Enfermedad, desempleo, vejez: prepararse es razonable y el dinero reduce daños reales.
Si queremos impedir toda desgracia imaginable, cada reserva trae una preocupación nueva. El criterio ya era que nada pudiera ocurrir.
Define el riesgo, la cantidad y el medio. Capacidades, relaciones e instituciones también forman la fuerza para recuperarse.
Seguridad no es dominar el futuro, sino conservar un próximo paso tras lo inesperado. Así la preparación puede detenerse.
Mirar la cuenta diez veces puede ofrecer diez alivios breves. Entonces no falta solo dinero: comprobar ha sustituido a sentirse seguro. Una vez decididas las protecciones concretas, también la frecuencia de revisión puede tener un límite.