Una vida no termina en su peor decisión
Texto chino del capítulo
Manuscritos en seda · texto chino adoptado por este comentario
道者万物之主也,善人之宝也,不善人之所葆也。美言可以市,尊行可以贺人。人之不善,何弃之有?故:立天子置三卿,虽有拱之璧以先驷马,不若坐进此道。古之所以贵此道者何也?不谓求以得,有罪以免与?故为天下贵。
Sobre el texto y la puntuación
El texto chino sigue el Dao De Jing comentado por el autor (《道德经注·君子不器》). Se basa en los dos manuscritos en seda, A y B, con correcciones y restituciones editoriales; no es una transcripción carácter por carácter de ninguno de ellos. La numeración de los capítulos sigue el texto recibido, y la puntuación, la del comentario. Los caracteres chinos no cambian al seleccionar otro idioma de lectura.
Leer el artículo en que se basa este capítulo (en inglés o chino)
I. La puerta que alguien cree cerrada
A veces una persona habla de su pasado como si fuera una sentencia: he hecho demasiado daño, he desperdiciado demasiadas oportunidades, a estas alturas ya no puedo ser otra cosa. También podemos dictar esa sentencia sobre alguien más. Recordamos lo que hizo y dejamos de ver cualquier diferencia entre aquella acción y la totalidad de su vida.
El capítulo 62 del Daodejing introduce una pregunta incómoda y generosa: «人之不善,何弃之有?» Si una persona no es buena, ¿por qué desecharla? No pregunta únicamente por quienes ya han demostrado merecer otra oportunidad. Se detiene precisamente ante aquellos a quienes resultaría más fácil excluir.
Esto no borra lo ocurrido. Una puerta hacia una vida distinta no es una puerta de escape de la responsabilidad. A veces el primer paso consiste en reconocer un daño sin pedir que nadie lo minimice para devolvernos una buena imagen de nosotros mismos.
La pregunta abre una posibilidad más sobria que una promesa de redención instantánea: ¿podemos tomar en serio lo que alguien hizo sin concluir que ya no queda nada que hacer con su vida? La respuesta no exige que la víctima lo acompañe. Exige no confundir la necesidad de proteger con la voluntad de declarar a alguien definitivamente irrecuperable.
II. Un tesoro que no exige llegar perfecto
«道者万物之主也,善人之宝也,不善人之所葆也». El dao aparece como principio central de las cosas, tesoro de la persona buena y amparo de quien todavía no lo es. El texto no coloca una prueba de excelencia delante de toda posibilidad de acercamiento.
La versión adoptada aquí tiene 主; la transmitida con el comentario de Wang Bi presenta 奥, un término que su explicación relaciona con el amparo. Leer 主 como centro hacia el que las cosas se orientan es la dirección filosófica de este comentario, no una exclusión de todos sus demás sentidos. La diferencia textual no impide reconocer la amplitud de la escena.
寶 y 葆 permiten oír dos relaciones distintas: atesorar algo valioso y encontrar protección o conservación. Quien ya vive con cierta rectitud puede cuidar el dao como lo más precioso. Quien ha extraviado el rumbo no queda por ello fuera de toda ayuda.
El capítulo 61 imaginaba una grandeza que recibe, y el 4, una fuente que no se agota al dar lugar a las cosas. Aquí esa apertura se vuelve humana. No tenemos que estar acabados para aprender. De hecho, si solo merecieran apoyo quienes ya no necesitan cambiar, gran parte del apoyo llegaría demasiado tarde.
El sol y la tierra pueden servirnos de imágenes de esta amplitud: no distribuyen su presencia según un expediente moral. Una comunidad humana necesita además juicio, límites y protección. Su hospitalidad no será idéntica para toda situación, pero puede negarse a convertir el error en la única identidad disponible.
