Si cada intento termina en gritos, explicarse todavía mejor no es la única opción.

Es posible acortar encuentros, comunicarse por escrito, acudir a un tercero y limitar con claridad lo que uno asume.

Eso no cambia a la otra persona; cambia el efecto que su falta de cambio tiene sobre nuestra vida.

Separar los contactos imprescindibles de los que solo mantiene la costumbre muestra margen de movimiento.

Que una solución conjunta fracase no obliga a una persona a soportarlo todo sola.