Podemos gustar como personas alegres, fiables o siempre disponibles. Cuanto mejor funciona el papel, más peligroso parece abandonarlo.

El afecto suele adherirse a una figura conocida y puede desaparecer cuando cambiamos, negamos algo o sorprendemos.

Ser visto no significa ser comprendido del todo, sino conservar un lugar cuando contradecimos la imagen esperada.

Desear cariño no es un defecto. Conviene observarlo cuando su precio se vuelve una actuación permanente.

¿Podemos sorprender a esa persona sin perder de inmediato la relación? Si no, quizá se quiera más al papel que a nosotros.