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Volver a abrir el Zhuangzi · Ensayo 7 · El señor de Fan

Delante de él repitieron tres veces: «Tu Estado ha desaparecido»

El señor de Fan no niega lo que ha perdido. Separa esa pérdida de una sentencia sobre la totalidad de su persona, y devuelve la pregunta a quien aún conserva el poder.

Han Qin ·

Al final de Tian Zifang, el rey de Chu y el señor de Fan están sentados juntos. El pasaje es breve: no describe un banquete ni cuenta cómo han llegado allí. Lo primero que oímos es la voz del entorno del rey:

El rey de Chu estaba sentado con el señor de Fan. Al poco, quienes rodeaban al rey dijeron tres veces: «Fan ha caído».

Delante del propio señor de Fan, la frase «el Estado de Fan ha caído» suena tres veces. Él no se enzarza en una disputa. Responde:

La caída de Fan no basta para suprimir mi existencia. Si la caída de Fan no basta para suprimir mi existencia, la permanencia de Chu tampoco basta para asegurar esa existencia. Visto así, Fan nunca ha caído y Chu nunca ha permanecido.

Un hombre ha perdido su Estado; el otro todavía lo posee. Parece que ya estuvieran repartidos los papeles: quién debe avergonzarse, quién puede consolar a quién. El señor de Fan se niega a seguir sentado conforme a ese reparto.

1. No ha dicho que no le duela

A menudo se lee este pasaje como una muestra de amplitud de ánimo: hasta después de perder un Estado sabe tomarse las cosas con distancia. También puede parecer una victoria imaginaria: como he perdido, declaro que ganar y perder no existen. Pero él no dice «no me importa» ni «no merece tristeza»; tampoco aporta pruebas de serenidad. Ni siquiera niega que Fan haya caído. En la situación que el relato presenta, la pérdida está ahí, y ninguna frase brillante la borra. Lo que detiene es otro juicio que viene pegado a ella: como Fan ha desaparecido, tú también has desaparecido como persona.

Esas dos afirmaciones suelen estar tan juntas que creemos haber oído una sola. Ha ocurrido un fracaso y, a continuación, «eres un fracasado» adopta sin ruido el tono de un hecho. El señor de Fan las separa. La primera puede ser verdadera; eso no da permiso a la segunda para pasar.

2. Por qué decirlo tres veces

El original no nos cuenta qué pensaba cada cortesano ni con qué tono habló. Pero la repetición hace que el lector perciba algo más que una noticia comunicada una vez. Al sonar una y otra vez delante del afectado, vuelve a señalar el lugar que se le asigna: tú eres el que ha perdido su Estado. No es solo la pérdida lo que hiere. También pesa una clasificación conocida: poseer o no poseer un Estado, tener o perder influencia, merecer ser escuchado o hacer mejor en callarse. El señor de Fan no se queda preguntando qué han querido decir. Su respuesta pasa por encima de la disputa sobre el tono y alcanza esa clasificación.

No estamos obligados a imitar su agudeza. Hay situaciones que exigen protestar y otras en las que marcharse es lo seguro. Pero, después de que una frase nos hiera, además de preguntarnos si era deliberada, podemos preguntar por qué ese hecho parece haber adquirido de pronto autoridad para juzgarnos por entero.

3. «No basta» no significa «no afecta»

Lo que más me interesa conservar es ese «no basta». No significa que la pérdida sea irrelevante ni que no deje heridas: significa que no es suficiente. La desaparición de Fan no alcanza para cancelar también mi existencia. Leído así, no hay que empequeñecer primero la pérdida para poder mantenerse como persona. Puedes sufrir mucho, admitir que tu vida se ha trastornado y necesitar ayuda sin aceptar además que ya no eres nadie. El señor de Fan tampoco añade una lista de componentes indispensables del verdadero yo. No exige que el otro certifique primero su virtud, su talento o su cultivo personal para permitirle seguir existiendo.

La frase deja, por eso, un espacio algo más amplio. No consiste en presentar otro logro impecable a cambio de recuperar la condición perdida. Todavía no tienes un nuevo trabajo, no has terminado una nueva obra, quizá ni siquiera sabes decir por ahora qué quieres. Nada de eso te obliga a esperar aquí una nueva aprobación.

4. La respuesta tiene una segunda mitad

Si termináramos en «perder el Estado no es perderse a uno mismo», el pasaje se convertiría fácilmente en un consuelo conocido. Lo que le da fuerza es el giro siguiente. Si la caída de Fan no cancela mi existencia, la permanencia de Chu tampoco puede garantizarte la tuya. La expresión cun cun (存存) no se deja agotar en una sola frase moderna. Siguiendo el contexto, yo leería el giro de esta manera: poseer un Estado no basta, por sí solo, para responder quién eres. La última frase, «Fan nunca ha caído y Chu nunca ha permanecido», no borra entonces la realidad de los dos Estados; rechaza que su caída o permanencia dicte la última sentencia sobre los dos hombres.

Eso no significa que el rey de Chu carezca de valor. Al contrario: su valor tampoco debería proceder únicamente del trono. El señor de Fan no ha demostrado ser más lúcido que él. Perder no trae automáticamente claridad, y quien triunfa también puede interrogarse con seriedad. El relato los coloca ante una misma pregunta, en lugar de volver a coronar campeón al derrotado. Una tarjeta de visita puede desaparecer. También puede seguir en nuestra mano sin que ya la confundamos con la persona entera.

