012 / 108 · Construir un mundo
Du Fu, una vida labrada en poesía
De la cumbre del monte Tai a una casa que no resiste la lluvia: cómo un hombre herido por su tiempo siguió haciendo sitio a los demás.
I. Algún día alcanzaré la cumbre
De joven, Du Fu escribió un poema sobre el monte Tai.
¿Cómo decir la grandeza de esta montaña del este?
Su verdor no termina entre Qi y Lu.
La naturaleza reúne aquí su prodigiosa belleza;
la ladera en sombra y la iluminada separan noche y día.
Capas de nubes me agitan el pecho;
abro los ojos tras las aves que regresan.
Un día alcanzaré la cumbre más alta
y veré pequeñas todas las montañas.
Algún día llegaré hasta arriba. Desde allí, las otras montañas parecerán pequeñas. El porvenir todavía es algo que se puede subir a pie.
Habla un hombre de veintitantos años, que recorre las tierras de Qi y Zhao. Parece que no hay nada que no se atreva a imaginar. Su linaje se remontaba al general Du Yu, de la dinastía Jin; su abuelo, Du Shenyan, había sido poeta en los primeros tiempos de los Tang. Había leído mucho. Más adelante expresaría con claridad su ambición: elevar al soberano por encima de Yao y Shun, los antiguos reyes sabios, y devolver la sencillez a las costumbres.
Quería un cargo. Quería llegar a la corte. Que el ideal político de Confucio encontrara un lugar en su propio tiempo.
Durante los treinta y tantos años siguientes, la realidad iría golpeando con el cincel aquella confianza luminosa.
II. No queda ningún sabio fuera
Se presentó al examen de jinshi, una de las vías de acceso a la administración imperial, y suspendió.
Suele fecharse ese intento en 735. Tenía poco más de veinte años. Después siguió viajando: un tropiezo no bastaba para dar por terminado el camino.
En 747, el emperador Xuanzong convocó a hombres que destacaran en alguna capacidad. Du Fu, ya entrado en la treintena, acudió al examen especial en Chang'an. No era simplemente repetir la prueba anterior: el emperador parecía abrir una puerta nueva.
El Espejo general para ayudar a gobernar cuenta que el primer ministro Li Linfu temía que los candidatos ajenos a la corte hablaran con demasiada franqueza de sus asuntos. Organizó sucesivos filtros. No aprobó nadie. Entonces felicitó al emperador: ya no quedaba ningún talento sin descubrir entre el pueblo.
La puerta se había cerrado. Quien la cerraba presentaba el cierre como prueba de un gobierno admirable.
A quienes habían llegado para servir al país, la broma difícilmente les haría gracia. Du Fu llevaba ya un tiempo en la capital. Tras el examen, habría que seguir esperando.
III. Diez años en Chang'an
Entre aproximadamente 746 y 755, Du Fu pasó casi una década tratando de salir adelante en Chang'an.
Dedicaba poemas a personas influyentes, con la esperanza de conseguir una recomendación. Buscar un protector era llevar la propia obra a una puerta ajena. Un poema dirigido al alto funcionario Wei, de los primeros años de aquella estancia, contiene ya su sabor amargo:
Elevar al soberano por encima de Yao y Shun,
devolver la sencillez a las costumbres:
ese propósito se ha marchitado. Canto al caminar,
pero no soy un hombre retirado del mundo.
Treinta años a lomos de un asno;
primaveras en la capital, comiendo de mesa en mesa.
Al alba llamo a las puertas de los ricos;
al anochecer sigo el polvo de sus caballos bien cebados.
Vino sobrante y carne fría:
en todas partes, una pena amarga que debo ocultar.
Primero, el propósito de ayudar al soberano a superar a los reyes sabios. Inmediatamente después, el desaliento. Su deseo había quedado sin salida; eso no lo convertía en alguien dispuesto a retirarse de buena gana.
Puertas de ricos por la mañana. Polvo de caballos al caer la tarde. Sobras, carne fría, dependencia. El poema lo comprime todo hasta que cuesta respirar.
El joven que iba a alcanzar la cumbre seguía esperando, año tras año, en el polvo de las caballerías de la capital.