III. Lo hermoso puede decir la verdad
«美言可以市,尊行可以贺人». Las palabras bellas y las acciones honorables tienen valor en los intercambios humanos. Es posible leer hoy esta línea junto a nuestras formas de presentación: discursos cuidados, ceremonias, títulos, gestos que hacen visible el reconocimiento.
No sería justo concluir que todo eso es falso. El comentario de Wang Bi permite una lectura positiva de las bellas palabras y de la conducta estimable. Un agradecimiento bien dicho puede reparar un olvido. Una ceremonia puede devolver visibilidad a un trabajo que nadie había reconocido.
La crítica que interesa a esta lectura comienza cuando la presentación sustituye aquello que debía presentar. Alguien formula una disculpa impecable y mantiene la conducta que la hizo necesaria. Una organización celebra el cuidado en un acto público y deja sin descanso a quienes lo prestan. La frase merece admiración; la vida cotidiana sigue esperando.
Por eso no necesitamos elegir entre formas vacías y una verdad incapaz de expresarse. Podemos pedir que la palabra bella haga algo más que mejorar la reputación de quien la dice. ¿Qué compromiso permite reconocer? ¿Qué cambia después de la ceremonia? ¿Quién puede señalar la distancia entre lo anunciado y lo vivido?
Lo precioso no se vuelve menos precioso al recibir un nombre o un homenaje. Pero tampoco empieza a existir porque alguien haya preparado una buena presentación.
IV. No desechar no significa permitirlo todo
La pregunta «何弃之有» enlaza con el capítulo 27, que no deja personas desechadas, y con el 49, que extiende la bondad más allá de quienes ya la ofrecen. El hilo no elimina el discernimiento; impide que el discernimiento se convierta demasiado pronto en clausura.
Pensemos en un empleado que todavía no obtiene buenos resultados. Antes de concluir que no sirve, hace falta comprobar qué instrucciones recibió, qué recursos tiene y qué necesita aprender. Su rendimiento insuficiente tampoco es una falta moral. Puede requerir formación, un cambio de función o una decisión laboral clara, sin humillarlo como persona.
Un niño que repite un error necesita consecuencias comprensibles y ayuda para aprender, no la identidad de «el que siempre lo hace todo mal». Un amigo que ha perdido el rumbo puede necesitar una conversación y apoyo, aunque no podamos resolver su vida. Y nosotros mismos podemos recordar un fracaso sin seguir utilizándolo como prueba de que cualquier intento futuro es absurdo.
En los daños graves, esta apertura debe convivir con la seguridad. No abandonar a alguien como ser humano no obliga a mantener contacto, ofrecer confianza inmediata o renunciar a denunciar. La reparación corresponde a quien dañó; el perdón no puede convertirse en una tarea exigida a quien sufrió.
Tampoco sabemos de antemano quién cambiará, cuándo podrá hacerlo o qué apoyo hará falta. El capítulo no nos entrega ese conocimiento. Nos invita a no cerrar una posibilidad por comodidad, rencor o prisa. A veces conservarla significa establecer precisamente el límite que impide seguir haciendo daño.
V. El jade, los caballos y lo que puede ofrecerse
El texto imagina la instauración del soberano y de altos cargos: «立天子置三卿». La edición adoptada dice 三卿; otras versiones tienen 三公. Después aparecen un disco de jade sostenido entre las manos y un tiro de cuatro caballos, emblemas de un obsequio de gran consideración.
Frente a ellos se sitúa «不若坐进此道». En una lectura habitual, también visible en Wang Bi, nada de aquello supera presentar u ofrecer este dao, incluso permaneciendo sentado. No hace falta convertir 坐进 en la expresión literal «sentarse dentro del dao». La práctica interior y tranquila que aquí propongo es una aplicación de la comparación, no su única traducción posible.
La diferencia importa: el capítulo no nos vende una técnica secreta de sentarnos. Pregunta qué merece ser ofrecido, recibido y honrado. Un regalo puede impresionar durante una tarde; una orientación que cambia cómo tratamos a las personas puede continuar actuando cuando la ceremonia termina.
