Non DubitoEssays in the Self-as-an-End Tradition
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Comentario Dazhi del Daodejing
Capítulo 79 de 81

El acuerdo no siempre cierra la herida

秦汉(Dazhi)· Han Qin

Texto chino del capítulo

Manuscritos en seda · texto chino adoptado por este comentario

和大怨,必有余怨,焉可以为善?是以圣人右介而不以责于人。故有德司介,无德司彻。夫天道无亲,恒与善人。

Sobre el texto y la puntuación

El texto chino sigue el Dao De Jing comentado por el autor (《道德经注·君子不器》). Se basa en los dos manuscritos en seda, A y B, con correcciones y restituciones editoriales; no es una transcripción carácter por carácter de ninguno de ellos. La numeración de los capítulos sigue el texto recibido, y la puntuación, la del comentario. Los caracteres chinos no cambian al seleccionar otro idioma de lectura.

Leer el artículo en que se basa este capítulo (en inglés o chino)

I. Todo resuelto, salvo la relación

Dos compañeros han discutido durante semanas. Finalmente interviene otra persona, escucha a ambos y propone un arreglo. Cada uno acepta una parte del coste. Se escribe el acuerdo y el asunto queda cerrado.

Al día siguiente trabajan juntos con corrección. Ya no se interrumpen, pero tampoco bromean. Una pregunta que antes se hacía de viva voz llega ahora por correo, con alguien más en copia. Cuando uno necesita ayuda, busca primero a otra persona.

Nadie incumple el acuerdo. Algo, sin embargo, sigue presente. La disputa terminó en un plano y continúa en otro: en la expectativa de ser escuchado, en el recuerdo de una frase, en la cautela con que se entrega información.

«和大怨,必有余怨»: al apaciguar un gran resentimiento, queda resentimiento. El capítulo 79 empieza por esa distancia entre resolver una reclamación y restaurar una relación. No hace inútil la justicia. Nos advierte de que no todo lo dañado cabe en las casillas de una solución.

La escena también cambia la pregunta que hacemos a quien media. No basta con preguntar si consiguió un acuerdo. Hace falta mirar qué protege ese acuerdo, qué deja pendiente y qué condiciones permitirán vivir después de él sin repetir el daño.

II. Reparar no es retroceder en el tiempo

La contundencia de «必有余怨» subraya los límites del arreglo. No necesitamos convertirla en una sentencia según la cual cualquier conflicto deja una herida incurable. Hay relaciones que mejoran, personas que se reconcilian y daños cuya reparación abre una confianza nueva.

Lo que no podemos exigir es una vuelta instantánea al punto anterior. Una compensación puede resolver una pérdida económica sin borrar la humillación. Una disculpa puede ser sincera y necesitar tiempo para resultar creíble. El hecho de que la memoria continúe no demuestra que quien recuerda esté negándose a colaborar.

«焉可以为善?»: ¿cómo considerar suficiente esa solución? La pregunta puede leerse como una invitación a mirar más allá del éxito visible de haber cerrado el caso. Prevenir daños evitables, atender tensiones a tiempo y crear procedimientos justos puede ser mejor que exhibir habilidad al apagar incendios que nuestra organización sigue encendiendo.

Pero prevenir no significa pedir a la parte vulnerable que calle para conservar la paz. Algunas disputas deben hacerse visibles precisamente porque una situación injusta llevaba demasiado tiempo pareciendo tranquila. El conflicto puede ser el comienzo de la protección, no el fracaso de una armonía auténtica.

La buena pregunta es qué clase de paz estamos buscando: una en la que ya no se oigan quejas o una en la que haya menos motivos para quejarse.

III. Entre el contrato y el puente

El texto adoptado dice «圣人右介而不以责于人». La versión recibida suele hablar de sostener la parte izquierda de un contrato, «执左契», sin exigir a otros el cumplimiento de una deuda. Las relaciones entre «介» y «契», los instrumentos de obligación y las interpretaciones de derecha e izquierda tienen una base textual seria.

Esta serie propone, junto a ese campo de lecturas, entender «右介» filosóficamente como favorecer la mediación o la función de puente. No es una restauración demostrada por el diccionario. Nos permite preguntar si, ante una dificultad, buscamos ante todo un deudor al que cobrar o una relación cuyas condiciones necesitan atención.

Imaginemos un incidente causado al pulsar un botón equivocado. Es fácil detener la investigación en la persona que lo pulsó. También debemos preguntar por qué un solo gesto podía producir tanto daño, qué avisos existían, qué formación se había dado y si había formas de detectar o revertir el error.

Esa revisión del sistema no borra responsabilidades individuales. Si hubo negligencia grave o un daño deliberado, hacen falta respuestas proporcionadas y protección. Pero humillar a una persona no arregla un diseño vulnerable; puede conseguir, además, que la siguiente dificultad se oculte hasta ser mayor.

La función de puente empieza a veces antes del incidente: una pregunta sobre responsabilidades poco claras, una queja repetida en broma, una conversación que siempre termina con alguien callándose. Escuchar esas señales puede reducir riesgos. No autoriza a vigilar toda emoción ni promete construir un proceso que jamás falle. La prevención útil abre cauces; no ocupa la intimidad.

IV. La capacidad de mediar también necesita límites

«有德司介,无德司彻»: el contraste admite varias lecturas. En la tradición recibida aparecen la custodia del contrato y la recaudación. «彻» también tiene conexiones con el cultivo de la tierra; la expresión «彻田为粮» del Libro de las odas pertenece a ese ámbito, pero no excluye por sí sola una interpretación fiscal en este capítulo.