En 755 obtuvo por fin un puesto menor: un cargo encargado de armas y otros asuntos de una unidad de la guardia del príncipe heredero. No el centro del gobierno, sino un rincón de su enorme maquinaria.
Había querido elevar a un soberano por encima de Yao y Shun. Al cabo de tantos años, lo esperaban armas y registros.
Aceptó. Antes había rechazado un nombramiento como oficial subalterno del distrito de Hexi, poco dispuesto a soportar sus carreras y humillaciones. Lo dijo con bastante claridad en un poema: este viejo teme andar de un lado para otro; que le dejen un poco de sosiego en la guardia. Necesitaba un sueldo. También quería conservar algo de sí mismo.
Este fue el primer corte. No un golpe repentino, sino una hoja sin filo que fue rozando durante diez años.
IV. Mi hijo menor había muerto de hambre
Hacia finales de 755, por las fechas en que estalló la rebelión de An Lushan, Du Fu salió de Chang'an para visitar a su mujer y a sus hijos en Fengxian. Acababa de conseguir aquellos modestos ingresos oficiales.
En el largo poema sobre ese viaje puso dos mundos a lo largo de un mismo camino. En la corte, junto al monte Li, calor, banquetes y sedas. Fuera, frío, hambre y muerte. También aquellas telas espléndidas habían salido de las manos de gente que trabajaba duramente.
Llegó a casa.
Al cruzar la puerta oí los llantos;
mi hijo menor ya había muerto de hambre.
Una puerta que se abre. El llanto. Su niño está muerto.
¿Cómo no habría de llorarlo?
También los vecinos sollozan.
Me avergüenza ser su padre:
sin comida, aquella vida tan pronto cortada.
La vergüenza de un padre: no haber podido darle de comer. No haber conseguido mantenerlo vivo.
Ya era un pequeño servidor del imperio. Y, aun así, su hijo había muerto de hambre.
En ese mismo poema aparecen dos versos célebres:
Tras las puertas rojas, el olor del vino y de la carne;
en el camino, huesos de quienes murieron de frío.
Abundancia y muerte. Entre una y otra, una puerta.
En el poema, estos versos preceden a la llegada a casa. Pero el dolor no se organiza según un itinerario. Un padre que ha perdido a su hijo reúne la corte, el camino y su hogar en una sola imagen. La desigualdad ya no es un asunto que se discuta desde lejos.
El segundo corte llegó más hondo que la frustración de una carrera. Entró en su casa.
V. El país roto, los montes y los ríos siguen ahí
En 756 cayó Chang'an. Xuanzong huyó hacia Sichuan y Suzong fue proclamado emperador en Lingwu. Du Fu dejó a su familia en Fuzhou y partió en busca del nuevo soberano.
Los rebeldes lo interceptaron. Quedó atrapado en Chang'an. La capital seguía allí, pero ya no era la misma.
En la primavera de 757 escribió Vista de primavera.
El país roto; los montes y los ríos permanecen.
Primavera en la ciudad: la hierba y los árboles crecen espesos.
Duelen los tiempos, y ante las flores caen lágrimas;
duele la separación, y las aves sobresaltan el corazón.
Las señales de guerra se prolongan mes tras mes;
una carta de casa vale una fortuna.
Me rasco el cabello blanco, cada vez más escaso:
apenas podrá sostener ya una horquilla.
El paisaje permanece; el orden humano está destrozado. La primavera llega con puntualidad. Crecen las plantas. Hasta las flores y las aves se han vuelto motivo de dolor.
La guerra continúa. ¿Por qué vale tanto una carta? Porque no sabes si las personas que quieres siguen vivas.
La mano vuelve al cabello blanco. Cada vez queda menos. La ruptura del mundo acaba depositada en un gesto que el propio hombre quizá ni advierte.
Más tarde logró escapar a Fengxiang. «Con sandalias de cáñamo me presenté ante el emperador; mis mangas dejaban los dos codos al aire». Sandalias, mangas rotas, los codos descubiertos. Suzong le concedió el cargo de zuo shiyi, un puesto de consejero desde el que podía dirigir advertencias y críticas al soberano.
