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Volver a abrir el Zhuangzi · Ensayo 27 · Olvidarse mutuamente en ríos y lagos

Recordamos el afecto y olvidamos el agua

Ayudarse en la sequía puede ser valioso. Eso no obliga a conservar la sequía para que el vínculo siga teniendo valor.

Han Qin ·

Antes de esos cuatro caracteres hay otros dos

La expresión china xiang ru yi mo (相濡以沫), humedecerse mutuamente con saliva, evoca a menudo a una pareja en dificultades o a dos personas que no se soltaron en el peor momento. Lleva mucho tiempo habitando la lengua con ese sentido, que de verdad conmueve. Pero, al volver a El gran maestro, antes de esos cuatro caracteres aparecen otros dos: quan he (泉涸), la fuente se secó.

La fuente se seca y los peces quedan juntos en tierra. Se humedecen con el aliento y con la saliva. Mejor sería olvidarse unos de otros en los ríos y lagos. En vez de elogiar a Yao y condenar a Jie, mejor olvidar a ambos y transformarse con el camino.

El manantial se ha secado y los peces están juntos, atrapados en tierra, dándose humedad y saliva. Después viene la comparación que suele omitirse: mejor olvidarse mutuamente en ríos y lagos. Al devolver el agua a la imagen, cambia la pregunta. Todavía vemos cómo se ayudan, pero empezamos también a preguntar por qué vivir exige tanto esfuerzo.

Conservar el afecto y también la tierra seca

Usar después esa expresión para elogiar el afecto no estropeó un dicho. La lengua crece y las metáforas antiguas pueden entrar en vidas nuevas. Pero, al leer este pasaje, la calidez posterior no debería tapar la situación original. Los peces no se acercan dentro del agua. Donde falta el agua, se mantienen con lo poco que todavía pueden dar. El original no dice que sean solo dos ni cuándo se acaba la última saliva ni que finalmente mueran juntos. Esos detalles intensificarían la emoción, pero no son el final que estas frases entregan.

Lo que presentan es la diferencia entre ayudarse en la dificultad y contar con un medio adecuado para vivir. Podemos apreciar lo primero y seguir buscando más lo segundo. Ese mejor sería no tiene que burlarse de la ayuda presente. También puede recordarnos, cuando casi solo elogiamos la resistencia, que esas vidas no tendrían por qué depender siempre de resistir.

Quienes tienen que dar un poco más cada día

Pensemos en un equipo al que le falta gente desde hace mucho. Cada tarea añadida alarga un rato la jornada; si alguien tiene un problema familiar, los demás lo cubren. En el grupo se dan las gracias y han pasado juntos muchas noches difíciles. El afecto es real. Pero, si la falta de personal no cambia, «somos así de unidos» puede volverse otra presión. Quien dice primero que ya no puede parece traicionar la historia de lo resistido juntos. Preguntar algo más que quién da más permite mirar calendarios, plantilla, autoridad y alcance del trabajo. No se borra la bondad entre compañeros: se evita que sirva de motivo para no mejorar las condiciones.

Es una prolongación contemporánea, no una afirmación de que ríos y lagos signifiquen en el original una plantilla bien dimensionada. Ayuda a distinguir algo que el afecto puede tapar: ayudar a superar una dificultad no es pedir a un grupo que viva eternamente como si estuviera superándola.

Olvidarse no siempre enfría la relación

En el mismo capítulo Confucio dice también:

Los peces hallan su medio en el agua; las personas, en el camino. Para los que lo hallan en el agua, cavar un estanque permite el sustento; para quienes lo hallan en el camino, la vida se asienta sin ajetreo. Por eso se dice: los peces se olvidan unos de otros en ríos y lagos; las personas, en las artes del camino.

Los peces están a gusto en el agua; las personas, en el camino. Si tienen aguas donde vivir, el sustento encuentra apoyo y no tienen que mantener al otro con su pequeña humedad a cada instante. No conviene interpretar la expresión antigua como que los peces se fabrican en el agua. Tampoco la vida asentada sin ajetreo promete que no haya que hacer nada para tenerla automáticamente garantizada. El texto contrapone el sosiego de un medio adecuado al esfuerzo de mantenerse apenas.

También puede ocurrir en una relación. Después de años difíciles en que nadie podía prescindir del otro, la vida se estabiliza: cada cual hace sus cosas y se encuentran por la noche. La fuerza con que tienen que sostenerse disminuye. No siempre se ha debilitado el afecto: quizá por fin haya un lugar donde cada uno pueda estar de pie. Por supuesto, hay distancias que sí son distanciamiento. La historia no explica igual todas las relaciones; solo ofrece otra manera de entender que ya no se necesiten tanto como antes.

Por qué aparecen de pronto Yao y Jie

Justo después de los peces, el texto pasa a elogiar a Yao y censurar a Jie. Un rey sabio y un tirano no parecen dos amigos necesitados de cuidado mutuo. Eso muestra que la metáfora va más allá del afecto privado, sin volverla ajena a toda relación. Ayudarse, elogiar y culpar, vivir juntos pueden iluminarse en escalas distintas. Olvidar ambos y transformarse con el camino también desafía nuestra fijación con el elogio y la condena. Reducirlo a dejar de discutir y mejorar el trabajo recortaría esa filosofía más fuerte. Olvidar los dos extremos y transformarse con el camino no es un simple consejo de gestión.

