NON DUBITO · Lecturas de cine · 2 / 3
Estaba a salvo porque era útil
En este ensayo
Primavera de 1949. El tejado del taller de matrículas.
Una cuadrilla de presos extiende alquitrán bajo un sol abrasador. Cerca del final de la jornada, el capitán Hadley manda traer cerveza Black Label helada: Andy ha negociado tres botellas por cabeza. Los hombres se sientan al borde del tejado y beben al sol. Red dice que por un momento se sintieron como si estuvieran arreglando el tejado de su propia casa, como si el mundo entero les perteneciera.
Es una de las escenas más queridas de la película. Tiene calidez, sosiego y dignidad. Incontables espectadores la citan como prueba de que «el espíritu humano es indestructible».
Pero hay otra mitad de la escena que rara vez se cuenta con la primera: esas cervezas se han comprado. Andy las ha pagado con una de sus habilidades profesionales.
Diez minutos antes ha oído a Hadley quejarse de los impuestos sobre la herencia de su hermano mayor. Se le acerca, aun a riesgo de que lo arroje desde el tejado, y le propone una solución: transferir el dinero a su mujer como donación única, exenta de impuestos según permite el fisco. Hadley le pregunta qué quiere a cambio. Andy responde: tres cervezas para cada uno de mis compañeros de trabajo.
Trato cerrado. Llega la cerveza.
Andy no es la excepción de este sistema. Es su producto más logrado. El ensayo anterior hablaba de Brooks, un hombre utilizado durante cincuenta años que ya no podía vivir sin su puesto. Este habla de cómo Andy consigue vivir mejor que nadie en Shawshank por la misma razón. Solo que su valor de uso es mucho mayor y, por tanto, también lo es su precio.
I. Por qué las Hermanas dejan de tocarlo de pronto
Durante sus dos primeros años en prisión, Andy sufre repetidas agresiones sexuales de las Hermanas. Se resiste. Lo hace cada vez, y cada vez recibe una paliza peor. La voz de Red lo explica sin rodeos: unas veces gana, otras pierde, pero Bogs y los suyos nunca logran del todo lo que buscan. No es una victoria. Es una lucha de desgaste.
Dos años de resistencia no resuelven el problema.
Lo resuelve algo que sucede después de aquella conversación en el tejado. Hadley le da a Bogs una paliza que lo deja inválido de por vida. Lo trasladan a un hospital de mínima seguridad en el norte del estado, donde tendrá que alimentarse con una pajita el resto de sus días. Desde entonces, las Hermanas no vuelven a ponerle un dedo encima a Andy.
Pongamos las causas en su sitio: Andy no se ha ganado su seguridad luchando. Alguien la ha autorizado. Lo único que ha conseguido por sí solo son heridas. Quien lo pone a salvo es un guardia que acaba de descubrir para qué le sirve.
Esto importa porque determina la naturaleza de todo lo que vendrá después. El trato especial que recibe Andy en Shawshank, la celda individual, la protección de los guardias, el trabajo en la biblioteca y el permiso para hablar de asuntos financieros con ellos, depende del consentimiento de quienes mandan. Algunas de esas mejoras le han costado años de esfuerzo, pero ni siquiera así se convierten en derechos que pueda oponer al poder de la cárcel. Todas tienen algo en común: pueden retirárselas en cualquier momento.
II. Norton le lee la lista de precios
No es una deducción mía. Hay una escena en la que esa lista de precios se lee punto por punto.
Después de la llegada de Tommy, Andy acude a Norton: tiene una oportunidad de demostrar que su condena fue injusta. Primero Norton lo manda a aislamiento. Más tarde, una vez asesinado Tommy y cuando Andy se niega a seguir llevándole las cuentas, el alcaide expone claramente las condiciones: todo seguirá como antes; no se suspenderá nada. De lo contrario, se acabará la protección de los guardias. Perderá la celda individual, volverá a quedar expuesto a la violencia sexual, tapiarán la biblioteca y quemarán los libros en el patio.
Norton enumera una por una las cosas que Andy ha conseguido con los años y le recuerda de dónde vienen. No amenaza con añadirle un castigo nuevo. Le recuerda que todo aquello que ha dado algo de calidez a su vida se lo ha concedido él, y que él puede quitárselo.
La biblioteca es el renglón más hiriente de la lista. Andy ha escrito una carta semanal a la legislatura del estado durante seis años. Así consigue los primeros doscientos dólares y un lote de libros usados. Después pasa a escribir dos cartas por semana y, al cabo de varios años más, obtiene una asignación regular. Convierte aquel almacén en una de las mejores bibliotecas penitenciarias de Nueva Inglaterra. Es la historia secundaria más alentadora de toda la película. Y Norton nos hace saber que también forma parte del pago, que también puede arrasarse en una tarde.
