Non DubitoEssays in the Self-as-an-End Tradition
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Ella seguía cocinando

Han Qin (秦汉) · Reescritura en español · 2026-10-09

Sobre esta edición

Nota de edición: Reescritura independiente en español a partir del original chino, disponible en caracteres simplificados y tradicionales. Las palabras de los personajes se recrean aquí de forma independiente; no se citan subtítulos oficiales.

Una mujer, ante el fogón, intenta averiguar cómo sacar más comida de la misma cantidad de arroz.

Hay un procedimiento. En aquella época lo llamaban nankō-meshi: dejar el arroz en remojo, cocerlo y volver a cocerlo. Los granos se hinchan y parece que hay bastante más. La textura es pésima, pero cunde.

Ella sigue las instrucciones. Y la familia se come el resultado.

De cosas así está hecha esta película.

Quién es ella

Se llama Suzu Urano (浦野すず). Nació en 1925, en Eba, Hiroshima.

Desde niña tiene una costumbre: no para de dibujar.

Con carbón sobre el papel, con el dedo sobre la tierra. Dibuja el mar, los barcos, los conejos, a la gente que tiene cerca. Lo hace bien, pero no con esa destreza que los adultos enseñan a un niño. Su manera de dibujar es suya. Ve algo, lo dibuja y deja el dibujo ahí.

También es distraída. Se queda ensimismada, hay que llamarla dos veces, la cabeza se le va a otra parte mientras trabaja. En casa dicen que siempre está «en las nubes».

En ella, ambas cosas son una sola: hay una parte de Suzu que siempre está ausente. Esa parte está dibujando.

La película encuentra una forma preciosa de mostrarlo. Cuando Suzu se abstrae, la propia imagen suele adoptar los trazos de sus dibujos. No vemos a alguien que está en las nubes: vemos aquello que ella está viendo en ese momento. Esa parte ausente se vuelve visible para nosotros.

De su infancia queda, además, un episodio difícil de situar. Un secuestrador se la llevó dentro de un cesto donde también había un niño; los dos consiguieron escapar. Más adelante, aquel niño queda vinculado a Shūsaku. Lo incierto es otra cosa: cómo se mezclan lo vivido, la imaginación infantil y el recuerdo en esa historia del secuestrador.

La casaron

En diciembre de 1943 llega una propuesta de matrimonio de un hombre al que ella no conoce.

Se llama Shūsaku Hōjō (北條周作) y trabaja como empleado del tribunal militar de la Marina, en Kure. Él la vio una vez, cuando eran muy pequeños. Ella no lo recuerda.

La familia de Suzu produce algas nori en Eba. Trabajan todos: las recogen, las secan, las cortan, las prensan. Ella ha crecido entre esas faenas.

En febrero de 1944 se casa.

La manera de contar la boda constituye la primera decisión importante de la película. No convierte lo ocurrido en una tragedia ni en un romance.

Lo presenta como algo que sucede.

Llega una propuesta, la familia acepta, ella recoge sus cosas, sube a un vehículo y se marcha. Al día siguiente empieza a ocuparse de aquella casa. No hay, entre medias, una escena en la que se pregunte «¿quiero hacerlo?». Para alguien en su posición, esa escena no existe.

Casi nada de lo que compone su vida lo ha elegido ella.

Nadie la obliga a punta de pistola. Lo que ocurre es que decidir si quiere o no quiere nunca ha estado de su lado. La familia decide el matrimonio; la ciudad viene dada por el marido; el trabajo se reparte; los alimentos se racionan; los simulacros antiaéreos se notifican.

Cuando llega a Kure, ni siquiera tiene muy claro dónde está Kure.

Y al día siguiente ya está trabajando. Las tareas no son como en Eba. Otras normas, otro lugar para las ollas y los cuencos, otra manera de hacer las cosas: la de su suegra. Va aprendiendo una por una.

En una escena sale por primera vez de compras al centro y se pierde. Da vueltas durante horas y solo consigue regresar cuando está a punto de anochecer. Vuelve con la compra en la mano.

Aquella casa

En casa de los Hōjō viven su suegro, Entarō (北條円太郎); su suegra, San (北條サン); y su marido, Shūsaku.

También está Keiko (黒村径子), la hermana mayor de Shūsaku, que ha regresado a la casa familiar con su hija Harumi (黒村晴美).

Keiko trata a Suzu con aspereza. Le pone pegas al trabajo, a sus despistes, a lo poco ágil que resulta haciendo las cosas.

Las circunstancias de la propia Keiko, en cambio, se van revelando poco a poco.

Se casó con alguien de una familia rica. Después salió de aquella casa. Pero las normas de entonces dejaban a los hijos del lado de la familia del marido: su hijo Hisao (黒村久夫) se quedó allí. Solo pudo llevarse a Harumi.

Keiko ha hecho, por tanto, algo que Suzu nunca ha hecho: abandonar un puesto que otros le habían asignado. El precio ha sido un hijo al que no volverá a ver.

La persona más severa con Suzu dentro de esta casa es alguien que ha conseguido salir de otra. Le ha costado un hijo.