Estaba cerca de su antiguo propósito de orientar al gobernante. Por fin podía hablar.
Y habló. Cuando Fang Guan fue destituido como primer ministro, Du Fu presentó un escrito en su defensa. Suzong, enfurecido, ordenó investigarlo. El ministro Zhang Gao alegó que castigarlo cerraría la vía de la crítica. Du Fu se libró de la condena.
No fue enviado a Huazhou al día siguiente del incidente. Pero la confianza había sufrido. En 758 recibió un cargo provincial allí; en 759, durante la hambruna que afectaba a la región de la capital, dejó el puesto y salió hacia el oeste con su familia.
No renunció para siempre a todo empleo: años después entraría al servicio de Yan Wu. Sin embargo, la gran vía que debía conducirlo a su ideal había vuelto a partirse bajo sus pies.
El tercer corte. Cuando más cerca estuvo de la corte, vio también lo que esta podía hacer con una palabra que alguien se negaba a tragarse.
VI. ¿Cómo conseguir diez mil casas?
Llegó a Chengdu a finales de 759. Con ayuda de familiares y amigos, al año siguiente levantó una casa de techo de paja junto al arroyo Huanhua. Más adelante recibiría también el apoyo de Yan Wu. Por un tiempo, un hombre desplazado tuvo donde asentarse.
En el octavo mes lunar de 761 llegó el viento de otoño.
Octavo mes, el otoño en lo alto: el viento ruge furioso,
arranca las tres capas de paja de mi techo.
La paja cruza el arroyo, se dispersa por las orillas;
la más alta queda prendida en las copas,
la más baja gira y cae en los huecos del estanque.
Los niños del pueblo se burlan de mi vejez y mi flaqueza:
¡se atreven a robarme delante de mis ojos!
Abrazan la paja y se meten, tan tranquilos, entre los bambúes.
Se me secan los labios de gritar; no consigo que vuelvan.
Regreso, me apoyo en el bastón y suspiro.
El techo ha salido volando. El anciano del poema ve huir a los niños con la paja y los llama ladrones. Grita hasta quedarse seco. Nadie vuelve. Regresa apoyado en el bastón y suspira.
Después oscurece. Empieza a llover.
De pronto amaina el viento; las nubes tienen color de tinta.
El otoño se hunde en una oscuridad inmensa.
La vieja colcha de tela está fría como el hierro;
mi niño, inquieto al dormir, ha roto a patadas el forro.
Junto a la cama gotea el techo: no queda un lugar seco.
Los hilos de lluvia, espesos como cáñamo, no cesan.
Desde que empezó la guerra he dormido tan poco…
¿Cómo atravesar esta noche interminable y empapada?
Una colcha fría como el hierro, con el forro roto por las patadas del niño dormido. Ningún rincón seco junto a la cama. La guerra ya le quitaba el sueño; ahora no sabe cómo llegar al final de esta noche mojada.
Bastaría con eso. A quien acaba de perder el techo le sobran motivos para pensar solamente en su techo.
Pero, desde el punto más bajo, el poema se vuelve de pronto hacia lo más alto:
¿Cómo conseguir diez mil casas grandes,
que cobijen a todos los letrados pobres del mundo, con el rostro alegre,
firmes ante el viento y la lluvia, seguras como montañas?
¡Ah, cuándo veré levantarse esas casas!
Que solo mi choza quede en ruinas:
aceptaría morir de frío, si eso pudiera ser.
Que tengan casa. Que puedan sonreír. Que sus hogares resistan la tormenta. Si de verdad pudieran aparecer esas casas, él aceptaría perder la suya.
Su tejado está roto y, sin embargo, su mirada va más allá. El poema habla primero de los letrados pobres: no debemos borrar a esas personas concretas. Pero en el movimiento de la mirada podemos leer una preocupación capaz de abrirse también a otros que sufren.
La última frase lleva un deseo personal hasta el extremo. No ordena a cada víctima que se sacrifique. No me conmueve la idea de que morir de frío haga bueno a alguien. Me conmueve que su propio frío no le haya impedido ver a los demás.
