Aunque no sepamos qué deseamos, a veces reconocemos un camino sostenido solo por expectativas ajenas o un lugar que nos empequeñece cada día.

Descartar esas respuestas no revela enseguida la correcta. Crece el vacío y hasta la antigua certeza dolorosa puede parecer reconfortante.

Saltar a la primera etiqueta nueva solo cambiaría un préstamo por otro. Los ensayos pequeños muestran qué permanece y qué se desvanece.

Sin embargo, los rechazos no construyen una vida. Sin certeza completa, hay que elegir una posibilidad, darle tiempo y responder por la experiencia.

Encontrarse no es extraer una solución escondida. Es descartar, afirmar de manera provisional, conocer las consecuencias y volver a aprender.