SAE · La risa · 01
Sigue ahí
Una madre se tapa la cara, aparta las manos y el bebé ríe. La percepción dice «no se ve»; la predicción recoge «sigue ahí». La risa de 12DD ya tiene parte de la estructura constructo–remanente, pero no alguien que sepa que es él quien juzga: se registra como tendencia de risa.
Cuando aparta las manos
La madre se tapa la cara con ambas manos. El bebé mira las manos sin hacer ruido. Ella aparta las manos, el rostro reaparece y el bebé ríe. Se tapa otra vez, se descubre, y vuelve la risa. Es el cucú, ese juego que se ha hecho en casi todas las casas.
Para esta teoría, la risa plantea una dificultad. El ensayo general sostiene que reír manifiesta la facultad de juzgar. Pero, según la correspondencia con el psicoanálisis SAE, el sujeto aparece en 13DD, donde puede negar reflexivamente. El bebé de seis a ocho meses se sitúa en 12DD: funciona la ley de predicción, sin que quien predice sepa que lo hace. El primer artículo de psicoanálisis lo llama me-without-self, un mí sin yo. ¿Qué es una risa sin subjetividad?
Dos respuestas irían demasiado lejos. Una atribuiría de más: certificar sin más la risa del bebé como juicio. Dejaría el juicio sin alguien que lo reconozca como suyo. Además, el juicio de una risa equivocada puede ser negado después por quien lo hizo; en 12DD no existe aún ese sujeto que puede negar su propia negación. La otra respuesta atribuiría de menos: entregaría la risa al cuerpo, o a la expectativa kantiana convertida en nada. Sin yo, la risa parece más corporal que nunca: ahí gana fuerza la lectura de Kant. Pero, si sigue una relación determinada y no solo la intensidad del estímulo, merece estudiarse como seguimiento de una relación.
El primer artículo elige una vía intermedia y registra esta risa como «tendencia de risa». «La tendencia es una casilla propia que establece esta teoría». Significa que «ya aparece parte de la estructura de constructo y remanente, y la atención ya recae en el remanente, pero el juicio todavía no tiene alguien que sepa que es él quien juzga».
No se ve. Sigue ahí
El trabajo educativo de SAE presenta el cucú como un dispositivo de entrenamiento de 12DD: desaparecer, volver, desaparecer, volver; de ahí el bebé forma una predicción. Su cronología lo coloca entre los seis y ocho meses, en el apartado de practicar la predicción. Lo que el juego permite anticipar es «ella volverá».
La fórmula general distingue tres componentes. El constructo es el «no se ve» de la percepción: el rostro está tapado y no aparece ahora en el campo visual. Esa distinción no es errónea y pertenece a la capa perceptiva, cercana a 10DD. El remanente es «sigue ahí»: no aparecer ahora y continuar existiendo, con posibilidad de volver, pueden ser ambas cosas ciertas. Eso es lo que el «no se ve» perceptivo no recoge. La predicción de 12DD recoge el remanente al seguir la persistencia y el retorno del rostro.
Hay dos momentos que conviene separar. Mientras está tapado, «no se ve» es perceptivamente verdadero y la predicción ya sigue «sigue ahí»: el constructo continúa siendo válido y nada queda dañado. Cuando se apartan las manos, el rostro vuelve; la memoria trae al presente el estado perceptivo anterior. El constructo sigue presente y la predicción recoge «sigue ahí». Puede haber risa en ambos momentos. La atención recae en «sigue ahí», no en «no se ve»; si se detiene en lo segundo, lo que aparece es llanto.
No hay que añadir dos cosas a esta lectura. Explica de dónde procede el remanente; no deduce de la risa que el bebé mantuviera la creencia equivocada de que la cara había dejado de existir. Tampoco hay una mirada reflexiva a «yo no lo veía». En 12DD no hay alguien que sepa que ha visto. Se recoge el remanente del constructo perceptivo, no el propio no haber visto de quien ríe. Por eso aún no se aplica la tabla del ensayo general organizada por quién ve y quién no.