5. La pausa después del nombre de la empresa

En la vida de Silicon Valley que conozco hay una entrada muy pequeña a este relato. Al conocer a alguien te preguntan dónde estás, y la respuesta suele ser el nombre de una empresa. Resulta práctico: da contexto y permite continuar la conversación. El problema no es hablar del trabajo, sino que ese nombre a veces habla demasiado por la persona. Sin saber apenas qué ha hecho ni qué le importa, quien escucha ya la ha valorado.

Más tarde cierra la empresa, desaparece el proyecto o llega la lista de despidos. Otros preguntan si estás bien o qué piensas hacer. Esas preguntas pueden expresar una preocupación auténtica. No tenemos por qué traducir cada saludo en una ofensa; a veces son precisamente esos gestos los que nos hacen saber que no nos han abandonado. Cuesta más advertir la media frase que nosotros mismos hemos añadido al escucharlos: ahora ya no eres nadie, ¿verdad?

Perder el trabajo tiene costes muy reales. Las facturas no se detienen por haber entendido al señor de Fan; también pueden verse afectadas tu situación administrativa y la vida familiar. Reclamar una compensación, buscar empleo y aceptar apoyo no contradice que uno sea más que su trabajo. Esa idea protege algo distinto: al ocuparte de todo ello, no tienes por qué cargar además con la sentencia de que toda tu persona ha sido derrotada. Y el relato tampoco deja al margen a quien acaba de salir a bolsa o de ascender. El éxito de la empresa no responde de una vez por todas a las preguntas sobre ti. Ahí está su mayor fuerza: no es solo una frase para los que atraviesan una mala racha.

6. Queda alguien más sentado allí

Quienes dicen «Fan ha caído» son los acompañantes del rey de Chu. Pero la respuesta del señor de Fan incluye también a Chu. El original no registra cómo reaccionó el rey. Su silencio en el texto no nos autoriza a afirmar que por dentro aprobara a los cortesanos, y mucho menos a completar una historia en la que nunca los hubiera frenado. Aun así, la disposición de la escena permite hacer una pregunta: si alguien con peso está presente, ¿no tiene ninguna relación con él la manera en que los demás tratan a otra persona?

Después de que un proyecto fracase, en una reunión empiezan las bromas sobre su responsable. Quizá no las haya iniciado quien dirige el equipo; su reacción, sin embargo, puede decidir si continúan. Añadir una pulla, sumarse a las risas o volver la conversación hacia el problema concreto crea ambientes distintos. Eso no convierte cualquier silencio en complicidad. Alguien puede no haber tenido tiempo de reaccionar, no estar a salvo o necesitar otro momento. Pero quien tiene una posición desde la que puede cambiar la situación haría bien en preguntarse si ciertas cosas que no ha dicho personalmente se vuelven aceptables gracias a su presencia.

La respuesta del señor de Fan ilumina tanto a quien ha perdido su posición como a quien todavía la ocupa.

7. Después de borrar una línea

Los relatos anteriores se fijaban sobre todo en cómo tratamos a los demás. Los amigos de Hundun traían un dibujo de lo normal; el señor de Lu, una organización de la buena vida. Aquí ese dibujo quizá ya esté en nuestro propio bolsillo. A veces lo hemos recibido con gusto porque resulta útil y respetable; otras, todo el entorno nos exige usarlo para acceder a oportunidades. Sería demasiado simple reprochar a alguien que él mismo da demasiada importancia a los títulos. Detrás de ellos puede haber sustento y puertas que se abren. Pero que algo importe mucho no significa que pueda representarlo todo.

Si mañana desaparece esa línea de mi tarjeta, ¿cómo podría presentarme? No siempre es una pregunta que pueda responderse de inmediato. Tampoco hace falta correr a llenar el hueco con aficiones, familia u otro logro. Podemos dejar esa línea en blanco por un tiempo. Alguien que sigue viviendo no tiene por qué entregar enseguida una explicación sustitutiva igualmente respetable.

8. No convertir lo que queda en otra nota

Es fácil transformar este relato en otro examen: mira, alguien verdaderamente fuerte no se tambalea pierda lo que pierda; ¿por qué tú sigues sufriendo tanto? Así volveríamos a usar al revés las palabras del señor de Fan. Él rechaza precisamente que un solo hecho decida sobre la totalidad de una persona. No podemos volvernos después a clasificar a las personas en dignas o indignas de respeto según la serenidad que conserven al perder algo. Hay cosas que se recuperan despacio, relaciones que necesitan una mano tendida por otro y días en los que comer bien y atender lo inmediato ya cuesta mucho. Fan ha caído. La pérdida es real.

Pero, cuando la frase suena por tercera vez, en el relato sigue habiendo alguien capaz de responder. Su respuesta no devuelve el Estado. Nos deja oír, en cambio, que esa pérdida todavía no tiene derecho a decir la última palabra sobre él.

Texto y notas de lectura

Reescritura independiente para lectores de español a partir del ensayo chino completo. El inglés existente se escribió también de forma independiente, y las versiones en chino simplificado y tradicional ofrecen el texto íntegro. Los pasajes clásicos de la serie se presentan en versión española para estos ensayos, no como traducción completa de la obra antigua. Las comparaciones contemporáneas y las interpretaciones desarrolladas son lecturas del autor, no sucesos adicionales relatados en el original. Los enlaces a la investigación remiten a las versiones existentes en inglés y chino.

Pasajes, interpretaciones y fuentes

Pasaje e interpretación: Tian Zifang.

La página china conserva las citas clásicas; la narración inglesa se escribió de nuevo para esta edición. Aquí los pasajes se ofrecen en versión española independiente. Las comparaciones contemporáneas y los desarrollos interpretativos pertenecen a la lectura del autor: no son episodios adicionales que el texto antiguo relate.