Al hablar, algunas personas son interrumpidas o ven cambiar el tema antes de terminar; escribir les devuelve su ritmo.

El texto no ayuda por ser frío, sino porque ambos pueden releer exactamente la misma formulación.

Un mensaje suele mejorar si contiene un asunto y separa hecho, efecto y respuesta solicitada.

También se puede acosar por escrito; sin seguridad, quizá sea mejor guardar los mensajes y dejar de responder.

Cambiar el medio redistribuye el tiempo para pensar y, con él, una parte importante del poder de hablar.