Esta es una de las formas que encuentro en Du Fu del ren, la humanidad de la que hablaba Confucio. Confucio respondía de distinta manera a distintas personas. Du Fu responde con una casa llena de goteras. Una palabra abstracta adquiere de pronto el peso de una colcha mojada.
VII. Una gaviota entre el cielo y la tierra
Yan Wu murió en 765. Du Fu perdió un apoyo importante, dejó Chengdu y empezó a bajar por el río hacia el este.
Pensamientos durante una noche de viaje suele fecharse ese año. En la oscuridad están la hierba de la orilla y el mástil alto de una barca:
Hierba fina, una brisa junto a la ribera;
un mástil alto, una barca sola en la noche.
Las estrellas cuelgan sobre la llanura que se ensancha;
la luna se agita con la corriente del gran río.
¿Acaso debo mi nombre solo a la escritura?
¿Dejé el cargo tan solo por viejo y enfermo?
Voy a la deriva: ¿a qué me parezco?
A una gaviota entre el cielo y la tierra.
¿Solo sus poemas le han dado un nombre? ¿Fue de veras la edad, o la enfermedad, lo que lo apartó del cargo? Bajo las dos preguntas hay un descontento que no cabe entero en ellas.
No es que nunca hubiera querido escribir. Trabajó largamente el oficio del poema; llegó a decir que no descansaría ni muerto si sus palabras no asombraban. Pero la fama literaria no sustituía su deseo de intervenir en los asuntos del mundo. Una vía se estrechaba; otra voz se hacía más honda.
¿A qué me parezco? En la inmensidad del cielo y de la tierra, una gaviota sin lugar donde quedarse.
Entre 766 y 768 vivió casi dos años en Kuizhou. Allí escribió en 767 Subir a lo alto. Mucho después, el crítico de la dinastía Ming Hu Yinglin lo consideraría el mejor poema regulado de siete caracteres de todos los tiempos. Luego Du Fu seguiría rumbo a Hunan.
Viento recio, cielo alto, el lamento de los monos;
islotes claros, arena blanca, las aves vuelan en círculos.
Caen sin fin las hojas, con su rumor incesante;
sin agotarse llega el Yangtsé, rueda y rueda.
Lejos de casa, triste en otoño, siempre huésped;
toda una vida de enfermedades, subo solo a la terraza.
Penalidades y pena amarga han escarchado mis sienes;
abatido, hace poco dejé la copa de vino turbio.
Dos versos, catorce caracteres chinos: lejos, siempre huésped; toda una vida enfermo, subiendo solo.
La gran distancia abre el espacio. La vida entera despliega el tiempo. El otoño trae la tristeza de la estación. La enfermedad la lleva al cuerpo. Ser siempre huésped: no tener un hogar estable. Subir solo: no tener compañía.
Leídas así, son seis capas de sufrimiento dentro de un solo dístico. El sufrimiento no se ha transformado por sí mismo en poesía. Un poeta ha colocado esas cosas muy juntas, mientras deja correr, a su lado, el gran río.
VIII. Nada logrado, las lágrimas como lluvia
En 770, Du Fu se acercaba a los sesenta años: tenía cincuenta y nueve según el cómputo tradicional chino. En sus últimos poemas aparecen un brazo derecho debilitado, un oído que falla, la sed y las flores vistas como a través de la niebla de unos ojos envejecidos.
En los cursos de agua de Hunan, un hombre enfermo desde hacía tiempo seguía escribiendo.
Postrado en una barca por la enfermedad del viento: pensamientos en treinta y seis rimas, dedicados a familiares y amigos de Hunan pertenece a sus obras más tardías. El título conserva la enfermedad, la barca, la almohada y los amigos. No se ha desconectado del mundo. Todavía habla a alguien.
El poema acaba así:
La sangre de las batallas fluye como antes;
el estruendo de los ejércitos continúa.
Ge Hong habrá abandonado su cuerpo mortal;
Xu Jing aún pudo asumir un cargo en la vejez.
El secreto familiar del elixir de cinabrio:
nada logrado; mis lágrimas caen como una larga lluvia.
