El efectivo sufre inflación, las acciones fluctúan, los contratos largos inmovilizan. No decidir también contiene incertidumbre.

La pregunta no es solo «¿seguro o arriesgado?», sino «¿qué riesgo, durante cuánto tiempo y para qué responsabilidad?».

Acertar el futuro importa menos que evitar que una sola previsión errónea destruya todo el plan.

Una buena organización no finge conocer mañana. Conserva el derecho a una segunda elección.

Diversificar no es poseer un poco de todo. Aún debemos saber qué elementos sufren juntos y cuáles podemos comprender. El fin no es el número de posiciones, sino que el plan sobreviva a una suposición equivocada.