Podemos conservar el desafío sin volver indistinguibles bien y mal. Si alguien ha causado daño, sigue habiendo que averiguar y exigir responsabilidades; la necesidad de ayudar a las víctimas no desaparece porque no queramos enredarnos en juicios. Ver las condiciones y reconocer las responsabilidades pueden ir juntos. Preguntar quién secó el agua puede formar parte de recuperarla. Nombrar a una persona no prueba que hayamos dejado de ver el conjunto.

No inventar una tabla para diagnosticar que no queda salida

Desde el cansancio es fácil sentir que solo queda el método de ahora. Pero sentir que no hay otro no prueba que no exista ninguno. El exceso prolongado de horas puede venir de un desequilibrio organizativo o puede haber tareas que suspender; una familia exhausta de cuidarse quizá necesite ayuda exterior o un reparto distinto. Varias dificultades pueden coexistir y conviene verlas una a una. Que todos estén cansados, discutan mucho o no tengan energía para crecer no basta para declarar que la tierra se ha secado por completo. Son hechos que merecen cuidado, no tres condiciones suficientes extraídas del clásico.

Tampoco podemos exigir al agotado que complete todas las pruebas antes de tener permiso para reconocer su cansancio. Puede descansar primero y buscar después, acompañado, recursos que aún no ve. Saber que lo actual no alcanza ya puede justificar pedir ayuda; no hace falta esperar a carecer de toda salida.

El agua tiene que volver de verdad

La imagen recuerda algo concreto: cambiar de actitud no transforma la tierra seca en ríos y lagos. Pedir a quien cuida solo de un enfermo que abandone su apego no lo releva por la noche. Decir a un compañero abrumado que no se lo tome tan a pecho no aplaza la entrega. Para dejar de agotarse mutuamente suelen hacer falta cambios que se puedan tocar: un relevo, tiempo para dormir, servicios utilizables, poder decidir qué no se hará hoy. No son espectaculares, pero quizá ayuden más que otro elogio de la fortaleza.

Tampoco obliga eso a quien cuida a seguir dando sin límite hasta que todas las condiciones mejoren. Hay límites y puede ser necesario buscar relevo, reparto y salidas seguras. Cuidar al otro no debería exigir por defecto que una vida se consuma entera. Olvidarse mutuamente no excusa abandonar a alguien; humedecerse con saliva tampoco quita el derecho a parar y pedir ayuda.

Una relación tranquila también puede ser profunda

Al contar momentos conmovedores de una relación hablamos de hospitales, desempleo, viajes y últimos instantes. Una tarde corriente parece ofrecer menos. Pero quizá esa tarde ninguno necesite arrancar al otro una respuesta que le salve la vida. Uno lee, otro sale; quien quiere puede hablar y quien desea estar solo no debe demostrar antes que sigue queriendo. La falta de dramatismo no vuelve más superficiales esos días. Pueden contener justo el margen que antes no llegaba: no tener que confirmar continuamente el vínculo mediante sacrificios ni mantenerlo unido a través de crisis.

El lejano olvidarse mutuamente se acerca así un poco. No borra la memoria ni vuelve ajenas a las personas: evita tener que mantener la relación como tarea urgente a cada instante.

Devolver también la fuente a la imagen

Del crecimiento del ser humano verdadero a los amigos que cantan ante un cuerpo y a los peces de ríos y lagos, distintas imágenes preguntan si la vida puede dejar de sostenerse siempre en tensión. Es el hilo que propone esta serie, no el único sentido de cada pasaje. Todavía hay que ayudar en lo inmediato y acercarse a quien sufre. Al ayudar también podemos levantar la mirada para ver qué sigue dejando a todos sin agua. Si existe una ocasión para hacer menos difícil la vida, no necesitamos aferrarnos a la dificultad solo porque nos unió.

Podemos conservar en la memoria aquella ayuda mutua. La vida futura no tiene por qué seguir en tierra seca.

Texto y notas de lectura

Reescritura independiente para lectores de español a partir del ensayo chino completo. El inglés existente se escribió también de forma independiente, y las versiones en chino simplificado y tradicional ofrecen el texto íntegro. Los pasajes clásicos de la serie se presentan en versión española para estos ensayos, no como traducción completa de la obra antigua. Las comparaciones contemporáneas y las interpretaciones desarrolladas son lecturas del autor, no sucesos adicionales relatados en el original. Los enlaces a la investigación remiten a las versiones existentes en inglés y chino.

Pasajes, interpretaciones y fuentes

Pasaje e interpretación: El gran maestro.

La página china conserva las citas clásicas; la narración inglesa se escribió de nuevo para esta edición. Aquí los pasajes se ofrecen en versión española independiente. Las comparaciones contemporáneas y los desarrollos interpretativos pertenecen a la lectura del autor: no son episodios adicionales que el texto antiguo relate.