Cuando vuelve otra cara
¿El bebé ríe realmente porque vuelve la misma cara al mismo lugar? Parrott y Gleitman estudiaron en 1989 ensayos con pequeñas trampas en el cucú. Según el resumen de la revista original, los bebés de seis a ocho meses sonreían menos si reaparecía otro adulto o si el adulto aparecía en otro sitio. Es compatible con que sigan expectativas de identidad y posición.
La evidencia sirve de dos maneras. La risa del bebé ya sigue una relación: la misma cara vuelve al sitio de antes. La tendencia tiene así un objeto identificable y señales observables: al cambiar persona o lugar disminuyen las sonrisas. El artículo concluye: «Por eso no es solo detenerse y explorar, sino un esbozo que puede señalarse». Además, lo súbito del ensayo general no se puede identificar con la magnitud de la sorpresa. Los ensayos tramposos resultaban más inesperados y no suscitaron más sonrisas.
El artículo limita expresamente la evidencia. Solo se comprobó el resumen original, que informa de diferencias de sonrisas; no se comprobaron métodos, escalas ni estadísticas del texto completo. Tampoco el número de sonrisas equivale a la risa interior de la teoría. Leer ese seguimiento como relación constructo–remanente es una interpretación adicional y todavía no excluye otros mecanismos.
Se va. Volverá
El trabajo educativo sitúa también el comienzo de 12DD en la ansiedad de separación: el bebé oye alejarse los pasos de la madre y llora, no por dolor o hambre, sino porque anticipa «mamá se va». Aquel trabajo no lo compara con el cucú; la teoría de la risa propone aquí una inferencia.
En ambos casos participa una misma capacidad de anticipar, con contenidos distintos: «se va» y «volverá». Se puede comparar el foco. En el cucú, atender al remanente «sigue ahí» conduce a la risa; cuando la madre se marcha de verdad, atender a la pérdida del constructo lleva al llanto. La distinción general ya puede verse en 12DD. Si la inferencia es acertada, permite una consecuencia comprobable: en el mismo bebé, la risa del cucú y el llanto de separación deberían aparecer en una ventana de desarrollo aproximadamente común y variar con la estabilización de esa capacidad predictiva. No se comprobaron estudios al respecto; se registra como inferencia.
¿Por qué se incluye 11DD? Sroufe y Wunsch siguieron en 1972 la risa durante el primer año. Según los datos bibliográficos y las presentaciones de segunda mano, la primera risa aparece hacia los cuatro meses, inicialmente ante estímulos táctiles y sonidos intensos; cerca del año, cada vez más ante incongruencias visuales y sociales. La risa directamente provocada por tacto o sonidos intensos corresponde a la risa perceptiva de 10DD. La parte suscitada por juegos y canciones familiares ya depende de la memoria.
El bebé ríe al llegar cierta frase de una canción conocida o cierto paso de un juego de «ya viene… ¡te pillé!». Esa frase y ese paso son lo familiar que aporta la memoria. Sin ello no existiría ese constructo que «sigue ahí» viene a completar. El artículo razona así: la memoria aporta el material del constructo; la predicción recoge su remanente. Ambas están presentes en la primera tendencia de risa. El primer trabajo psicoanalítico registra lo inferior a 12DD como remanente de su límite inferior; aquí, siguiendo la agrupación de 11DD y 12DD de la novena dirección estética, se incorpora 11DD. La diferencia se declara. La contribución de la memoria es la lectura propuesta por el artículo; los estudios de desarrollo en que se apoya todavía requieren comprobación.
