Sobre esta edición
Nota sobre esta edición: Reescritura independiente en español a partir del original chino, concebida para lectores de lengua española.
El argumento de esta serie ha dado ya tres pasos: conservar algo propio depende de tener un destino que el sistema no haya concedido; ese destino es, además, una fuente de recursos; y la inmensa mayoría de quienes viven en el palacio interior carecen de él.
Ahora vamos a ponerlo a prueba con quien menos se parece a una persona débil.
Jinshi lo tiene todo, salvo un mundo fuera. Para estos ensayos, esa es su verdadera situación.
Lo que tiene
Empecemos por hacer inventario.
Administra el palacio interior y dispone de poder efectivo. Puede movilizar personas, investigar, proteger a unos y castigar a otros.
También tiene una cara. La serie filma su belleza como si fuera un fenómeno físico: sonríe y las damas pierden el equilibrio, se ruborizan, se quedan sin palabras. Algunas se desmayan. No es una manera de hablar. Así funciona este mundo de ficción.
Él la utiliza. Hemos visto muchas veces el momento en que cambia de registro: necesita conseguir algo, enciende la sonrisa, la dirige a alguien y todo se vuelve más fácil. Termina la gestión, apaga la sonrisa y recupera una cara corriente, un poco cansada.
Lo llama trabajar.
Todo el mundo lo trata como una cosa, y él también ha aprendido a utilizarse de ese modo.
La herramienta tiene una eficacia desmedida. Algo que exigiría trámites, favores y varios días queda resuelto con una sonrisa. En un lugar regido por normas y jerarquías, eso es un atajo.
El precio de la herramienta
Pero la herramienta tiene un precio que la serie nunca le hace expresar en voz alta.
No puede saber qué parte de la reacción de nadie se dirige a él como persona.
Quien lo trata bien, ¿lo aprecia o está bajo el efecto de esa cara? Quien hace algo por él, ¿confía en él o ha sucumbido a ese mismo efecto? Quien le guarda lealtad, ¿es leal al hombre o a su posición?
No dispone de ninguna forma de comprobarlo. Y no poder comprobarlo significa que ninguna de las respuestas que recibe le sirve para conocerse.
Para saber qué clase de persona es uno, necesita las reacciones ajenas como referencia. Todas las suyas están contaminadas por la misma variable.
Nada de lo suyo lo ha dispuesto él
Llegamos a la parte que más pesa en este ensayo.
Los primeros cuarenta y ocho episodios dejan abierta una sospecha: ¿podría Jinshi ser el hijo de Ah-Duo, intercambiado al nacer con el de la entonces emperatriz? Maomao contempla esa posibilidad. Todavía no es una historia familiar confirmada.
No podemos presentar como probado un acuerdo entre ambas mujeres, ni dar por sabido qué conocía cada una. Lo que sigue es una lectura de las pistas del anime.
La jerarquía ya determinaba, en el momento del parto, qué niño recibiría atención médica primero. En un orden así, los adultos buscan protección, pero sus decisiones pueden fijar la vida de un niño antes de que aprenda a hablar.
Si ocurrió el intercambio sospechado, dos recién nacidos habrían cargado con sus consecuencias. La hipótesis hace visible una dependencia que Jinshi conoce en cualquier caso: no eligió ni su nacimiento ni su rango.
Hagamos, pues, inventario de lo que tiene:
La cara le vino de nacimiento.
La identidad se la asignó su nacimiento, quizá también un intercambio.
La posición se la otorgaron.
La herramienta más eficaz se la pusieron en las manos sin que él lo supiera.
No hay nada en él que sea equipaje propio.
Lo que busca en Maomao
A estas alturas, su empeño en perseguir a Maomao no necesita ninguna explicación romántica.
Es la única a la que esa cara no le hace efecto. Él sonríe; ella retrocede un paso y se pone a pensar en otra cosa. Cuando lo mira, ve a un empleador, una molestia o quizá una fuente de casos interesantes.
La serie ha repetido muchas veces el chiste: él despliega todos sus encantos, ella permanece impasible y él acaba furioso.
Bajo ese chiste recurrente está el juicio de este ensayo:
Busca una respuesta que no sea producto del conjunto de atributos que le han dado.
En el palacio, todas las reacciones que suscita se dirigen al conjunto llamado «Jinshi»: esa cara, esa posición, esa identidad. Nada de eso es suyo.
Maomao no responde a ninguno de esos atributos. Su actitud viene a decir: eres mi empleador; hago el trabajo que me das; no me molestes.
Es la única respuesta que puede obtener que no se dirige a ese conjunto. Y existe porque ella tiene un mundo fuera.
Maomao no necesita obtener nada de él. Por eso su reacción no está contaminada por la pregunta «¿qué puede darme?».
Dicho de otro modo: le está pidiendo prestado un mundo fuera.
Ah-Duo se fue; él no puede
El segundo ensayo recordaba que Ah-Duo era la única de aquellas cuatro mujeres que había salido. Pudo hacerlo porque había un lugar dispuesto a recibirla.
Jinshi, en cambio, no encuentra una salida semejante.
Ocupa una posición mucho más alta y tiene mucho más poder. Puede proteger a otros, investigar casos y hacer casi lo que le venga en gana dentro del palacio.
Pero irse, no.
Porque lo que ocupa no es un puesto de trabajo, sino una identidad. No es «alguien que trabaja en el palacio interior». Es «alguien a quien otros han asignado esta vida». Se puede renunciar a un empleo. No se puede renunciar a ser quien se es.
Cuanto mayor es su poder dentro del sistema, más lejos queda el exterior: el poder y la imposibilidad de salir proceden de lo mismo.
Esta es la tesis del ensayo, y se le puede objetar algo. Habrá quien diga que después sí empezó a salir, que reveló su identidad, que quiso hacer otras cosas. La historia que continúa más allá de estos cinco ensayos tendrá que ocuparse de ello. Dentro de estos cuarenta y ocho episodios, sin embargo, no consigue marcharse ni una sola vez.
Una simetría
Dejemos, para terminar, una simetría a la vista.
Lo primero que hace Maomao en este lugar es pintarse pecas para que nadie se fije en ella.
Lo que Jinshi hace a diario es encender la sonrisa para que se fijen todavía más en él.
Se mueven en direcciones opuestas, pero responden a lo mismo: aquí, la situación de una persona depende de cómo la miran los demás.
Una reduce su visibilidad. El otro la aumenta.
Cuando ella hace ese gesto, tiene una fecha en la cabeza. Cuando lo hace él, no.
¿Cómo es, entonces, ese lugar al que ella quiere volver?
Hasta este ensayo, «fuera» ha sido una palabra positiva en nuestra lectura.
En el siguiente la abriremos para mirar lo que contiene. No será nada bonito.
Y precisamente ahí se sostiene el argumento de esta serie.
Este ensayo se basa en las dos primeras temporadas de la serie de animación televisiva, cuarenta y ocho episodios en total (2023–2025). La obra adapta las novelas de Natsu Hyuga, con diseños originales de personajes de Touko Shino y animación de OLM / TOHO animation STUDIO. La tercera temporada se estrena el 2 de octubre de 2026, y la película de historia original, concebida por la propia Natsu Hyuga, llega a los cines el 11 de diciembre de 2026; ninguna de las dos forma parte de esta lectura. Las novelas siguen publicándose.
Fuente: ensayo original en Non Dubito · Original chino, disponible en caracteres simplificados y tradicionales en la misma página; el sitio también ofrece una edición inglesa.