El medio transforma la mano que lo empuña
Cuatro mecanismos de retorno
Un medio nunca actúa solo sobre el adversario. Kant observa los procedimientos que destruyen la confianza necesaria para una paz futura. Arendt muestra cómo la violencia sustituye el poder de actuar juntos. Maquiavelo advierte que un cuerpo militar profesional rehace al Estado que lo emplea. SAE sigue el modo en que la asimetría informativa y el engaño erosionan el juicio del propio bando.
No son explicaciones ordenadas de la más amplia a la más estrecha. Una técnica puede activar varias a la vez o dejar un daño visible desde un solo ángulo. Ninguna reemplaza a las otras.
Todos saben lo que ocurre y aun así alguien desaparece
Imaginemos a un niño ofrecido en lugar de otro. El arreglo es público, quienes lo ejecutan conocen todos los hechos y no crea ni engaño ni aparato permanente. Supera varias pruebas de retorno. Pese a ello, el niño queda reducido a una función: el parecido de su rostro.
Hace falta, pues, una puerta anterior. Antes de medir lo que el medio hace a su usuario, hay que preguntar si la disposición ya borra la posición de una persona como fin. Solo después sirven las cuatro pruebas.
¿Puede negarse el ejecutor?
Aparece una quinta pregunta práctica: ¿dispone quien ejecuta de una posición real para decir no? Sin ella se aproxima a una herramienta. Pero su consentimiento tampoco legitima automáticamente el arreglo completo. Poder decir sí no sustituye la pregunta por aquello a lo que la persona ha sido reducida.
Además, comprender que un medio regresará sobre nosotros no basta para detenernos. Falta convertir la lucidez en instituciones de juicio y negativa, y decidir si la teoría de los medios de SAE necesita un criterio independiente de la desigualdad de información.