Sobre esta edición
Nota de esta edición: Reescritura independiente del original chino, concebida para lectores de español. Contiene revelaciones de toda la serie. Las intervenciones de los personajes se recrean aquí; no se citan subtítulos oficiales.
Un estudiante de secundaria discute con su mano derecha.
Discuten por las horas de sueño. Migi necesita dormir unas cuatro horas al día, pero no puede hacerlo siguiendo el horario de Shinichi: tiene que buscar momentos en que el chico esté despierto, porque mientras Migi duerme el cuerpo queda indefenso.
Así que toca ponerse de acuerdo: cuándo dormirá, adónde irá Shinichi mientras tanto, qué harán si surge algún problema.
Así aborda esta obra la «convivencia». Aquí no es un concepto: es un horario.
Hasta dónde llega el detalle
Basta con enumerar algunas de sus negociaciones.
Cómo organizar las horas de sueño.
Si la mano derecha puede moverse durante las clases. Hay escenas en las que Migi lee por su cuenta sobre el pupitre. Lee a toda velocidad, un libro en pocos minutos, porque necesita aprender lo que saben los humanos.
La comida. Migi no tiene que sentarse a comer: obtiene los nutrientes a través de Shinichi. Por eso Shinichi debe comer más.
Qué hacer si se encuentran con otros parásitos. Es el asunto más discutido, porque sus criterios suelen divergir. Migi prefiere evitar la pelea siempre que pueda y huir si es posible; Shinichi quiere ir a salvar a alguien en más de una ocasión.
Qué hacer si los ve alguien. Migi puede cambiar de forma y hacerse pasar por una mano corriente, pero esa capacidad tiene límites.
De quién es la mano derecha durante una cita. La cuestión surge varias veces, y nunca sin bochorno.
Qué hacer con la mano cuando están delante los de casa. En una ocasión el padre de Shinichi está a punto de verla.
Si deben contárselo a alguien. En eso nunca llegan a entenderse. Para Migi está terminantemente prohibido hablar; Shinichi está a punto de hacerlo más de una vez.
No hay nada grandioso en ninguno de esos asuntos. Y, en esta obra, la convivencia está hecha enteramente de ellos.
Cada acuerdo se negocia sobre la marcha
Llegamos al núcleo de este ensayo.
Entre los dos no existe un acuerdo general.
Nunca se sientan a fijar unos principios que luego se limiten a cumplir. No hay una declaración de «a partir de ahora somos compañeros», ni una gran reconciliación que resuelva de una vez todas las diferencias anteriores.
Cada arreglo se alcanza para una situación concreta. Ninguno es definitivo.
Lo pactado ayer vuelve a discutirse hoy si cambian las circunstancias. A menudo ni siquiera se ponen de acuerdo: cada uno actúa según su criterio y acaba desbaratando lo que hace el otro.
Más de una vez Shinichi sale corriendo por su cuenta pese a las protestas tajantes de Migi. Y más de una vez Migi pasa directamente a la acción sin que Shinichi esté de acuerdo.
No estamos ante una relación en la que los dos se llevan mal. Estamos ante la realidad diaria de dos seres que no pueden anularse y tienen que compartir un cuerpo.
Comparemos esa relación con otro intento que aparece en la obra.
Un parásito llamado Hideo Shimada se incorpora a la escuela de Shinichi como alumno trasladado. Pretende integrarse en la sociedad humana, pasar inadvertido durante mucho tiempo, observar y aprender. Se esfuerza en representar el papel de un estudiante: conversa con sus compañeros y participa en las actividades.
El intento termina en una matanza.
La obra coloca ambas experiencias dentro del mismo relato. Un parásito intenta vivir entre la gente, fracasa y mata a muchas personas. En esa misma escuela, otro vive en una mano derecha y se pelea cada día con su huésped por las horas de sueño.
Lo segundo funciona; lo primero, no. La diferencia no está en que uno sea más bondadoso. Está en que el segundo, desde el comienzo, no puede tomar ninguna decisión por su cuenta.
Nadie ha refutado su posición
Aquí quiero darle a Migi todo el espacio que necesita su argumento. Y dejar que gane.
Su posición constituye un sistema completo y coherente.
Los seres vivos se comen a otros seres vivos: es lo normal. Estructuralmente, que los parásitos coman humanos no difiere de que los humanos coman cerdos.
