Cuanto más quieres llenarlo, más lo pierdes
La unidad que permite ser
Antiguamente, el cielo obtuvo lo uno y fue claro; la tierra lo obtuvo y fue estable; los espíritus, eficaces; los valles, llenos; las diez mil cosas, vivas; los soberanos, medida del mundo. «Uno» no uniforma esas realidades: es la coherencia que permite a cada una realizar su modo sin dispersarse.
Pero si el cielo quisiera ser siempre claro, se quebraría; si la tierra pretendiera fijar para siempre su estabilidad, se agrietaría. La cualidad que nace de una relación viva se destruye al convertirse en posesión absoluta. Quien dice «ya he llegado» separa el resultado del proceso que lo mantenía.
No contar hasta borrar el carro
Los nobles se llaman huérfanos, escasos e indignos porque no se atreven a tomar la elevación como esencia propia. Lo alto se funda en lo bajo igual que un carro se compone de piezas; contar una y otra vez las partes hasta negar el carro pierde el conjunto, pero venerar el carro olvidando las piezas pierde su suelo.
Laozi concluye: no desees el brillo del jade ni la aspereza de la piedra. Rechaza tanto la imagen pulida de perfección como la pose deliberadamente rústica. La unidad no es un estilo. Es mantener comunicadas forma y base, honor y dependencia, claridad y cambio. Cuando intentamos agarrar solo el polo prestigioso, cortamos la raíz que lo hacía posible.