«¿Por qué hiciste eso?» no es una pregunta abierta si toda contestación recibe de inmediato «son excusas».
La gramática amable no basta: cuando solo vale una respuesta, el signo de interrogación es una trampa.
Antes de preguntar, comprobemos si una respuesta inesperada podría modificar de verdad nuestra lectura.
Si necesitamos una disculpa, conviene nombrar el daño en vez de esconder la acusación dentro de preguntas.
Una pregunta abre una puerta; si conduce únicamente a un veredicto ya cerrado, ha dejado de serlo.