Sobre esta edición
Nota de edición: Reescritura independiente en español a partir del original chino. La página de origen permite alternar entre chino simplificado y tradicional.
La orden inicial de ejecutar la Operación British se dirige a un oficial. Dozle Zabi se la transmite en persona. El teniente coronel no la cumple y, por desobedecer, lo degradan. Se llama Ramba Ral.
Este episodio procede de Mobile Suit Gundam: The Origin, de Yoshikazu Yasuhiko; la serie de televisión no lo cuenta expresamente. Conviene mantenerlo separado de lo que después vemos de Ramba Ral en la televisión.
No era un pacifista
Primero hay que dejar claro quién es este hombre. De lo contrario, el ensayo se convertiría en la historia de una buena persona atrapada en tiempos revueltos.
Ral acaba de participar en la conquista de Side 2. Al mando de una unidad de mobile suits, ha destruido o sometido casi todas las colonias de la zona, salvo la capital. ¿Cuánta gente murió allí? Los materiales posteriores describen esa campaña como una operación con enormes pérdidas civiles.
El hombre que se niega a lanzar una colonia contra la Tierra ya ha participado de lleno en matanzas a gran escala.
No se niega porque rechace toda forma de matar. The Origin sí da un motivo para esta negativa: considera una atrocidad hacer caer una colonia sobre la Tierra. Eso no lo convierte en pacifista ni borra lo que ya ha hecho; después seguirá combatiendo. Conviene fijar ambas cosas antes de mirar dónde se detiene.
¿A qué se negó, entonces?
La negativa tiene, por tanto, un motivo expresado: la atrocidad de la operación. Lo que interesa examinar aquí es su forma concreta: un oficial que acaba de participar en matanzas a gran escala recibe la siguiente orden y se detiene.
¿Qué separa la orden anterior de esta?
La anterior consistía en atacar las colonias del enemigo: sus bases, su industria y sus defensas. Destruirlas era quitarle lugares desde los que podía combatir. La nueva orden consiste en arrojar una colonia contra la Tierra.
En el primer ensayo trazamos la diferencia entre la capacidad actual del enemigo para hacer la guerra y las condiciones mínimas que le permitirían levantarse cuando esta terminara. Propongo leer la negativa de Ral a la luz de esa distinción.
La distinción es la que este ensayo propone. La negativa es la que la obra muestra.
La degradación por desobedecer
La negativa tiene un resultado: lo degradan. Vale la pena mirar el castigo por separado, porque deja ver la estructura interna de la organización. ¿Qué ocurre dentro de un bando cuando un oficial objeta una orden?
Hay dos posibilidades. La objeción puede tratarse como una opinión: escucharla, responderla, rechazarla o aceptarla. O puede tratarse como insubordinación: anotarla en el expediente, castigarla y apartar a quien la formula de su lugar en la organización. Zeon elige lo segundo.
Un bando que no admite que lo cuestionen convierte las preguntas internas en actos de insubordinación.
No es que esa organización sea excepcionalmente brutal. Su estructura la conduce necesariamente ahí. Si no se puede preguntar desde dentro por qué debe ejecutarse un plan, el acto de preguntar «¿por qué?» solo puede figurar como una falta de disciplina. No existe otra casilla donde ponerlo.
También funciona a la inversa. Si una organización reserva un lugar para las objeciones, ha de estar dispuesta a responderlas; y eso exige que quien pregunta disponga de información suficiente. Admitir preguntas y dejar que los propios miembros conozcan el cuadro completo son dos caras de lo mismo.
Los Zabi y Deikun
Subamos ahora un nivel. El Principado de Zeon debe su nombre a Zeon Zum Deikun. Lo que Deikun defendía era la autonomía de los habitantes del espacio: que tuvieran un lugar propio y dejaran de ser un apéndice de la Tierra. Su propuesta se refería a la situación de un grupo de personas.
Deikun murió y la familia Zabi se hizo con el país. Al pasar a sus manos, aquella propuesta cambió de forma. La afirmación de que esas personas debían tener un lugar propio se convirtió en un proyecto que necesitaba expandirse, acumular más recursos, exigir más obediencia y hacer una guerra para llegar a cumplirse.
La exigencia de que a unas personas se las tratara como personas terminó, tras cambiar de dueños, convertida en el objetivo de un sistema que necesitaba consumir a otras como combustible.
Desde fuera, la transformación apenas se veía. Seguían los mismos lemas, el mismo nombre, la misma bandera.
El funeral de Garma
Una escena permite ver ese cambio con especial claridad. Garma Zabi ha muerto y Gihren Zabi pronuncia un discurso en su funeral. Viene a decir: ciudadanos, levantaos; convertid el dolor en ira; Garma no ha muerto en vano; venceremos.
El efecto del discurso dentro de la historia es enorme. La movilización funciona. El mecanismo es sencillo: ha muerto una persona y su muerte se transforma en el impulso que hará avanzar a un país entero. El muerto es el hermano menor. Quien realiza la transformación es el mayor.
No hay una sola mentira en el discurso. Garma ha muerto de verdad, el dolor de la gente es real y su ira también. Gihren se limita a cargarlo todo en una misma dirección.
La operación no tiene vuelta atrás. Cuando una muerte se ha utilizado así, resulta muy difícil que vuelva a ser, sencillamente, la muerte de alguien. En adelante, mencionar a Garma será invocar aquella razón, no recordar a aquella persona.
Lo único que desaparece del discurso es el propio muerto. Al acabar la intervención, ya no es una persona: es una razón para continuar.
A quién se le oculta
Antes de terminar, hace falta precisar una distinción que vamos a necesitar en los tres ensayos siguientes. Engañar al enemigo y ocultar información a los tuyos son dos cosas distintas.
Engañar al enemigo es una táctica habitual. Camuflar, fingir ataques, aparentar una fuerza que no se tiene: ambos bandos recurren a ello, como se ha hecho en la inmensa mayoría de las guerras de la historia. Tiene un coste. Si el adversario descubre el engaño, en adelante dará menos crédito a todos tus gestos. Esa desconfianza dura.
Ocultar información a los propios es otra operación: convierte a soldados y ciudadanos en «unidades de ejecución que no necesitan conocer el cuadro completo».
¿Por qué importa distinguirlas? Porque una actúa sobre el adversario y la otra sobre los propios. El precio de la primera recae en la relación entre ambos bandos; el de la segunda, en el interior del país que la practica.
Cuando un país acostumbra a sus habitantes a que «no necesitan saberlo todo», el hábito no desaparece automáticamente al terminar la guerra. Ya se ha convertido en su forma de funcionar.
Esa forma de funcionar es incompatible con admitir cuestionamientos. Para hacer una pregunta, quien cuestiona necesita saber lo suficiente como para poder formularla.
Ramba Ral sabía lo suficiente. Por eso pudo detenerse. Lo degradaron.
Su negativa no borra la guerra en la que ya había participado. Pero tampoco pierde validez a causa de ese pasado. Deja un hecho pequeño e importante: en un momento dado, una unidad de ejecución todavía puede volver a ser una persona capaz de juzgar.
La serie de televisión sitúa después esta misma condición al otro lado de la guerra. Un civil de quince años no recibe ninguna misión grandiosa. Se encuentra una máquina disponible, un enemigo que llega y nadie más a su alrededor que pueda subir a ella.