La película no hace que Keiko explique todo esto. Tampoco prepara una reconciliación que convierta a las dos mujeres en hermanas del alma. Las deja bajo el mismo techo: una pone pegas, la otra las soporta. Los días siguen pasando.

De qué está hecha la película

Vayamos ahora a lo que ocupa realmente esta película.

Durante la mayor parte de su metraje vemos:

Cómo conseguir que el arroz del racionamiento dé para más.

Qué hierbas silvestres se pueden comer, cómo prepararlas y cuándo subir al monte a recogerlas.

Cómo descoser un kimono para convertirlo en pantalones.

Cómo coser una capucha de protección para los ataques aéreos.

Cómo sazonar la comida cuando no hay salsa de soja.

Hacer cola. Recoger la ración. Caminar mucho para comprar algo. Perderse de vuelta.

Ver una cosa en una tienda, querer comprarla, hacer cuentas y dejarla.

La verdadera acción de esta película es cocinar.

¿Y la guerra dónde está?

Al otro lado de la ventana. Kure es una base naval: hay una flota en el puerto, aviones en el cielo, cañones antiaéreos en los montes. Suzu ve los buques de guerra mientras tiende la ropa. Cuando suena la alarma, baja al refugio. Cuando acaba, vuelve y sigue cocinando.

La película establece con mucha claridad la proporción entre ambas cosas. En la vida de Suzu, cocinar ocupa nueve décimas partes; ponerse a salvo de los bombardeos, una. Y esa última décima va creciendo poco a poco.

Lo que sí hace con sus manos

He dicho que apenas ha elegido nada. Falta la otra mitad.

Casi nada de lo que compone su vida lo ha elegido ella. Y casi todo lo ha hecho ella.

El arroz se lo asignan, pero la idea para que cunda más tiene que encontrarla Suzu.

Las hierbas crecen en el monte, pero ella ha ido probando, una a una, cuáles se pueden comer y cómo quitarles el amargor.

La ropa es vieja, pero antes de meter la tijera dibuja en qué quiere convertirla.

Hasta los pequeños placeres se los fabrica. Hace dibujos para su familia, dibuja en las paredes, convierte mentalmente un problema difícil en una imagen y así consigue manejarlo mejor.

Una persona con poquísimo poder de decisión ha puesto las manos en todos los materiales a su alcance.

Las dos cosas son ciertas a la vez. No se anulan, y la película tampoco hace que una compense la otra. No dice: «Como ha sabido apañárselas y vivir bien, da igual que no pudiera elegir».

Las deja ahí, juntas.

Lo que le dice Rin Shiraki

Hay una parte de esta historia que el estreno cinematográfico de 2016 recortó en gran medida. El manga original y la versión ampliada de 2019 la desarrollan más.

Suzu se pierde al volver del centro, entra en el barrio de los burdeles y conoce a una prostituta llamada Rin Shiraki (白木リン).

Entre ellas nace algo parecido a una amistad.

En esa época, Suzu está desnutrida y sigue sin tener hijos. Es algo que la preocupa. En aquella casa y en aquellos años, el asunto pesa mucho: buena parte del lugar de una nuera depende de ello.

Rin le dice algo que podría expresarse así: el lugar que una persona tiene en este mundo no desaparece tan fácilmente.

La frase ocupa un lugar singular en el relato. No es un consuelo ni una lección. Es lo que alguien situado en el margen más extremo de esa sociedad le dice a alguien que teme quedarse sin sitio.

El lugar de quien habla es un burdel.

Y, cuando lo dice, dice algo verdadero.

Más adelante, Suzu vuelve al barrio a buscar a Rin. No la encuentra, pero conoce a Teru (テル), otra prostituta, enferma y postrada en cama. Para animarla, recurre a lo que sabe hacer: dibuja. Tiempo después, mientras contemplan los cerezos en flor, Rin le cuenta que Teru murió después de aquella visita.

Rin también le dice algo sobre la vida y la muerte. Más o menos esto: llevarse un secreto a la tumba sin haberlo compartido con nadie, guardarlo a solas hasta morir, también es un lujo.

Alguien decide por ella

Hay otro episodio que habla de lo mismo que el título de este ensayo.

Tetsu Mizuhara (水原哲), amigo de Suzu desde la infancia y ahora marinero de la Armada, viene a visitarla.

Shūsaku procura que los dos se queden a solas. Seguramente lo hace con buena intención: conoce lo que hubo entre ellos y cree que debería darle a Suzu esa oportunidad.

A ella el gesto no la conmueve.

Comprende que su afecto ya está del lado de Shūsaku. Al mismo tiempo empieza a desconfiar de él: ¿con qué derecho me preparas esto?

Alguien, con buena intención, ha decidido por otra persona lo que esa persona debería recibir.

¿Es un gesto nuevo en esta casa? No. Así se decidió su boda. Así se ha decidido dónde vive, qué trabajo hace y cómo transcurre su año.

La diferencia es que, esta vez, quien decide es alguien que ya ha empezado a importarle. Y por eso, por primera vez, le incomoda el propio gesto de decidir por ella.

El 22 de junio de 1945, Suzu camina por la calle llevando a Harumi de la mano.

Ese día se queda sin la mano derecha.

De eso trata el próximo ensayo.