Sobre esta edición
Nota de esta edición: Reescritura independiente a partir del original chino. La página original permite alternar entre chino simplificado y tradicional; el original incluye pequeñas correcciones de ambientación, cronología y formulaciones demasiado tajantes. Esta versión incorpora los ajustes puntuales indicados en las notas del paquete. Las palabras de los personajes se recrean para este ensayo; no se presentan como subtítulos oficiales.
Cuando pasa la carroza del desfile, Zero irrumpe desde la multitud.
La espada atraviesa el cuerpo del emperador.
El mundo entero estalla en vítores.
El plan funcionó
El diseño del Réquiem de Zero es de una limpieza impecable.
Lelouch se convierte en emperador de Britannia y, en el menor tiempo posible, se hace el tirano más odiado de la historia. Conquista el mundo, humilla a todos y atrae hacia su persona el odio que llega de todas partes.
Después, Suzaku se pone la máscara de Zero y lo mata en público.
Muere el tirano. El planeta entero respira aliviado al mismo tiempo y siente una gratitud común hacia quien lo ha liberado de él. El odio se entierra con aquel cuerpo. La paz empieza al día siguiente.
Funciona.
Eso debe quedar claro antes que nada. De los tres proyectos examinados en el tercer ensayo, el de Charles fracasa, el de Schneizel fracasa y solo este llega a realizarse. No es un gesto de heroísmo trágico: es un diseño político que da resultado.
Por eso la lectura habitual, la del sacrificio supremo, no está equivocada. Lelouch muere de verdad. Lo ha dispuesto él mismo. Y obtiene aquello que buscaba.
Pero la conversión sigue ahí
El tercer ensayo dejó formulado un juicio: el error de los tres proyectos se produce cuando convierten a una persona en otra cosa.
¿En qué consiste esa conversión en el Réquiem de Zero?
En transformar a un ser humano en un recipiente de odio. Llenarlo y romperlo ante todos.
La forma del acto no difiere de lo que hacen Charles al reducir a las personas a fragmentos de conciencia y Schneizel al reducirlas a blancos de la disuasión.
Solo hay una diferencia: esta vez la persona transformada en material es él mismo.
La cuestión queda entonces perfectamente delimitada. Es la verdadera pregunta de estos cinco ensayos:
¿Sirve de algo esa diferencia?
Ninguna de las dos salidas basta
Recorramos ambas posibilidades, porque no hay una respuesta preparada de antemano.
Si no sirve de nada, si nadie puede convertirse jamás en un mero medio, ningún sacrificio personal sería legítimo. El bombero que entra en un edificio en llamas, el soldado que recibe una bala por un compañero, los padres que renuncian a una vida entera por sus hijos: todos estarían cometiendo una falta contra sí mismos.
La conclusión es demasiado absurda para tomarla en serio.
Si sí sirve, si basta con decir «lo hago por voluntad propia» para legitimar el acto, el principio de que nadie debe ser tratado como un mero medio adquiere una puerta que se abre desde dentro.
Y mientras exista esa puerta, siempre habrá alguien a quien convenzan de abrirla.
«Por el bien de todos, ofrécete tú». Esta frase no ha causado menos daño a lo largo de la historia que cualquier tiranía. Lo terrible es precisamente que la puerta se abre desde dentro: la persona sacrificada sube por sus propios pies, así que nadie tiene que hacerse responsable. Ni siquiera se encuentra a quién pedir cuentas.
Ninguna de las dos vías resuelve el problema.
Por eso el criterio no puede consistir simplemente en permitir o prohibir el sacrificio. Hay que buscarlo en otro sitio.
Aquella orden nunca se retiró
El criterio aparece en Suzaku.
El Réquiem de Zero no es un plan para una sola persona. Necesita a una segunda.
Suzaku tiene que hacer tres cosas: matar al amigo más importante de su vida, vivir desde entonces como Zero y no quitarse nunca la máscara. Según los registros oficiales, Suzaku Kururugi está muerto. Ese hombre ya no existe.
Acepta. Entra por su propia voluntad, quiere expiar sus culpas y sabe lo que hace.
Hasta aquí parece un acuerdo entre dos adultos.
Pero falta introducir un dato en la cuenta.
Lo mencionamos en el primer ensayo. Tiempo atrás, cuando Suzaku se disponía a morir, Lelouch le impuso un Geass: «Vive».
Jeremiah nunca ha anulado esa orden con su cancelador de Geass. Lelouch tampoco puede reemplazarla mediante una segunda orden.
Así que Suzaku sigue llevando aquella orden dentro cuando acepta participar en el Réquiem de Zero.
Hay que precisar muy bien qué significa eso.
No compara, desde una posición enteramente libre de influencias, las opciones de vivir como Zero y de expiar sus culpas con la muerte.
La orden de vivir no lo hace inmortal. Pero, cuando la muerte se aproxima, obliga a su cuerpo a tomar medidas extremas para sobrevivir. Lelouch ya ha modificado las condiciones en que Suzaku puede decidir frente al sacrificio, el peligro y la muerte.
Su consentimiento llega después de que la otra parte haya deformado de antemano el conjunto de sus opciones.