Sigue corriendo la sangre. Siguen sonando los ejércitos. El cuerpo está agotado, pero la guerra no termina porque él esté cansado.
La inmortalidad de Ge Hong, el servicio de Xu Jing en la vejez, los secretos del cinabrio: todo se agolpa en los últimos versos. Vivir más, seguir siendo útil. «Nada logrado» recoge deseos incumplidos. Las lágrimas caen.
Hay desolación. Pero dos palabras no son un veredicto firmado sobre una vida entera. El poema dice el dolor; no liquida las cuentas de una existencia.
Murió en 770. El lugar preciso y la causa de su muerte siguen siendo discutidos. La Nueva historia de los Tang cuenta que murió en Leiyang después de beber vino y comer carne de vaca. El epitafio anterior de Yuan Zhen solo dice que murió lejos de su hogar y fue sepultado provisionalmente en Yueyang. No establece una causa médica.
No pudo ver lo que vendría después: su creciente prestigio desde la dinastía Song, los nombres de «poeta sabio» y «poesía como historia», la gente que siglos más tarde seguiría repitiendo aquel deseo de diez mil casas.
Había querido un cargo, participar en el gobierno, acercar a su soberano a Yao y Shun. La realidad hirió una y otra vez su carrera, su casa y su cuerpo. Pero no lo convirtió en alguien que solo pudiera verse a sí mismo.
Mucho de lo que no llegó a realizar quedó en los poemas.
IX. El poeta sabio
A Li Bai se lo llamó el poeta inmortal; a Wang Wei, el poeta Buda; a Du Fu, el poeta sabio. Tres nombres, tres luces distintas.
Fragmentos de jade de los poetas recoge un juicio de Yang Wanli: Li es divino en la poesía; Du es sabio. Es una valoración poética. No significa que Li Bai tuviera genio y Du Fu no, ni que sufrir lo suficiente convierta automáticamente a alguien en Du Fu.
En otros títulos culturales posteriores, Confucio es el sabio de las letras y Guan Yu el sabio guerrero. La palabra puede señalar una vida ejemplar. Leemos de este modo a Du Fu no solo por la precisión de sus versos, sino porque esa precisión no deja el sufrimiento humano al otro lado de la puerta.
Diez mil casas; los pobres resguardados, con el rostro alegre. Hay corazón y hay un oficio que permite que ese corazón llegue a otro. No son enemigos.
Decir que su vida fue labrada en poesía no equivale a negarle elección o capacidad creadora. La realidad le quitó el camino en el que había pensado colocar su ambición, no todas sus posibilidades de actuar. Él mismo dio forma de poema a la experiencia, la rabia y el cuidado que quedaron.
También había querido construir una carrera pública, un orden político, un mundo mejor. La poesía recibió lo que no pudo realizarse bajo la forma que él había imaginado.
Siguiendo la metáfora de esta serie, Zhuangzi es devuelto a Hundun, lo indistinto: después de abrir, queda tanto fuera que ya no se puede cerrar. Du Fu es llevado hacia el poema: lo que queda es tan profundo que necesita otra forma que lo acoja.
Lo que Zhuangzi deja abierto nos devuelve a lo indistinto. Lo que Du Fu no puede guardar en su antigua vida nos deja oír un poema.
Confucio pregunta: ¿qué dice el Cielo? Du Fu pide diez mil casas. No es un sucesor que por fin repara el fracaso de su antecesor. Dos voces se iluminan: una pregunta cómo puede hacerse efectiva la humanidad; la otra lleva la pregunta al interior de una casa, en una noche fría.
Puede que la humanidad no tenga una sola definición. Pero este gesto es difícil de olvidar: yo tengo frío, y aun así quiero que tú encuentres cobijo.
En la cabecera del puente que imagina este ensayo aparece otra persona. Un anciano delgado llega desde una barca que lo ha llevado de un lugar a otro. No necesita anunciarse con un abrigo dorado ni una túnica basta. Pienso en las mangas rotas de aquel poema suyo, los codos al aire.
Pero sus poemas siguen aquí. Más de mil doscientos años. Todavía.