No está mordiendo de verdad
En el juego de forcejeos, saltar encima, morder y rodar se parecen a una pelea. Bateson hizo una conocida observación en Una teoría del juego y la fantasía, de 1955: el mordisco de juego denota un mordisco, pero no denota lo que denotaría ese mordisco. Para SAE, este juego es un constructo que lleva explícitamente consigo su remanente. Está la forma del ataque y está el «no es un ataque real»; ambos participantes lo llevan en sus movimientos. Las vocalizaciones de risa animal en el juego admiten esta lectura: constructo y remanente están presentes, nadie pierde. Si se cruza el límite y deja de ser cierto que no hay ataque, la risa suele detenerse y aparecen otras respuestas. Se ofrece como interpretación, no como confirmación empírica.
Estas risas se registran como tendencia por la misma razón que las del bebé: constructo, remanente y seguimiento, pero no alguien que sepa que es él quien juzga. Si las vocalizaciones de distintas especies pertenecen a una misma clase se debe comprobar por especie y tarea. Ni llamarlas risa ni su parecido sonoro bastan para determinar una capa. Los chimpancés exigen una consideración aparte: superan el reconocimiento de sí en el espejo, según Gallup, 1970. La revisión de Call y Tomasello de 2008 encuentra evidencia fiable de que comprenden metas, intenciones, percepciones y conocimientos ajenos, pero no de que entiendan creencias falsas. En la lectura actual del artículo, el reconocimiento especular es un indicio temprano utilizable para 13DD, y los chimpancés ya entran en su fase inicial. El primer trabajo psicoanalítico había colocado su engaño como emergencia de 12DD. La correspondencia entre ambos queda pendiente; este artículo no modifica el trabajo anterior por él.
El niño escondido en el escondite suele soltar risitas. El constructo de búsqueda de quien lo busca tiene un remanente: yo, aquí, sin que él me encuentre. Es el reverso del cucú: «En el cucú el remanente vuelve ante mis ojos; en el escondite yo soy el remanente escondido». Los niños pequeños a veces se tapan los ojos creyéndose ocultos. Una lectura es que aún no se ha establecido la diferencia entre lo que ve el otro y lo que veo yo. Hay también investigaciones pendientes de comprobar según las cuales creen que esconderse exige no mirarse mutuamente. Ninguna de las dos lecturas soporta el argumento.
¿Esa risita es una risa maliciosa? Juzgar «yo veo, él no» exige representar lo que el otro desconoce ahora como estado de otro sujeto: distinguir sujeto y otro. El umbral corresponde a esa estructura; ese juicio aparece como pronto en 13DD. El reconocimiento especular y el acceso al conocimiento —quien no vio no sabe— son indicios utilizables. Esperar a que el otro crea algo falso, como Nasrudín en el préstamo de la olla del tercer ensayo, exige además comprender creencias falsas, aproximadamente hacia los cuatro años. La edad exacta no sostiene el argumento. Antes de que la estructura esté disponible, la risita sigue la relación «todavía no me ha encontrado» y se registra como tendencia hacia la estructura de la risa maliciosa. Callarse deliberadamente, como acción realizada con la risa, requiere propósito y queda para el tercer ensayo.
Antes de que la mano toque
Las cosquillas hacen reír. Antes de dividir esa risa en dos, hay que explicar con qué criterio. No basta «estímulo externo»: también un adulto organiza el cucú y otra persona cuenta el chiste; ese criterio excluiría las tendencias de este ensayo. Tampoco basta que haya predicción. Blakemore, Wolpert y Frith mostraron en 1998 que hacerse cosquillas reduce la sensación porque el cerebro anticipa las consecuencias sensoriales de la orden motora y las cancela. La percepción tiene así su propia predicción, pero eso no determina una capa. Cuando otro nos hace cosquillas, además, no disponemos de un movimiento propio con el que anticiparlas.
El criterio propuesto es hacia qué se dirige la predicción. Antes del contacto, el niño ya ríe: anticipa el movimiento de alguien, «ya viene», y se orienta a objetos y relaciones del mundo. Es tendencia de 12DD; el juego de «ya viene… ¡te pillé!» corresponde a este tramo. Después del contacto, la risa responde al tacto mismo: es risa perceptiva de 10DD, fuera del ámbito estudiado.
