Non DubitoEssays in the Self-as-an-End Tradition
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Volver una y otra vez al mismo mes

Han Qin (秦汉) · Reescritura en español · 2026-10-09

Sobre esta edición

Nota sobre esta versión: Reescritura independiente en español del original chino, disponible en caracteres simplificados y tradicionales.

Homura Akemi aparece por primera vez como alumna nueva, recién llegada de otro colegio.

Es fría, inflexible, brusca al hablar. Mantiene las distancias con todo el mundo. Desde su llegada, intenta advertir a Madoka Kaname: no hagas un contrato con Kyubey.

Parece una antagonista. Parece empeñada en impedir que los demás obtengan algo bueno.

Actúa así porque ya ha visto lo que viene después. Muchas veces.

Cómo era antes

El episodio diez saca a la luz todo su pasado. Es el centro de gravedad de la serie.

La primera Homura Akemi tiene mala salud y acaba de salir del hospital. Lleva gafas y trenzas, habla bajito, camina despacio, no sigue el ritmo de la clase. Los demás la consideran un estorbo.

No se atreve a hablar con nadie. Se pasa el día disculpándose.

Madoka Kaname, que en ese momento ya es una chica mágica, la salva y la trata con afecto.

En esa versión de la historia, Madoka es la fuerte, la luminosa, la que va por delante.

Y entonces muere.

Muere combatiendo a Walpurgisnacht. Homura no puede hacer nada.

El deseo que pidió

Kyubey aparece y le pregunta qué quiere pedir.

Su deseo viene a decir esto: quiero volver al momento en que conocí a Madoka Kaname. No quiero ser la persona a la que ella protege. Quiero ser quien la proteja.

El deseo se cumple. Recibe un poder sobre el tiempo: puede hacerlo retroceder hasta el comienzo de aquel mes.

Y empieza de nuevo.

Cada vez lo hace mejor

Hay que dejar muy claro este punto, porque sostiene todo el ensayo.

Homura no se limita a dar vueltas en el mismo sitio. En cada intento mejora.

La primera vez no sabe hacer nada. Va a trompicones, incapaz de salvar nada.

Después empieza a memorizar: qué sucederá cada día, dónde aparecerá cada bruja, quién tomará qué decisión y cuándo.

Más tarde empieza a prepararse. Aprende a detener el tiempo para transportar cosas. Se lleva armas de fuego, explosivos y cañones antitanque de los arsenales. Se aprende de memoria el terreno de toda la ciudad.

También se transforma a sí misma: se deshace de las gafas, entrena el cuerpo, cambia su manera de hablar. Aprende a actuar sola. Aprende a no dar explicaciones.

Cada vez es más capaz, más precisa y está mejor preparada.

Y cada vez el resultado es peor.

Por qué

El episodio once responde a esa pregunta. La respuesta es uno de los momentos más fríos de la obra.

Kyubey lo explica: los vínculos causales de Madoka Kaname se acumulan con cada bucle temporal de Homura.

Cada vez que Homura hace retroceder el tiempo, abre una nueva línea temporal. En todas ellas Madoka está entrelazada con esos acontecimientos. Los vínculos no desaparecen al volver atrás: se amontonan sobre ella.

Su potencial aumenta sin cesar. Tanto que, según Kyubey, podría convertirse en una chica mágica capaz de torcer las leyes del universo.

Precisamente por eso Kyubey no la pierde de vista.

Dicho de otro modo:

Todo lo que Homura hace para protegerla es lo que acaba convirtiéndola en el objetivo más valioso.

Cuanto más corre Homura, más crece aquello. Cuantas más veces empieza de nuevo, más honda se vuelve la trampa.

No ha cometido un error. En cada paso, su decisión era la correcta con lo que sabía entonces, y cada vez la lleva a cabo mejor.

El problema es que la variable que intenta mejorar es la misma que determina el resultado, solo que opera en sentido contrario.

Cuanto mejor lo hace, mayor se vuelve el peligro que intenta evitar.

Ella no lo sabe. Sabe que los resultados empeoran, pero se lo explica así: todavía no soy lo bastante rápida, no tengo suficiente fuerza, no he calculado bien. La próxima vez, por tanto, será más rápida, más fuerte y calculará mejor.

Cuanto más capaz, más sola

Hay otro aspecto que la afecta a ella misma.

Cada vez que vuelve a empezar, solo ella recuerda.

Las demás regresan al principio de aquel mes, vuelven a hacer lo mismo, repiten las mismas palabras y cometen los mismos errores. No la conocen.

Homura, en cambio, las conoce a todas. Sabe quién morirá y qué día, qué deseo pidió cada una y en qué acabará convirtiéndose.

Así no encuentra la manera de establecer una relación con nadie. Lo ha intentado: en los primeros bucles les contó la verdad. Nadie la creyó.

Cambia entonces de método. Deja de hablar. Actúa sola, se prepara sola y carga sola con todo.

Cuanto más capaz se vuelve, más sola está.

Visto desde fuera, todo eso tiene el aspecto de una alumna nueva, helada, arisca, que actúa por motivos incomprensibles.

También a ojos de Madoka.

¿Está bien lo que hace?

No pretendo resolver esa pregunta en este ensayo.

Pero sí podemos poner algunas cosas sobre la mesa.

Hay una frase inequívoca en su deseo: no quiero ser aquella a la que ella protege; quiero ser quien la proteja.

El deseo incluye, por tanto, un intercambio de posiciones. Homura quiere ocupar el lugar de «la protectora».

Una vez ocupado, ese lugar ya no está vacío. En cada una de las líneas temporales que le quedan a Madoka, hay alguien que ya está tomando decisiones por ella.

La obra tampoco hace que Homura advierta este hecho. No hay una escena en la que alguien le diga que lo suyo también es una forma de control.

Se limita a dejarla actuar una vez y otra. Las causas y sus efectos se acumulan, capa sobre capa, y la persona protegida adquiere cada vez más peso.

La última vez

Cuando llegamos a la línea temporal de la serie, la que vemos como espectadores, Homura ya lo ha intentado muchas veces.

Desde el comienzo trata de impedir que Madoka firme. Es brusca con todo el mundo. Lleva encima un arsenal entero.

Y esta vez vuelve a fracasar.

Llega Walpurgisnacht. La ciudad se desmorona. Homura combate sola y no puede ganar.

Está de rodillas. Su gema está casi negra.

Lo que dice en ese momento viene a ser esto: ya no sé qué hacer. Si sigo así, solo repetiré lo mismo una vez tras otra.

Entonces Madoka se acerca.


Y el deseo que pide no se parece al de ninguna de las demás.

Llegamos al último ensayo.