Antes de saber qué queremos, a veces sabemos que «así no». La dirección se anuncia primero como una fricción que no deja de volver.

La insatisfacción señala que algo importante no encuentra lugar: quizá el cuidado frente a la rapidez, la libertad frente al rango o el trato humano frente al resultado.

Pero aún no es un veredicto. El cansancio, un mal jefe o una condición concreta pueden parecer el rechazo de una profesión entera.

Conviene convertir el malestar en preguntas: ¿qué falta exactamente?, ¿querría quedarme si cambiasen las condiciones?, ¿se repite la tensión en otros lugares?

La insatisfacción no es una dirección terminada. Bien interrogada, muestra lo que ya no podemos ignorar y dibuja el primer borde de una elección.