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Non Dubito

Volver a abrir el Zhuangzi · 42 · El anciano que atrapa cigarras

Atrapa las cigarras como quien recoge algo del suelo

La destreza que parece fácil tuvo preparación. Quizá podamos empezar por un gesto pequeño que se pueda ver, probar y corregir.

Han Qin ·

1. Como alargar la mano y recoger

Algunas destrezas hacen creer al espectador que la tarea siempre fue fácil. Una pieza musical fluye, un trozo de madera adquiere su forma, un movimiento pequeño cae justo donde corresponde. De tanto mirar olvidamos que esa soltura necesitó preparación. En un bosque de Chu, Confucio ve a un anciano encorvado capturando cigarras como si las recogiera con la mano. Le pregunta si hay un método para tanta habilidad. El anciano responde que sí.

En los próximos ensayos quiero enlazar varias historias de destreza de Comprender la vida. Es nuestro recorrido, no la afirmación de que el libro antiguo las colocó juntas en cinco lecciones. Empiezo por este anciano porque no nos deja solamente un resultado asombroso: acepta explicar cómo llegó a él.

2. Las bolitas sobre la vara

Empieza por apilar pequeñas bolas sin dejarlas caer. Los comentarios antiguos explican que las apilaba en la punta de una vara. Dos, tres, cinco: conforme se estabiliza la pila, capturar cigarras resulta más sencillo, hasta volver a esa facilidad de quien recoge algo.

Tras cinco o seis meses, apilo dos bolitas sin que caigan; [...] cuando apilo cinco sin que caigan, atrapar cigarras es como recogerlas.

Algunos entienden esos cinco o seis meses como tiempo de práctica; ciertos comentarios antiguos los interpretan como la temporada de atrapar cigarras con una vara adhesiva. Aquí seguimos la primera lectura. No permite prometer la misma destreza a cualquiera que cumpla los mismos meses. Entre medias figuran otras expresiones, como «zi-zhu» y «uno en diez», que dan la sensación de un dominio progresivo. No son una tabla moderna de entrenamiento ya medida que podamos aplicar haciendo cuentas. Me interesa que el anciano no diga solo que hay que concentrarse. Propone una tarea pequeña para la mano que los ojos pueden comprobar. Si las bolitas caen, la estabilidad aún no basta. La práctica no tiene que depender exclusivamente de cómo nos parezca que lo hacemos.

Tampoco es un ejercicio sustitutorio sin relación con las cigarras. La estabilidad de la vara importa para el movimiento de capturarlas. Trabajar una parte puede ayudar al conjunto. No garantiza evitar para siempre el contacto con el objeto real ni sustituye todos los juicios que habrá que hacer allí.

3. El cuerpo no ha desaparecido

El anciano dice después que coloca el cuerpo como un tocón y sostiene el brazo como una rama seca. Son imágenes tan quietas que casi olvidamos que la vara sigue en manos de alguien vivo. No ordenan congelar el cuerpo ni dicen que tensarse lo bastante reproduzca la escena. Leemos la estabilidad de un movimiento, no una descripción técnica del esfuerzo muscular. Mucho menos podemos concluir que no apunta: enseguida dice que solo conoce las alas de la cigarra.

Aunque sean grandes el cielo y la tierra y numerosos los seres, solo conozco las alas de la cigarra.

El mundo es grande, pero ante él hay un punto concreto al que llegar. El mundo no desaparece: en ese momento, no lo arrastra continuamente hacia otras cosas. Cuerpo y atención se quedan en lo que hace. A veces trabajamos mientras vigilamos si lo hacemos bien y adivinamos si quien nos mira nos encuentra torpes. Las manos tienen una tarea y la cabeza celebra varias reuniones. El anciano sugiere otra posibilidad: terminar algunas reuniones para que las manos puedan acabar lo que tienen delante.

4. Concentrarse también puede empezar por quitar

Confucio se vuelve hacia sus discípulos y dice que una intención no dividida se concentra en el espíritu. Sí habla de no dispersar la atención. No hace falta declarar que la concentración es una respuesta errónea e inventar la vía contraria. Quiero añadir que repetirse sin descanso «Concéntrate más» no es la única manera de ayudar a la concentración. Reducir interrupciones, guardar lo que no exige respuesta ahora y dar un punto concreto al movimiento también pueden ayudar. Añadir práctica y quitar interferencias pueden ocurrir a la vez.

Pero restar no se paga de una vez para disfrutar de una facilidad eterna. Llegan nuevos mensajes, el cuerpo se cansa y reaparecen preocupaciones. Traer la atención de vuelta no prueba que el trabajo anterior fuera falso. Exigir no distraerse nunca añade vergüenza a la distracción. Podemos entender la estabilidad del tocón y la rama sin obligarnos a ser madera que no necesita nada. Descansar cuando hace falta también puede conservar la capacidad de hacer algo con atención la próxima vez.