Notas de lectura y fuentes
Las fuentes básicas son los poemas de Du Fu, el epitafio de Yuan Zhen y la Nueva historia de los Tang, capítulo 201, contrastados con referencias institucionales como la ficha de Renditions, de la Universidad China de Hong Kong. Los poemas son obras elaboradas, no grabaciones diarias. El cincel, los tres cortes y la escena del puente pertenecen a la interpretación y a la imaginación literaria de este ensayo.
Se sigue la cronología habitual: examen de jinshi en 735, convocatoria especial en 747 y estancia en Chang'an aproximadamente entre 746 y 755. El contexto político de 747 aparece en el Espejo general para ayudar a gobernar, capítulo 215. Se distinguen las edades tradicionales de las modernas. El viaje a Fengxian se sitúa hacia finales de 755, por las fechas del comienzo de la rebelión; el orden del poema no prueba el orden exacto de cada experiencia. El caso de Fang Guan en 757, Huazhou en 758, la renuncia de 759 y el servicio de 764 bajo Yan Wu son episodios distintos.
Los textos chinos se han cotejado con las colecciones transmitidas, entre ellas los Poemas completos de los Tang. «Treinta años» en el poema a Wei figura en el capítulo 216; existe también la variante «trece años». En el poema del monte Tai hay variantes del carácter referido a las capas de nubes. Para «吾宁舍一哀» se adopta la lectura interrogativa —cómo no llorar al hijo—, aunque también existe una interpretación concesiva. El carácter 臭 en el verso de las puertas rojas admite lecturas relativas al olor y a la putrefacción; aquí no se presenta ninguna como indiscutible. En el poema de la casa se incluyen los dos versos de las nubes oscuras. «Letrados pobres» designa primero a un grupo concreto: ampliar esa preocupación a otros sufrientes es una lectura del ensayo. Los versos en español se han recreado directamente a partir del chino, sin copiar traducciones modernas.
El poema nocturno de viaje suele fecharse en 765; Subir a lo alto, en 767, durante la estancia en Kuizhou. Su primer puesto entre los poemas regulados de siete caracteres es el juicio de Hu Yinglin en Shisou, no una clasificación objetiva. «Li es divino en poesía; Du es sabio» aparece en Fragmentos de jade de los poetas, capítulo 14, atribuido a Yang Wanli. No opone genio a falta de genio. La declaración sobre no descansar hasta encontrar palabras que asombren procede del poema breve de Du Fu sobre el río crecido como un mar.
Los nombres antiguos de enfermedades y los síntomas de los poemas no bastan para diagnosticar retrospectivamente un ictus o diabetes. El largo poema de la barca es tardío, pero no está demostrado que fuera el último. «Nada logrado» sigue a la alusión al elixir de cinabrio; puede resonar más ampliamente sin convertirse en un registro literal de los pensamientos de un moribundo. Las versiones sobre lugar y causa de la muerte difieren. El epitafio de Yuan Zhen no establece una causa médica.
El ren, lo que queda sin realizar y la vida labrada en poesía son términos de lectura de esta serie, no una teoría formulada por Du Fu. Su deseo extremo de aceptar el frío para sí mismo no impone a las víctimas la obligación de sacrificarse. Podemos leer su obra sin rebajar a Confucio, Li Bai o Wang Wei, y sin negar el trabajo deliberado del poeta.
Poemas completos de los Tang, capítulo 216: primeros poemas y viaje a Fengxian · Du Fu: Vista de primavera · Du Fu: La casa de paja destrozada por el viento de otoño · Du Fu: Pensamientos durante una noche de viaje · Du Fu: Subir a lo alto · Du Fu: Enfermo en una barca, treinta y seis rimas para sus allegados de Hunan · Yuan Zhen: Epitafio de Du Fu · Nueva historia de los Tang, capítulo 201: Du Fu · Espejo general para ayudar a gobernar, capítulo 215: examen de 747 · Fragmentos de jade de los poetas, capítulo 14: Yang Wanli sobre Li y Du · Hu Yinglin: Shisou, colección interior, libro 5 · Universidad China de Hong Kong, Renditions: ficha de Du Fu
Reescritura española independiente. Fuentes, citas y notas detalladas en la edición china e inglesa。