Non DubitoEssays in the Self-as-an-End Tradition
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Comentario Dazhi del Daodejing
Capítulo 1 de 81

El Dao que puede decirse

秦汉(Dazhi)· Han Qin

Decir no es encerrar

«El Dao que puede decirse no es el Dao perdurable; el nombre que puede nombrarse no es el nombre perdurable». La lectura habitual imagina una realidad perfecta escondida detrás del lenguaje, como si las palabras apenas mostrasen la punta de un iceberg metafísico. El manuscrito de seda invita a otra precisión: escribe heng, «perdurable», donde la versión transmitida dice chang, «constante». El cambio se relaciona con el tabú del nombre del emperador Han Wen, Liu Heng. Lo que no perdura no es una cosa secreta, sino cualquier formulación con la que pretendamos haberla agotado.

Hablar siempre deja algo sin recoger. Podemos definir con cuidado, añadir ejemplos y corregir cada excepción; aun así, la cosa excede el marco que hemos construido. Ese exceso no es un segundo mundo oculto: es el remanente producido cada vez que un constructo traza su límite. En este comentario, Dao nombra la universalidad de ese desbordamiento; De, la parte irreductible de cada ser singular. El título Daodejing deja entonces de ser un manual de moral y se vuelve una indagación sobre lo que ninguna forma logra clausurar.

Ser y no-ser nacen juntos

«No-ser» y «ser» no forman una cronología en la que primero reinara la nada y después aparecieran las cosas. Son las dos caras de un mismo corte. Al dibujar un círculo aparece el círculo, pero aparece también todo lo que queda como «no círculo». La distinción engendra simultáneamente un interior y un exterior. El no-ser es el fondo todavía no diferenciado; el ser, la posición desde la que la diferenciación puede desplegarse. Por eso Laozi los llama comienzo y madre, sin convertir al Dao en un artesano que fabrica el universo.

El capítulo propone además dos disciplinas complementarias. Sin deseo —sin colocar de inmediato el «yo quiero» en el centro— se percibe el instante sutil en que una forma empieza a nacer. Con un propósito concreto se descubre hasta dónde llega la acción y dónde aparece su borde. Una mirada ve el comienzo; la otra, el límite. Entre ambas se mueve lo xuan: el ciclo por el que cada corte levanta una forma, cada forma deja un remanente y ese remanente abre un nuevo comienzo. No es misterio decorativo, sino el movimiento inagotable del Ciclo Cincel–Constructo.