La aplicación que seguimos imagina una diferencia de capacidades: quien puede sostener una mediación asume esa tarea; quien todavía no cuenta con esa preparación no necesita fingirla. Leer «无德» como una capacidad aún por desarrollar es una propuesta constructiva, no el significado obligatorio de «sin virtud». Y trabajar la tierra no es una ocupación moralmente inferior ni exenta de juicio ético.

El punto práctico no consiste en distribuir profesiones según una supuesta dignidad personal. Consiste en reconocer que algunas responsabilidades requieren formación, consentimiento, tiempo y apoyo. La bondad de intención no basta para acompañar cualquier conflicto.

Quien media puede necesitar escuchar relatos incompatibles sin apresurarse a elegir el más convincente. También debe saber cuándo la simetría aparente oculta una relación de abuso. No todo conflicto admite una reunión conjunta; proteger a alguien puede requerir distancia, intervención especializada o una decisión formal.

Mediar tampoco significa tragarse toda la hostilidad de las partes. Las personas que realizan ese trabajo necesitan límites, supervisión y posibilidad de retirarse cuando no pueden hacerlo de manera segura o competente. La tarea no se vuelve más noble por carecer de apoyos.

Reconocer una limitación permite aprender o buscar a otra persona. Es mucho más responsable que convertir la propia identidad de «quien arregla todo» en una obligación que luego pagan quienes necesitaban ayuda.

V. Un camino sin favoritos

«夫天道无亲,恒与善人»: el camino del Cielo no tiene favoritismos y acompaña a quienes obran bien. La frase pertenece a una reflexión moral y cosmológica; no demuestra que la vida reparta resultados favorables según la bondad de cada persona.

Ser justo no garantiza ganar un pleito, recibir gratitud o evitar una desgracia. Tampoco un resultado adverso prueba una falta moral. Convertir el verso en una ley de recompensa sería especialmente cruel con quienes han sufrido una injusticia.

Podemos leerlo como orientación: no dar privilegio a los nuestros por ser nuestros, y cultivar formas de actuar que no necesiten fabricar personas descartables. El capítulo 27 ofrecía un vínculo con esa disposición a no abandonar. Aquí no tenemos que afirmar que la naturaleza, literalmente, protege a todos de la misma manera para tomar en serio el compromiso.

Una persona que todavía no puede asumir una tarea sigue mereciendo respeto y condiciones para vivir. Su valor no depende de que algún día sea útil de la forma que nosotros esperamos. Ayudarla a aprender puede ser una posibilidad; no es el precio de su dignidad.

El Cielo sin favoritos nos devuelve, así, a nuestras preferencias concretas. ¿Escuchamos igual una queja cuando afecta a un amigo? ¿Buscamos los mismos hechos cuando la acusación amenaza a alguien importante? La imparcialidad comienza donde deja de resultarnos cómoda.

VI. Lo que podemos hacer antes y después

Antes de intervenir en una disputa, aclarar qué se necesita: protección, una decisión, una compensación, una conversación o varias de esas cosas. No llamar mediación a cualquier intento de que dos personas dejen de incomodarnos con su desacuerdo.

Durante la intervención, comprobar nuestra capacidad y nuestros límites. ¿Conocemos lo suficiente? ¿Podemos escuchar sin imponer una reconciliación? ¿Tenemos un conflicto de interés? Pedir ayuda o derivar una situación difícil puede ser una forma de cuidado, no un fracaso personal.

Después del acuerdo, dejar un lugar para lo que sigue. Tal vez hagan falta cambios en la organización, una revisión de los compromisos o un tiempo sin contacto. Nadie debería tener que representar una amistad recuperada para demostrar que acepta una solución justa.

Si ocupamos una posición de responsabilidad, revisar también el diseño que permitió el daño. No para sustituir toda rendición de cuentas por una explicación impersonal, sino para que la próxima persona no llegue al mismo punto con el mismo botón peligroso delante.

Y cuando oigamos una tensión pequeña, acercarnos sin invadir: «Esto ha salido varias veces; ¿hay algo que debamos aclarar?». La pregunta ofrece un cauce. La respuesta pertenece también a quien la da. Prevenir no es reclamar acceso ilimitado a la vida emocional de los demás.

VII. No obligar a la herida a desaparecer

El capítulo 78 hablaba de recibir una carga sin enviarla siempre hacia abajo. El 79 añade que esa carga puede continuar después de la ceremonia de resolución. Seguir haciéndonos cargo implica aceptar que una firma no decide por sí sola el ritmo de la confianza.

La red del 73 recordaba efectos que no siempre aparecen de inmediato; la distribución del 77, condiciones que pueden aliviar o reproducir una desigualdad. Aquí ambas intuiciones convergen: lo que queda en una relación necesita atención, y esa atención debe poder modificar condiciones reales.

El capítulo 80 imaginará una convivencia más sencilla, donde la vida cotidiana pueda disfrutarse sin estar siempre arrastrada por la ambición y la guerra. No llegaremos allí exigiendo que nadie tenga motivos de queja. Habrá que crear espacio para vivir, elegir y pedir ayuda.

Los dos compañeros quizá vuelvan a bromear algún día. Quizá solo consigan una relación de trabajo segura y respetuosa. No nos corresponde ordenarles el desenlace. Sí podemos dejar de confundir un expediente cerrado con una vida ya reparada, y hacer lo necesario para que lo que sigue no vuelva a herir de la misma manera.


Lectura desarrollada en el ensayo IX de la serie. Referencias: I, II, III, IV, V, VI, VII, VIII y IX.