Una jefatura, un mediador o una norma puede decidir mejor que un duelo interminable.

Pero «lo dice el procedimiento» no debe ocultar pruebas incompletas, ausencia de recurso o daños previsibles.

Hay que saber quién eligió la evidencia, quién pudo objetar y cuándo se puede revisar la decisión.

Aceptar un resultado adverso no obliga a cargar en silencio con errores de su aplicación.

Un tercero no crea un vacío de responsabilidad; debería repartirla de forma más visible.