SAE y Descartes · Ensayo 1 · Pedir que lo pongan a prueba
Las objeciones las había pedido él
Cuanto más capaz es el adversario invitado, más puede inferir el autor de aquello que ese adversario no ha objetado.
El orden habitual habría podido ser este: se imprime un libro, alguien discrepa y escribe para refutarlo, el autor responde. El intercambio se prolonga durante años y queda repartido entre varios volúmenes.
Este libro no siguió ese camino. Las objeciones se pidieron antes de llevarlo a la imprenta.
Una carta que empieza protestando
El cuarto grupo de objeciones es de Arnauld. Empieza con una carta a Mersenne cuya primera frase ya contiene una queja.
Usted no ha querido hacerme este favor gratis, le dice: exige una retribución considerable, y nada leve. Solo a condición de que entregue mi parecer me permite leer el libro.
A continuación anuncia que desempeñará dos papeles: primero el de filósofo, después el de teólogo. Antes de empezar a objetar, una sola persona declara que va a hablar desde dos posiciones distintas.
Al final añade que, si el resultado no es bueno, la culpa será de Mersenne, que lo ha obligado a escribir.
La carta, con todas esas protestas, quedó impresa en el libro del propio Descartes.
El autor explica para qué
Antes de las seis meditaciones hay un prefacio dirigido al lector. Descartes declara allí su propósito.
Primero expondré mis pensamientos en las meditaciones, dice, para ver si las mismas razones pueden persuadir también a otros. Después responderé a las objeciones de varios hombres de saber excepcional que las examinaron antes de su publicación.
Y a continuación cierra el razonamiento: como sus objeciones son tan numerosas y diversas, me atrevo a esperar que cualquier dificultad importante que se le ocurra después a otro ya haya sido considerada por ellos.
Por eso pide al lector que no juzgue las meditaciones hasta haber leído todas las objeciones y respuestas.
En ese cálculo, cuanto mayor es el peso del adversario, más puede contarse la ausencia de una objeción como indicio de que no hay un problema. Lo que calla una crítica indulgente no sirve para ese fin.
Lo vuelve a hacer dos veces
Al comenzar la respuesta al cuarto grupo, repite el movimiento, ahora ante una persona.
Arnauld lo ha apretado tanto, dice, que nadie puede sospechar que haya suavizado la crítica por consideración personal. Por eso me preocupan menos las objeciones que sí ha hecho que la satisfacción que me producen tantas cosas a las que no ha objetado.
En las respuestas al quinto grupo gira el argumento en otra dirección.
A Gassendi le dice: me parece que usted, más que refutar mis razones, procura esquivarlas mediante recursos retóricos. Incluso eso se lo agradezco, porque me permite pensar que no era fácil encontrar razones distintas de las de los grupos anteriores, que usted ya había leído. De haberlas habido, su agudeza y su dedicación difícilmente las habrían pasado por alto.
No está llamándolo torpe. Aprovecha precisamente lo contrario: si el adversario es tan capaz, el hecho de que no aporte una razón nueva ya proporciona información. Si ni él la encuentra, Descartes infiere que no debía de ser fácil encontrarla.
En el prefacio cuentan el número y la variedad de los críticos; con Arnauld, la dureza de un lector; con Gassendi, su agudeza. En los tres lugares, la capacidad del otro se convierte en un indicio favorable al autor.
Pero esa conversión necesita una condición: que el adversario sea realmente formidable y que el lector pueda verlo. Hay que imprimir las objeciones y permitir que se lean. Por eso el prefacio pide leerlas antes de juzgar. No basta con anunciar que se ha superado una prueba: la prueba misma tiene que estar en el papel, para que cada lector sopese su exigencia.
Lo que nadie señaló
Das a leer algo que has escrito y pides observaciones.
Te las hacen, y sin demasiada delicadeza. Discutes los puntos señalados: este no es correcto, aquel parte de un malentendido. Al terminar, respiras con alivio.
Queda otra cuenta: todo aquello que no señalaron. No tiene contorno, no escuece y no exige respuesta, de modo que es fácil no contarlo. Pero no tiene por qué valer cero. Allí donde una mirada que buscaba de verdad los fallos no dijo nada, puede haber alguna información.
Cuánta, depende de hasta dónde llegó esa mirada. Que quien solo leyó el primer capítulo no critique el quinto no dice absolutamente nada del quinto.
Al cerrar
Dentro del libro, un hombre ha pasado varios días pensando junto al fuego. Fuera de él, el manuscrito circuló para recibir ataques, y tanto los ataques como las defensas se imprimieron detrás. Ese intercambio ocupa mucho más espacio que las meditaciones de aquellos días.
Descartes ofrece su valoración: probablemente las objeciones importantes ya están aquí.
Y en el mismo volumen imprime los materiales con los que un lector podría refutar esa valoración.
Nota SAE opcional
La Primera crítica SAE dice que las preguntas de otra persona ofrecen una comprobación que las propias preguntas no pueden garantizar. Inmediatamente aclara que no es la única comprobación posible. Descartes da un paso más en el prefacio: como han preguntado tantos críticos y tan distintos, probablemente ya han tocado las dificultades importantes. Se colocan las dos afirmaciones una junto a otra; es una nota al margen, no una prueba.
Leer el texto SAE relacionadoFuentes
Ensayo reescrito de forma independiente para lectores de español a partir del ensayo chino completo de esta serie. No es una traducción técnica íntegra de las Meditaciones: las referencias históricas de cada entrega se detallan por separado al final. Los pasajes se presentan en versión de esta serie; las notas de edición y los enlaces finales precisan las fuentes y los límites de lo que permiten afirmar. La eventual nota SAE es una comparación opcional, no una prueba.
Notas de edición y lectura
Los pasajes principales son el prefacio latino al lector y los comienzos de las respuestas a los grupos cuarto y quinto. Lo que permita inferir la ausencia de una objeción depende del alcance y la intensidad del examen efectivamente realizado. Este ensayo no declara por ello que Descartes haya descartado todas las objeciones posibles.
El manuscrito proponía una proporción de cinco a uno sin especificar cómo se había contado. Se sustituye por una comparación de escala que no depende de una edición concreta.