Volver a abrir el Zhuangzi · 58 · La gran belleza no habla
El cielo y la tierra tienen una gran belleza, pero no la explican
El mundo no espera a que terminemos de describirlo para existir. Reconocerlo no exige tirar el cuaderno ni pedir que el trabajo de los demás permanezca invisible.
A veces solo al acercarnos a la ventana descubrimos que ya ha amanecido. Las frases de una carta que llevábamos un rato retocando no han dejado de importar. Pero la luz de fuera se ha adelantado hasta la mesa, sin esperar a que lo expliquemos todo. Se mueven las sombras de los árboles, pasa alguien por la calle: el nuevo día ya está ocurriendo. Tres frases de El Conocimiento viaja al norte se parecen a ese momento de levantar la vista.
El cielo y la tierra tienen una gran belleza y no hablan; las cuatro estaciones tienen un orden claro y no deliberan; las diez mil cosas tienen la lógica de su formación y no la explican.
El cielo y la tierra tienen belleza; las estaciones, un orden en su transcurso; las cosas, una manera de formarse. No necesitan comparecer primero para explicarse. No importan únicamente los tres verbos negados, sino también ese «tienen» que los precede. No acreditar algo con palabras no significa que no haya nada. Solemos escuchar primero la explicación y después reconocer que algo merece nuestra atención. Estas frases invierten el orden: miremos cómo está ya aquí y preguntemos después hasta dónde lo alcanzan nuestras palabras.
Una belleza que no existe solo para ser contemplada
Los comentarios antiguos explican la gran belleza a partir del cielo que cubre, la tierra que sostiene y las cosas que nacen. No se trata solo de un paisaje bonito. También está esa amplitud que permite crecer a las cosas, cada una a su tiempo. La primavera no presenta primero un plan de floración y el árbol no retrasa las hojas porque aún no figuren en un registro de observaciones. La comparación hace retroceder un paso nuestras explicaciones. Podemos ir comprendiendo el mundo que tenemos delante; no somos quienes deben explicarlo antes de concederle permiso para suceder.
También hay tormentas, decadencia y muerte entre el cielo y la tierra. Disfrutar de este pasaje no exige imaginar una naturaleza siempre amable, y mucho menos concluir que, porque algo ocurre naturalmente, debe ser así. Una persona herida no deja de necesitar cuidados porque el mundo siga funcionando. El texto antiguo propone una forma de entender cómo nacen las cosas, no una explicación científica terminada de la naturaleza. Podemos conservar el asombro y seguir buscando causas concretas. No se anulan mutuamente. Saber cómo se forma la lluvia no impide escucharla un rato desde el porche. La explicación añade algo; no tiene por qué llevarse todo lo que está delante de nosotros.
No queda solo un sabio callado
A continuación, el texto dice que el sabio «indaga en la belleza del cielo y la tierra y comprende la razón de las cosas». Todavía tiene que investigar y entender. No cierra los ojos para anunciar que, como no se puede decir, ya no hace falta mirar. Más adelante leemos que «la persona plena no fuerza la acción; el gran sabio no impone su hacer». Guo Xiang lo explica como dejar que las cosas actúen por sí mismas y seguir lo que son. La dirección es forzar menos y responder más a lo que ocurre, no desentenderse sin excepción de cualquier problema del mundo.
Entender cómo crece un árbol no te dice automáticamente que nunca debas podarlo. Reconocer que un niño tiene su propio ritmo tampoco vuelve innecesarios el cuidado y las explicaciones. Hay que distinguir si intervenir ahora ayuda o si intervengo únicamente porque no soporto que las cosas no ocurran como quiero. Después, el texto sigue hablando de la vida y la muerte, lo cuadrado y lo redondo, el yin y el yang, las estaciones, las cosas grandes y pequeñas y su raíz. No se detiene ante un paisaje. Esas consideraciones abstractas forman parte del pasaje. No podemos pensar con él y afirmar a la vez que nunca razona. Usa el lenguaje para dejarnos ver lo que sigue ocurriendo fuera del lenguaje. Merece la pena conservar ese gesto.
El manual y la vida que sigue ocurriendo
Un manual sirve de mucho. Evita que quienes llegan después deban descubrirlo todo desde cero y permite colaborar sin depender de que cierta persona esté siempre presente. Dejar un registro claro suele ser una forma de consideración. Ahora bien, «Sin un registro todavía no puedo confirmarlo» y «Si no está registrado, no ha sucedido» son juicios diferentes. El primero reconoce un límite de lo que sabemos; el segundo puede convertir nuestra mirada en el interruptor que decide si algo existe.
Un compañero detecta un problema a tiempo y lo arregla discretamente, evitando una interrupción. Al revisar los resultados del mes no aparece un rescate espectacular ni una novedad vistosa, solo un tiempo en el que todos pudieron trabajar sin problemas. Así es fácil que su trabajo no figure en la tabla. También están quien dejó la habitación en orden, quien acompañó a alguien durante un mal momento y quien explicó lo mismo una y otra vez hasta que la persona nueva pudo trabajar por su cuenta. No es que no hayan dicho una palabra. Es que el valor de lo que hicieron no siempre cabe en las casillas de lo fácilmente cuantificable.
«No hablar» no tiene por qué significar únicamente cerrar la boca. Puede recordarnos que ciertos efectos no llegan como un anuncio: alguien consigue por fin terminar su frase, o una pequeña cosa no vuelve a fallar.