No es un consentimiento fingido. Suzaku es sincero. Su voluntad de expiación también lo es.
Pero ese consentimiento no es pleno.
El criterio
Ya podemos terminar de formularlo.
Lelouch puede convertirse a sí mismo en un medio. No tiene derecho a convertir también a Suzaku.
La legitimidad de un sacrificio personal no depende de su magnitud, de la pureza de sus motivos ni de lo buenos que sean sus resultados. Depende de algo más sencillo:
¿Se limita a quien decide sacrificarse?
Cuando requiere que una segunda persona lo ejecute, cargue con sus consecuencias y emplee el resto de su vida en sostenerlo, ya no es solo un sacrificio personal. Es un plan.
Y un plan necesita usar a personas.
Suzaku vive con esa máscara todos los días que vienen después. La máscara forma parte del Réquiem de Zero: es su coste de mantenimiento. Lelouch muere una vez. Suzaku tiene que seguir sosteniendo el plan día tras día, de por vida.
La persona que ha quedado convertida por completo en otra cosa no es la que muere.
Por segunda vez, le entregan un mundo
Nunnally toma la mano de Lelouch cuando él cae.
En ese instante lo comprende todo. No es un asesinato imprevisto: él lo ha organizado de principio a fin.
Grita.
Ese grito es el juicio más sincero que la obra pronuncia sobre sí misma.
Lo dijimos en el segundo ensayo: en dos temporadas y cincuenta episodios, a Nunnally no le han preguntado ni una sola vez. El Réquiem de Zero es la última vez y la más definitiva.
Recibe un mundo en paz. Por segunda vez. Y siguen sin preguntarle si lo quiere.
Tendrá que gobernar durante el resto de su vida un mundo levantado sobre el cadáver de su hermano, siendo además una de las pocas personas que conocen toda la verdad. No puede revelarla, porque el plan entero se vendría abajo. Tampoco puede dejar de saberla.
Es el último regalo que él le hace. Y es un regalo que ella no puede devolver.
Una relación que no quedó encerrada en su utilidad
C.C. es una excepción que merece unas palabras aparte.
Cada cual conoce a Lelouch por una de sus funciones. Para el mundo es el tirano; para los Caballeros, Zero; para Nunnally, su hermano; para Suzaku, un rival; para Schneizel, una variable.
C.C. también lo utiliza al principio. La relación nace de un contrato: espera que alguien cuyo Geass haya madurado lo suficiente haga realidad su deseo de morir. Ella también lo coloca al servicio de su propio fin.
La diferencia es que esa relación cambia. C.C. cambia de deseo. Después de la desaparición de Charles y Marianne, sigue escogiendo estar al lado de Lelouch y deja poco a poco de entenderlo solo a través de la función fijada por el contrato.
Al final dice que el Geass es el poder de los reyes y que condena a la soledad. Luego añade que quizá no sea del todo así.
Su importancia no está en que jamás lo convirtiera en un medio. Está en que una relación nacida de esa conversión termina yendo más allá del uso que la originó.
Sobre Lelouch of the Re;surrection
Conviene aclarar una cosa.
Una película posterior devuelve a Lelouch a la vida. Los aficionados llevan años discutiendo sobre ello, y ambas posturas tienen sus razones.
Estos ensayos no entran en la disputa. La razón es técnica: para que el argumento del Réquiem de Zero se sostenga, la muerte debe ser irreversible. Todo el peso de que alguien se convierta en un mero medio procede de que, una vez utilizado, desaparece. Si puede recuperarse, ya estamos discutiendo otro problema.
Se pueden disfrutar ambas versiones. Pero no se pueden mezclar dentro de un mismo argumento: la película continúa la versión de la trilogía recopilatoria, no la misma continuidad televisiva. Estos cinco ensayos hablan del final de aquellos cincuenta episodios.
Para terminar
Al volver sobre los cinco ensayos se ve una misma cuestión examinada cinco veces desde distintos ángulos.
El Geass arrebata el «no». También hay un modo de arrebatarlo que no necesita Geass y que parece amor. Tres proyectos para arreglar el mundo se equivocan en el mismo punto: cuando convierten a las personas en otra cosa. Si el derecho a negarse puede desaparecer, ni el pasado queda a salvo. En la última conversión, Lelouch se toma a sí mismo como objeto.
Ante la Espada de Akasha, Lelouch dijo algo verdadero. Las personas deben poder llegar a ser algo que todavía no son. Por eso el mundo necesita un mañana.
Lo consiguió. Le dio al mundo un mañana.
El precio fue dejar decididos los mañanas de varias personas. El de Nunnally ya está escrito. El de Suzaku, también. El de Schneizel, también. No pueden cambiar ni una palabra.
Creó un mundo donde las personas pueden transformarse haciendo que unas cuantas ya no puedan hacerlo.
Ese nudo no se deshace. Tampoco debería deshacerse.
La obra no responde a la pregunta. Repite por última vez el gesto del primer ensayo: nos deja planearlo todo junto a Lelouch, sentir que cada paso es el correcto y, en el último instante, nos hace oír la voz de Nunnally.
Estos ensayos se basan en los cincuenta episodios de las temporadas R1 y R2 de Code Geass: Lelouch of the Rebellion.