Tres escenas de la tradición ayudan a pensarlo. En el relato de la tortuga del Zhuangzi, «Aguas de otoño», Zhuangzi prefiere seguir vivo arrastrando la cola por el barro a quedar convertido en un objeto venerado; es una escena literaria sobre la invitación del rey de Chu, no una biografía demostrada. Las Analectas 6.11 presentan a Yan Hui conservando su alegría en una vivienda y una alimentación humildes. Y la imagen de Laozi saliendo del paso sobre un buey pertenece a la tradición legendaria.
No necesitamos afirmar que los tres rechazaron la misma clase de cargo, ni volver deseable la pobreza, para escuchar la pregunta común. ¿Cuánto de una vida entregaríamos a cambio de que pareciera más honorable desde fuera? Los honores pueden acompañar una vida buena. No deberían poder sustituirla.
VI. Buscar, recibir y responder por el pasado
«古之所以贵此道者何也?不谓求以得,有罪以免与?故为天下贵». El cierre pregunta por qué se estima tanto el dao: al buscar, se puede obtener; aun con culpa, se puede encontrar amparo o liberación.
La lectura que sigo subraya que el pasado no tiene por qué cerrar toda relación con el bien. No interpreta 有罪以免 como inmunidad legal o moral. Decir que alguien puede volver a orientarse no significa que las consecuencias de sus actos hayan desaparecido.
Puede haber obligaciones que cumplir durante mucho tiempo. Devolver lo sustraído, corregir una mentira o aceptar que otra persona no quiera volver a vernos son modos de empezar a vivir de otra manera. El cambio no se mide solo por cuánto alivio experimenta quien lo anuncia, sino también por lo que deja de imponer a los demás.
«Buscar y obtener» tampoco exige suponer que cualquiera dispone hoy de la misma facilidad para cambiar. Hay hábitos, circunstancias y obstáculos que requieren ayuda. La disponibilidad del camino es una orientación ética: no restringir lo valioso a una élite de personas supuestamente terminadas.
Esta es la paradoja de su valor. Lo más precioso no tiene que ser lo más exclusivo. Puede ser justamente aquello que no nos exige borrar una parte real de nuestra vida para empezar a vivir la siguiente con más verdad.
VII. Dejar una posibilidad sin forzar el regreso
Para uno mismo, la práctica puede comenzar separando dos frases: «hice algo que debo afrontar» y «soy únicamente aquello que hice». La primera abre un trabajo, por difícil que sea. La segunda deja una etiqueta donde podría haber responsabilidad.
Para otra persona, quizá consista en hacer una pregunta antes de emitir el veredicto definitivo. ¿Qué ha ocurrido? ¿Qué puede repararse? ¿Qué necesita protección? ¿Qué ayuda podemos ofrecer sin asumir una tarea que no nos corresponde? No siempre podremos acompañarla de cerca. La dignidad ajena no depende de que nuestra relación continúe.
También podemos revisar qué estamos buscando cuando buscamos reconocimiento. Tal vez deseamos un puesto porque permite hacer algo valioso; tal vez esperamos que nos libre de una inseguridad que ningún título resolverá. Preguntarlo no condena la ambición. La devuelve a una conversación sobre la vida que queremos llevar.
Volvamos a la puerta del comienzo. No tiene que abrirse hacia la misma casa ni ser custodiada por la persona herida. Puede ser una vía de aprendizaje, reparación y apoyo desde otro lugar. Lo importante es no confundir una puerta que se ha cerrado legítimamente con la declaración de que no puede existir ninguna más.
El capítulo deja una pregunta en vez de una absolución automática: ¿por qué desechar a una persona entera? Podemos tomarla en serio sin olvidar a quienes necesitan estar a salvo. Y podemos dirigirla hacia nosotros sin dejar de responder por lo ocurrido.
Comentario completo en el séptimo ensayo y en Zenodo. Ensayos anteriores: I, II, III, IV, V, VI.