasa cambia. Historia pasa de ser una muchacha que quiere morir a alguien que toma decisiones. Zeke termina repudiando el plan al que había dedicado su vida.
Solo Eren, desde el primer episodio hasta la última página, no cambia de idea ni una vez.
Solemos leer la ausencia de vacilación como una virtud: firmeza, pureza, resistencia a las presiones externas. Eren tiene algo de eso, sin duda. También por eso ha gustado a tanta gente durante tantos años.
Pero, si lo devolvemos al contexto de esta obra, aparece algo distinto.
Quien nunca cambia de idea quizá no tenga una voluntad firme: quizá haya dejado de decidir.
Decidir exige que sean posibles dos resultados. Para que tu elección tenga valor, debes poder elegir de verdad la otra opción. Si una persona sigue, paso a paso, un guion que ya ha leído, lo que hace puede parecerse en todo a una decisión: lucha consigo misma, duda, sufre, incluso llora. Pero no está decidiendo. Son las emociones que experimenta mientras ejecuta.
El personaje que grita «libertad» desde el primer episodio es el único de toda la obra que no ha elegido nada.
Ni él mismo lo sabe
Llegados aquí, hay una pregunta que debemos afrontar: ¿Eren tenía elección o no?
La discusión lleva años abierta, y ambos bandos pueden citar la obra.
Unos recuerdan sus «tenía que hacerlo» y «solo puedo seguir avanzando». Otros señalan su conversación final con Armin en el anime de televisión: allí dice que, sencillamente, quería hacerlo; allí se llama idiota a sí mismo.
La obra no dicta sentencia.
No creo que sea pereza del autor. La obra no responde porque ni el propio Eren lo sabe.
Cuando alguien lleva mucho tiempo explicando lo que hace con un «no tengo otra opción», llega un momento en que realmente deja de distinguirlo. No está mintiendo. Para mentir, primero hay que conocer la verdad. «Tengo que hacerlo» y «quiero hacerlo» han crecido juntos dentro de la misma persona durante tantos años que ya no se encuentra la separación entre ambos.
Además, desde dentro no es posible resolver esa pregunta. No puedes salir de ti mismo para examinar de dónde acaba de venir ese pensamiento.
Por eso, la incoherencia de Eren en aquella última conversación, cuando dice que no tenía elección, luego que quería hacerlo y después que ni siquiera sabe lo que está diciendo, no significa que el personaje esté mal escrito.
Es la expresión exacta de ese estado.
Solo él puede ver la prueba
Hay, sin embargo, algo que sí podemos observar desde fuera.
Eren es una de las pocas personas que han tenido un contacto real con recuerdos del futuro, y la única que ha convertido esos fragmentos en un plan definitivo.
Cada «tiene que ser así», cada «solo puede ser así», cada «no hay otra solución» descansa sobre una prueba. Y solo él puede verla.
No se la ha mostrado a nadie. No puede mostrarla: no es algo que se pueda sacar y poner sobre una mesa. Tampoco lo ha intentado nunca.
Armin no puede comprobarla. Mikasa no puede comprobarla. Ninguno de los miembros del Cuerpo de Exploración que lo siguen puede comprobarla. Tienen que creerle o no creerle.
Una persona posee una prueba que únicamente ella puede ver y exige a todos los demás que acepten la conclusión extraída de esa prueba.
Por ahora, la frase solo produce cierta incomodidad. En el próximo ensayo se convertirá en el punto de mayor gravedad de toda la serie.
Sabía cómo se llamaba ese niño
Para terminar, un pequeño hecho.
En Marley, Eren conoció a un niño llamado Ramzi. Era un niño refugiado y pobre que había robado a los compañeros de Eren. Más tarde, Eren lo rescató de una paliza y pasó un rato con él. Conoció su nombre y vio a su familia.
Después, el Retumbar arrasó aquella tierra.
Entre las innumerables personas aplastadas por el Retumbar, esta no era una cifra. Eren sabía cómo se llamaba ese niño.
En el próximo ensayo
Entonces, ¿qué razón dio Eren para actuar?
Dio una. Y, desde el punto de vista de las pruebas, era la razón más sólida para iniciar una guerra en toda la historia humana. No era una suposición, una estimación ni una lectura de la situación.
Lo había visto.
El próximo ensayo examina esa razón y una pregunta más importante que «¿hizo bien o hizo mal?»: ¿puede alguien utilizar lo que todavía no ha sucedido para justificar que actúe ahora?
Esta serie de lecturas se basa en el manga y en el anime de televisión de Ataque a los titanes. No juzga el acierto o el fracaso del desenlace en términos de técnica narrativa: se ocupa únicamente de la historia misma.