«Soy poco sociable» o «nunca termino nada» resume una historia y puede protegernos de expectativas irreales.

Cuando la descripción se transforma en mandato, repetimos el papel antes de escuchar la nueva situación. El acierto es excepción; el fracaso, confirmación.

No hace falta negar nuestras tendencias. Basta distinguir lo que ha ocurrido muchas veces de lo que tiene que ocurrir siempre.

Después de «soy así», añade: «sin embargo, en estas condiciones pude actuar de otro modo». La identidad puede dar forma sin sentenciar el futuro.

La descripción ayuda cuando prepara condiciones: «los grupos grandes me agotan; después reservaré tiempo a solas». Encierra cuando sentencia: «soy introvertido; ningún encuentro puede hacerme bien». La misma palabra puede servir para cuidarse o prohibirse.