Edición: reescritura independiente en español del original chino, disponible en caracteres simplificados y tradicionales en una misma página.
A un chico de catorce años lo llaman para que vaya a una ciudad donde nunca ha estado. Lo ha llamado su padre: el hombre que lo dejó al cuidado de otros cuando era pequeño y que, desde entonces, apenas ha mantenido contacto con él.
La ciudad está siendo atacada. Cuando llega, suenan las alarmas, las calles están vacías y algo vuela sobre su cabeza. Lleva un papel con una dirección y la fotografía de una mujer.
Alguien lo recoge y lo conduce bajo tierra. Bajan y siguen bajando. Entonces ve algo enorme: un rostro, medio sumergido en un líquido, más alto que un edificio.
Su padre está allá arriba, lejos, al otro lado de un cristal. Le dice que suba. Es lo primero que le dice en diez años.
El chico se niega.
Entra entonces una camilla. Encima hay una chica cubierta de vendas, con un ojo tapado y medio inconsciente. Su padre dice que, en ese caso, irá ella.
El chico sube.
Este ensayo empieza en esos tres minutos.
Lo que hay dentro de la máquina
Antes de seguir, debo añadir algo que la escena no cuenta y que está en el fondo de todo lo que ocurre: dentro de esa máquina está su madre.
Diez años antes, Yui Ikari participó en un experimento de contacto con la Unidad 01. La máquina la absorbió y ella desapareció. Shinji estaba presente; tenía cuatro años. Ahora le han pedido que se siente dentro de aquella misma máquina.
El primer episodio no revela nada de esto. La serie reserva esa información para mucho después. La primera vez que vemos la escena, un padre está presionando a su hijo. Cuando volvemos a verla sabiendo lo que hay dentro, ese padre está metiendo al hijo dentro de su madre.
No hace falta desarrollar esta capa. Basta con dejarla ahí.
Cómo funcionan esos tres minutos
Veamos primero qué fuerzas actúan en la escena. A Shinji nadie lo ha convencido. Nadie ha razonado con él, le ha explicado la importancia de lo que va a hacer ni le ha prometido nada.
Tampoco lo han obligado por la fuerza. Nadie lo sujeta ni lo amenaza. Tomada al pie de la letra, la decisión de enviar a la chica incluso lo exime de responsabilidad: si tú no lo haces, buscaremos a otra persona.
Sube porque el precio de negarse se le presenta en forma de una persona.
Es un procedimiento que apenas exige esfuerzo. No necesita persuasión, coacción ni una sola palabra acerca del deber. Solo hay que poner ante sus ojos las consecuencias de la otra opción, encarnadas en un cuerpo concreto que está sangrando.
Y quien le muestra esas consecuencias es también quien las ha producido. Las heridas de esa chica son responsabilidad suya: él autorizó el experimento de activación de la Unidad 00, y el accidente ocurrió en la institución que dirige.
Primero fabrica el precio de la negativa; después lo hace entrar en una camilla para que su hijo lo vea. No hay un solo paso del procedimiento que le exija decir una palabra más.
Las razones que da después
En los veintitantos episodios que siguen, a Shinji le hacen una y otra vez la misma pregunta: ¿por qué sigues pilotando? Las respuestas siempre vuelven a lo mismo. Porque lo felicitan. Porque, si pilota, los demás lo consideran útil. Porque, si deja de hacerlo, nadie lo necesitará. Él mismo lo dice, y lo dice sin rodeos. Sabe perfectamente de qué está dependiendo.
Sigue pilotando porque alguien lo necesita. Y quienes le suministran esa necesidad son siempre los mismos.
La organización lo elogia, le asigna misiones y decide si sirve o no sirve. La propia forma de funcionar de esa organización le enseña la premisa de todo lo demás: si no pilotas, nadie te necesita.
Lo han traído a esta ciudad, le han buscado alojamiento y lo han enviado a una escuela. Todas las personas que conoce están dentro del sistema; todo aquello de lo que hablan gira en torno a lo mismo. En esta ciudad no tiene nada que no esté relacionado con los EVA.
En unas condiciones así, pensar «si no piloto, nadie me necesita» no es una muestra de baja autoestima. Es describir la situación con exactitud. Cuando una persona solo dispone de una cosa con la que conseguir que la necesiten, quien controla esa cosa la controla a ella.
Sus días
Miremos la vida cotidiana de este chico de catorce años. Al principio vive en un lugar vacío. Después Misato Katsuragi se lo lleva a su casa, donde hay latas de cerveza, envases de fideos instantáneos y un pingüino.
Va a clase. Sus compañeros saben que es piloto: unos lo admiran, otros le pegan. Vuelve del combate, se baña, prepara la comida y se acuesta. Al día siguiente, cuando suena la alarma, vuelve a salir.
Muchas de las cosas que mata no tienen rostro. Unas cuantas sí.
La serie filma todo esto con una sobriedad extraordinaria. No pone música a la hazaña ni primeros planos al trauma. Deja que el chico termine una batalla, vuelva a casa y se ponga a cocinar.
Y él nunca dice que quiera proteger algo. La obra no le concede una sola frase de ese tipo, ni un episodio en el que se ponga en pie y proclame sus razones. Cada vez que se lo preguntan, responde lo mismo: porque lo van a felicitar; porque, si no pilota, no hay sitio para él. Sabe de qué está hecho este arreglo y no trata de disimularlo.
La vez que dijo que no
En el cuarto episodio se escapa. Se marcha de la ciudad en tren y pasa unos días dando vueltas por ahí: va al cine, duerme en un banco.
Después lo encuentran y lo hacen volver. A su regreso no lo castigan, pero tampoco consiguen transformarlo con palabras. Misato habla con él y, más adelante, va a su encuentro. Él vuelve a subirse a la máquina.
La serie no saca ninguna moraleja de esta fuga. No demuestra que sea un cobarde ni que haya madurado. Solo demuestra que puede irse, pero que no tiene otro lugar adonde ir.
Lo que hace durante esos días es muy concreto: viajar, ver películas, comprar algo en una tienda de conveniencia, dormir en un banco, pasar el rato con un compañero de clase al que acaba de conocer. Ese es todo el repertorio de cosas que un chico de catorce años puede hacer por su cuenta.
Luego se le acaba el dinero, cambia el tiempo y vienen a buscarlo.
Se puede decir que no. Pero después hace falta tener otro lugar, y él no lo tiene.
La chica
Volvamos a la camilla del principio. La chica se llama Rei Ayanami. Es la piloto de la Unidad 00, la primera elegida. Sus heridas proceden del accidente en el experimento de activación de esa unidad.
Cuando Shinji la ve, la están sacando para que cumpla la función de «la otra opción». Esto solo funciona porque la organización, de hecho, puede enviarla. Aun herida de esa manera, sigue figurando entre las alternativas utilizables.
En ese momento parece, simplemente, cruel. Más adelante sabremos que hay algo más que crueldad. Porque de ella hay recambios.
De eso trata el siguiente ensayo.