No exijamos como virtud que nadie te vea
Es fácil llegar aquí a una frase conmovedora: el trabajo verdaderamente bueno no necesita que nadie sepa de él. Para quien desea trabajar tranquilamente, puede ser una libertad. En boca de quien distribuye los recursos puede convertirse en una excusa para exigir que otros permanezcan invisibles. Que el cielo y la tierra no reclamen méritos no es motivo para pedir a quienes se esfuerzan que renuncien al pago, a que figure su nombre o a que se reconozca su trabajo. El trabajo invisible necesita verse, precisamente porque existe aunque no lo veamos. Registrarlo, mejorar el reparto de tareas y permitir a quien lo realiza explicar lo que hace no contradice estas tres frases.
El ensayo no rechaza toda explicación, sino hacer de ella la única prueba de existencia. Remediar una omisión no requiere pedir a quienes hemos omitido que guarden silencio. Tampoco quien asegura haber trabajado mucho y se niega a dar cualquier dato comprobable puede eludir responsabilidades invocando el «no hablar». Los hechos pueden preceder al registro, pero el juicio público sigue necesitando elementos en que apoyarse. Responder ante los demás y no quedar enteramente definido por un informe pueden ir juntos.
Lo dicho también puede seguir creciendo
Escribir sobre algo que aún no entendemos del todo tiene su tentación. Para que la frase quede bella y el párrafo completo, cerramos casi sin notarlo lo que sigue sin resolverse. Creemos describirlo y ya le hemos puesto fin antes de tiempo. Pero ese no es el destino de toda palabra. Al probar a contárselo a un amigo, quizá oigas lo que acababas de pasar por alto. Una pregunta suya hace aparecer un nuevo detalle. Las palabras pueden clavar algo en su sitio; también pueden ayudar a descubrir lo que todavía no vimos debajo del clavo.
Investigar y expresarse no están condenados a enfrentarse. Conviene atender más bien a cuándo una explicación aún admite cambios y cuándo, por defender la versión que ya dijimos, dejamos de mirar. Cabe escribir en un borrador «Aquí todavía no estoy seguro», detenerse a pensar en una conversación o no apresurarse a dar un nombre a una relación que está tomando forma. Dejar algo sin terminar no significa posponer toda decisión para siempre, sino no adelantarnos a anunciar que ya está terminado. Los compromisos que requieren respuesta siguen requiriéndola y no se puede dejar indefinidamente sin aclarar un malentendido. Hay un momento para dejar espacio y otro para explicar.
Este recorrido no ha esquivado las razones
Hasta aquí, el recorrido por la vida cotidiana de los capítulos exteriores ha pasado por las destrezas, las medidas, las ganancias y pérdidas, la pena y varias preguntas por la Vía. Los personajes hacen cosas y también preguntan, explican, elogian y se oponen. Aguas de otoño desarrolla argumentos a través del diálogo; el criador de gallos explica lo que todavía falta en cada etapa; el tallador habla de su preparación; el Emperador Amarillo da una respuesta larga. No podemos elogiar estas historias diciendo que ninguna ofrece razones.
Importa más ver si las razones cubren por entero lo que queda de los personajes y las situaciones. Después de la explicación, ¿puede el lector volver a aquella mano, aquella pausa, aquella persona a quien no se pudo atender? Si puede, explicar no ha clausurado la historia. Estos ensayos también quisieran conservar esa medida. Proponer una lectura invita a volver al original, no anuncia que en adelante solo quedará esa lectura. Una frase corta no es superior por naturaleza a un texto largo; el silencio tampoco es más profundo, por naturaleza, que una respuesta.
Dejar primero que la cosa esté ahí
Quizá hoy tengas cerca algo que no necesita volverse una historia de inmediato: regar una planta, arreglar una pequeña avería o caminar despacio con alguien. Puedes anotarlo, contarlo o no contarlo todavía. No necesita una conclusión brillante para ganarse el derecho a haber sucedido. Al volver a la ventana, la carta de la mesa sigue a medio escribir. La luz ya está al otro lado. No hace falta soltar la pluma ni darse prisa por poner una explicación a todo lo que hay fuera. Mira un rato y vuelve a escribir. Que las frases busquen la vida; no pidamos a la vida que solicite primero una frase.
Texto y notas de lectura
Reescritura independiente para lectores de español a partir del ensayo chino completo. El inglés existente se escribió también de forma independiente, y las versiones en chino simplificado y tradicional ofrecen el texto íntegro. Los pasajes clásicos de la serie se presentan en versión española para estos ensayos, no como traducción completa de la obra antigua. Las comparaciones contemporáneas y las interpretaciones desarrolladas son lecturas del autor, no sucesos adicionales relatados en el original. Los enlaces a la investigación remiten a las versiones existentes en inglés y chino.
Pasajes, interpretaciones y fuentes
Pasaje e interpretación: El Conocimiento viaja al norte.
La página china conserva las citas clásicas; la narración inglesa se escribió de nuevo para esta edición. Aquí los pasajes se ofrecen en versión española independiente. Las comparaciones contemporáneas y los desarrollos interpretativos pertenecen a la lectura del autor: no son episodios adicionales que el texto antiguo relate.
Comentarios para acompañar la lectura: Comentarios reunidos del Zhuangzi: El Conocimiento viaja al norte.