5. No cambiar esas alas por todos los seres

No me vuelvo ni me inclino a un lado; no cambio las alas de la cigarra por los demás seres. ¿Cómo no iba a conseguirlo?

No lo leo como una condena de todo lo demás. Lo que me conmueve es que no cambie de objeto en ese momento. El mundo sigue ahí. Algunas cosas merecen mucho cuidado sin tener que entrar a la vez en ese gesto. Has prometido leer un libro con tu hijo y, a la mitad, se ilumina el móvil. El mensaje quizá sea importante de verdad, no una tentación trivial. Ese es el problema: dos cosas valiosas y un mismo tiempo. Puedes valorar primero su urgencia. Si no urge, puede esperar a terminar la página. No desprecias a los demás; cumples este pequeño rato compartido.

Es un ejemplo actual nuestro, no un orden de prioridades que el anciano haya fijado para todas las relaciones. Un peligro o alguien que necesita cuidados inmediatos puede exigir la interrupción. Hacer de las alas un centro irrevocable también puede volver indiferente la concentración a otras vidas. Conservaría la lucidez de elegir: si ahora hago esto, intento estar aquí; si cambia la situación, admito que toca hacer otra cosa. Decidir no prohíbe para siempre ver lo demás.

6. La parte por la que podemos empezar

Hay algo muy práctico: descomponer un deseo vago en una parte abordable. Querer hablar bien o tener más estabilidad no suele decirnos aún qué practicar mañana. Para preparar una presentación podemos ensayar los dos primeros minutos, grabarlos y escuchar dónde damos rodeos o falta contexto. También podemos pedir a alguien que desconozca el tema que repita lo que ha entendido. Si no lo ha captado, podemos cambiar ese fragmento en lugar de declarar a toda la persona incapaz de hablar.

No son métodos universales de eficacia demostrada por las cinco bolitas. Tomamos la forma de la escena para preguntar por un ejercicio pequeño que permita recibir respuesta. Tampoco todo avance tiene que volverse un número. Que el oyente repita con más precisión lo que ha escuchado, o explique claramente qué no entiende, también puede ser útil. También se practica capturando cigarras y se prepara la respuesta a lo que ocurre mediante ensayos apropiados. No es que solo se pueda entrenar con sustitutos y que la tarea real dependa de la suerte. Hay que ir de una a otra y comprobar si lo practicado llega de verdad a la tarea.

7. El maestro del bosque

El anciano está encorvado, pero Confucio le pregunta y comparte su respuesta con los discípulos. Alegra ver esa disposición: quien puede enseñar no siempre ocupa el puesto reconocido de maestro. La apariencia corporal tampoco decide su habilidad. Para alabarlo no hace falta decir que su cuerpo es inferior ni garantizar que cada movimiento lo perjudica frente a otros. El relato no ofrece esa comparación. Mucho menos debe cada persona con limitaciones corporales acreditar resultados extraordinarios para merecer respeto.

Es, ante todo, esta persona con esta destreza. Merece ser escuchada, no porque resuelva los problemas del mundo ni porque tenga que representar a nadie. Quedan la captura casi milagrosa, las bolitas, el cuerpo que encuentra estabilidad y una atención reservada por un rato a las alas en un mundo tan grande. Cuando algo no nos sale, quizá no haya que empezar reprendiéndonos más. Podemos reducir la tarea, apartar una interferencia y encontrar un movimiento pequeño que se pueda observar y corregir.

Por ejemplo, repetir solo el principio hasta que alguien lo entienda y continuar mañana. No hay que alcanzar primero la soltura final del anciano para tomar la vara todavía inestable de hoy. Dejemos que la mano encuentre por dónde empezar.

Texto y notas de lectura

Reescritura independiente para lectores de español a partir del ensayo chino completo. El inglés existente se escribió también de forma independiente, y las versiones en chino simplificado y tradicional ofrecen el texto íntegro. Los pasajes clásicos de la serie se presentan en versión española para estos ensayos, no como traducción completa de la obra antigua. Las comparaciones contemporáneas y las interpretaciones desarrolladas son lecturas del autor, no sucesos adicionales relatados en el original. Los enlaces a la investigación remiten a las versiones existentes en inglés y chino.

Pasajes, interpretaciones y fuentes

Pasaje e interpretación: Comprender la vida.

La página china conserva las citas clásicas; la narración inglesa se escribió de nuevo para esta edición. Aquí los pasajes se ofrecen en versión española independiente. Las comparaciones contemporáneas y los desarrollos interpretativos pertenecen a la lectura del autor: no son episodios adicionales que el texto antiguo relate.

Comentarios para acompañar la lectura: Comentarios reunidos del Zhuangzi: Comprender la vida.