El artículo declara que se trata de una explicación candidata, no de una demostración estructural terminada. Los movimientos propios y el tacto también están en el mundo. Si otro hace cosquillas, quién tocará y cuándo también implica objetos y relaciones. No se divide, pues, entre cuerpo y mundo exterior; se examina cada risa para preguntar si opera una corrección de consecuencias sensoriales o el seguimiento sostenido de un objeto a través del ocultamiento y del tiempo.
La distinción atiende a la capa en que ocurre esta risa, no a quién es quien ríe. El contacto de unas cosquillas puede hacer reír a un adulto: lo que activa esa capa es el tacto, y la risa sigue en 10DD. No se convierte en juicio porque esa persona opere en otras cosas desde 13DD o más allá.
Todavía falta alguien que diga «soy yo»
«La tendencia no es juicio: no tiene dueño, no tiene reflexividad y no puede ser interrogada». Sin dueño: funciona la predicción de 12DD, pero quien predice no sabe que lo hace. Se recoge la relación constructo–remanente sin un sujeto que reconozca «soy yo quien juzga». Sin reflexividad: si vuelve otra persona y el bebé sonríe menos, no ha corregido un juicio erróneo; su tendencia no se dirigía allí. La clase de risa por juicio equivocado no se aplica todavía. Sin posibilidad de ser interrogada: seguir la risa adulta puede ser contagio de tendencia, sin llegar a preguntar «¿de qué os reís?».
¿Y la expectativa kantiana que se convierte en nada? Su lectura resulta especialmente atractiva en 12DD, donde no hay sujeto y la risa parece más corporal. El artículo solo puede decir que la tendencia sigue una relación determinada: cambiar persona o lugar reduce las sonrisas. Eso apoya discutirla como seguimiento de una relación y limita las explicaciones basadas únicamente en intensidad. Pero tener un objeto no basta para decidir si contradice a Kant. El §54 ya contiene un juego de representaciones y pensamientos; convertirse en nada nombra el desvanecimiento de una expectativa tensa, no la ausencia de una cara o una relación en el acontecimiento. Para comparar habría que delimitar conjuntamente un mismo acontecimiento y el contenido de una misma expectativa. Antes de eso no se declara un contraejemplo al §54. Participación corporal y seguimiento de relaciones tampoco son excluyentes.
Si la tendencia no es juicio, ¿por qué incluirla? Porque la estructura empieza aquí. En 12DD la fórmula ya encuentra parte de sus materiales: el constructo perceptivo «no se ve», el remanente «sigue ahí» y la atención en él, que da risa en lugar de llanto. No falta solo alguien que lo reconozca como suyo. Tampoco aparece todavía una distancia reflexiva entre haber visto y no haber visto. Por eso el artículo se considera el comienzo de la teoría: explica de qué nace la risa que es juicio.
La madre aparta otra vez las manos y el bebé vuelve a reír. En esa risa, «no se ve» y «sigue ahí» están presentes juntos. Nadie ha perdido. Faltan dos cosas: alguien que sepa que juzga y una mirada sobre su propio no haber visto de hace un instante. Llegan en 13DD. Ahí empieza el ensayo siguiente.
Fuentes y nota de lectura
Reescritura española independiente del ensayo chino completo, basado en La tendencia de risa de Qin, Han (2026), DOI 10.5281/zenodo.23287462. El artículo de origen está en inglés y chino; no se presenta aquí una traducción técnica íntegra. Se conservan los límites de los resúmenes y fuentes de segunda mano, las investigaciones aún pendientes de comprobación, el carácter candidato de las distinciones y las correspondencias no resueltas con otros trabajos SAE. Ni las edades ni las vocalizaciones certifican por sí solas subjetividad o una capa. La edición inglesa es independiente y ambas versiones chinas son completas.
Notas de edición y terminología
Texto académico de origen: Qin, Han (2026), La tendencia de risa, primer artículo de la serie SAE sobre la risa. self-as-an-end.net · DOI: 10.5281/zenodo.23287462.