Literatura y cultura · Kazuo Ishiguro, Nunca me abandones
Leer Nunca me abandones
El cuidado, los límites de lo imaginable y el derecho a decidir sobre la propia vida
El horror de Nunca me abandones no se esconde en un laboratorio. Está en Hailsham, un internado donde los alumnos reciben educación, revisiones médicas, arte y el afecto sincero de adultos que quieren protegerlos. Se les da mucho, excepto un lugar en las decisiones que fijan para qué servirán sus cuerpos.
Los tres ensayos siguen esa lógica desde la escuela hasta la Galería: cómo pueden convivir la bondad y la instrumentalización, cómo una institución pone límites a la esperanza desde dentro de sus propios sujetos y qué relación de poder se oculta en la exigencia de demostrar que uno tiene alma.
- Ensayo 1 de 3Un colegio excelenteEl mal de Hailsham no consiste en tratar mal a los niños, sino en cuidarlos bien sin reconocerlos nunca como fines en sí mismos.
- Ensayo 2 de 3El techo de la esperanzaEn las Cottages desaparecen los muros, pero la mayor victoria concebible sigue siendo aplazar unos años el uso del propio cuerpo.
- Ensayo 3 de 3Detrás de la puerta no hay nadaLa Galería no demuestra si los alumnos tienen alma; revela quién posee el poder de exigir la prueba y decidir si será aceptada.