Lecturas de Shōwa Genroku Rakugo Shinjū
Cinco ensayos que parten de un heredero dispuesto a cerrar la puerta y recorren dos sucesiones de nombre, una muerte recordada dos veces, una entrada al oficio que se abre tarde para Konatsu y una enseñanza que acaba yendo más allá de la intención de quien enseña.
Shōwa Genroku Rakugo Shinjū no utiliza el rakugo como un decorado cultural. Lo presenta como algo que solo existe mientras unas personas concretas siguen hablando ante unos oyentes concretos. Un nombre de linaje puede pasar íntegro de un intérprete a otro. No así la persona, la voz, los deseos o las heridas.
Estos cinco ensayos se preguntan qué exige heredar y qué no exige. Yakumo tiene derecho a dejar que se pierda el arte que guarda en sus manos. Konatsu puede amar profundamente un oficio que durante muchos años no le permite entrar. Yotarō puede recibir un nombre sin conseguir que el muerto regrese. Se revelan los acontecimientos de las dos temporadas completas.
- 1 / 5Se proponía cerrar la puertaUn hombre recién salido de la cárcel se arrodilla a la puerta. Quiere que lo acepten como discípulo. No tiene nada: ni títulos, ni oficio, ni dinero, ni contactos. Al salir, ni siquiera tiene dónde quedarse.
- 2 / 5Los dos que entraron el mismo díaDos muchachos de la misma edad entran el mismo día en casa de Yūrakutei Yakumo, séptimo de ese nombre. Uno se llama Kikuhiko. El otro, Hatsutarō. Las vidas que llevarán a partir de entonces constituyen el cuerpo de esta obra.
- 3 / 5Aquella nocheKikuhiko se fue al campo. Quería traer de vuelta a su condiscípulo de mayor rango.
- 4 / 5Ella no podíaKonatsu ama el rakugo. Todo este ensayo está en esa frase. Es hija de Sukeroku. Escucha el rakugo de su padre desde pequeña; lo lleva metido en los huesos. Lo entiende.
- 5 / 5El nombreYotarō estudió durante diez años. Al cabo de esos diez años, ascendió al rango de shin’uchi, maestro plenamente reconocido, y recibió un nombre.