Cuando alguien dice que la vida humana es valiosa, lo que en realidad está diciendo es «mi vida es valiosa», y luego extiende esa valoración a los demás. Migi no acepta el salto. Para él, la única vida que tiene ese valor es la propia.
En cuanto a si son culpables, su respuesta viene a ser que esa es una cuestión que los humanos deciden con su propia vara de medir. No le concierne.
Llega a decir algo aún más duro, dirigido a quienes después se llenan la boca de grandes razones: detesta a los humanos que hablan «por el bien de la Tierra», porque la Tierra nunca ha sabido llorar ni reír.
Él mismo señala qué conducta humana le resulta más incomprensible: sacrificarse por otros. Dice que es una de las cosas que menos logra entender de los humanos.
Importa oír bien su expresión: no lo entiende. No dice que sea una estupidez. No lo clasifica como un error, sino como un fenómeno que no sabe leer.
Ni una sola de esas afirmaciones queda refutada a lo largo de la obra.
Shinichi intenta contestarle. Le cuesta muchísimo, y él mismo sabe cuánto le cuesta. La historia no introduce a nadie capaz de convencer a Migi, ni prepara una situación en la que este descubra que estaba equivocado.
Dentro de su marco, tiene razón. Shinichi no dispone de un modo de derribar ese marco desde fuera.
No se vuelve bueno
Entonces, ¿por qué cambia Migi más adelante?
Hay que afinar aquí. Este es el punto que más fácilmente se nos escapa entre las manos.
Migi no se vuelve bueno.
Empieza pensando «con tal de que yo sobreviva, basta», y al final nunca afirma que ese principio fuera erróneo. No pide perdón por las personas que han devorado los de su especie, no siente culpa ni termina convencido del valor de la vida humana.
Lo que cambia es otra cosa: empieza a interesarle todo esto.
Una criatura a la que solo le importaba seguir viva pasa mucho tiempo en una mano derecha y empieza a sentir interés por los humanos mismos. ¿Por qué hacen esas cosas? ¿Por qué sufren por seres con los que nada les une? ¿Por qué hay tantos gestos en ellos que no sirven para sobrevivir?
Interesarse por algo y volverse bueno son dos cosas distintas.
La obra mantiene esa diferencia hasta el final. Migi nunca dice que haya comprendido lo valiosos que son los humanos. Lo que dice es que no lo entiende, que no se lo explica, que aquello es extraño.
Y querer comprender porque uno no comprende es un estado completamente distinto de haber sido convencido.
Shinichi tampoco se vuelve un parásito
La diferencia se sostiene también en sentido contrario.
Más adelante cambian el cuerpo, las capacidades y el carácter de Shinichi; el próximo ensayo se dedicará a ello. Pero Shinichi no pasa a ser una criatura del lado de Migi.
No empieza a considerar natural devorar personas. No acepta que solo tenga valor su propia vida. A lo largo de la historia toma decisiones manifiestamente desventajosas: vuelve atrás para salvar a un desconocido, da un paso al frente aun sabiendo que no puede ganar. Todas son errores según el cálculo de Migi. Y él las toma de todos modos.
Cada vez Migi protesta. Cada vez lo acompaña. Y cada vez, después, insiste en que no tenía sentido.
En ese cuerpo no hay un superior al mando.
Un cuerpo y dos varas de medir
Recojamos lo dicho.
Hay dos sujetos dentro de un cuerpo. Cada uno conserva sus propios criterios y, ante muchas preguntas, esos criterios dan respuestas opuestas.
La obra no los fusiona. No fabrica un tercer criterio de compromiso, ni permite que uno de los dos vaya imponiéndose al otro hasta borrarlo.
Los deja avanzar en paralelo hasta el final. Cada día chocan a propósito de algo concreto y, después del choque, siguen viviendo.
Suena agotador. Y así lo cuenta la obra. Shinichi pasa por un sinfín de sufrimientos; Migi se ve arrastrado una y otra vez a problemas que considera del todo innecesarios.
Esa es toda la respuesta que ofrece Parasyte a la pregunta de cómo pueden estar juntos dos seres que no pueden anularse: no hay una solución de una vez para siempre. Hay que volver a negociar cada día.
Y, a mitad de ese camino, muere la madre de Shinichi.
A manos de su propio cuerpo.
Eso viene en el próximo ensayo.