Al despedirnos, «eso es lo que eres» ofrece a nuestro dolor un cierre tentador.

Lo que dejó de funcionar entre dos personas es real, pero no prueba que una conozca ya todo de la otra.

Podemos nombrar el límite cruzado, la promesa rota y el motivo de la partida sin sumar a la persona entera.

La seguridad a veces exige cortar todo contacto; no exige reducir interiormente al otro a una sola palabra.

El final juzga una forma de relación, no tiene por qué cancelar todas las posibilidades futuras de una persona.