«Acéptate» puede sonar como una prohibición de todo deseo de cambio.
Pero lo opuesto a aceptar no es transformar, sino negar. Si fingimos estar en otro lugar, no podemos trazar un camino.
Reconocer un dolor o una limitación es compatible con pedir ayuda, practicar y cambiar de entorno. No castigarse no congela el presente.
Aceptar dice: «empiezo aquí». En esa frase caben respeto por la persona de hoy y espacio para la de mañana.
Aceptación y cambio no forman una línea recta. Un intento de cambiar puede mostrar un límite que hace falta aceptar, y esa aceptación permite después otro movimiento. Ninguna de las dos palabras debería convertirse en arma contra uno mismo.