Un reparto de cuidados probado durante tres meses calma a la familia aunque no decida todos los años futuros.
Despreciar lo provisional destruye una ayuda concreta; eternizarlo demasiado pronto ignora los cambios.
Fijar duración, fecha de revisión y señales de fallo permite reabrirlo sin llamar fracaso a la revisión.
«Así podemos vivir por ahora» no es una respuesta menor: devuelve tiempo a la vida.
Un buen arreglo no finge estar completo; funciona mientras sirve y permanece revisable.