Si pueden retirarte algo, nunca ha sido tuyo.
III. Tommy
Tommy Williams llega en 1965. Tiene veintitantos años, lo han condenado por robar y entra haciendo el payaso.
Es el único personaje de la película cuya vida está avanzando hacia algo mejor.
Quiere obtener el certificado equivalente al título de secundaria porque, cuando salga, tendrá que mantener a su criatura. No sabe leer. Andy empieza por enseñarle las letras. El día del examen le entra el pánico: arruga la hoja, la tira a la papelera y dice que les ha hecho perder un año a todos. Andy la recoge y la envía. Llega el resultado: C+, aprobado.
Enseñar a leer a Tommy no le reporta nada a Andy. Es un detalle crucial: con este hombre no está haciendo un negocio.
Entonces Tommy cuenta lo que sabe. Un antiguo compañero de celda, Elmo Blatch, presumía de haber matado a una mujer y a un profesor de golf. El condenado había sido el marido de ella, un banquero.
Tommy está dispuesto a declarar.
Norton habla con él a solas. Le pregunta si juraría lo que ha contado ante un juez. Tommy dice que sí. Esa noche, bajo la luz de los reflectores, Hadley lo mata a tiros. La versión oficial es que intentaba fugarse.
La explicación más repetida dice que Tommy sabía demasiado y había que silenciarlo. No basta. Al principio Norton descalifica su testimonio como una historia absurda. Pero, mientras Tommy viva, esas palabras pueden llegar a un tribunal; la condena injusta de Andy puede volver a investigarse. Y también queda alguien capaz de atestiguar que Norton se negó a actuar.
Matar a Tommy sirve para callarlo, pero también para retener a Andy. Si el testimonio entra en el proceso judicial, Andy puede salir. Y, si sale, Norton no solo pierde a su contable: puede quedar al descubierto toda su trama de blanqueo de dinero.
El programa de trabajo penitenciario Inside-Out de Norton, presentado como una ayuda mutua entre el interior y el exterior; los sobornos de los contratistas; la contabilidad del dinero blanqueado; ese Randall Stephens que no existe: todo descansa sobre una sola persona. Esa persona tiene que seguir dentro de los muros.
Lo ocurrido esa noche puede decirse de una manera más desagradable, pero también más exacta: la vida de un joven de veintitantos años se entrega a cambio de conservar el valor de uso de un contable. No media un odio personal. La crueldad queda incorporada a una liquidación hecha con la cabeza fría.
Y queda una vuelta de tuerca: presentan la muerte de Tommy como el resultado de una fuga frustrada. Hasta muerto lo utilizan una vez más, para enseñar a toda la prisión qué les espera a quienes quieran marcharse.
IV. Volver a mirar las escenas cálidas
Ahora podemos regresar al tejado.
La cerveza es de verdad. El sol también. Y esos cinco minutos de sentirse libres tampoco son mentira. Pero alguien los ha autorizado. El mismo hombre que los autoriza será quien, años después, dispare contra Tommy.
La ópera es real, la biblioteca es real y quienes han aprendido a leer también lo son. Norton puede cerrar la biblioteca y destruir las condiciones que hacen posible ese trabajo. Pero la música, difundida sin su permiso, no es una concesión suya: no puede quitarles lo que ya han escuchado.
No pretendo negar el valor de esas escenas. Pretendo mostrar sus condiciones. Si toda la bondad que recibe alguien dentro de esos muros procede de lo útil que resulta, solo hay una diferencia entre él y Brooks: a Brooks ya lo han usado hasta el final; a Andy todavía no.
Por eso Andy, después de enterarse de la muerte de Tommy, le dice a Red aquello de que siempre se había creído inocente, condenado por error, pero que había matado a su mujer, aunque no hubiera apretado el gatillo. Sí hay autorreproche por la distancia que mantuvo con su mujer. Pero también habla un hombre que vuelve a mirar su vida y el lugar que ocupa allí.
V. Hacer algo que no rinde beneficios
En 1955, la legislatura del estado envía doscientos dólares y una caja de libros y discos usados. Andy encuentra entre ellos una grabación de Las bodas de Fígaro.
Lleva el tocadiscos a la oficina de los guardias, cierra la puerta con llave, baja la aguja y conecta la megafonía de toda la prisión.
Las voces de dos mujeres italianas recorren Shawshank. En el patio, todos se detienen y alzan la vista hacia los altavoces. Red dice que todavía no sabe qué cantaban, pero que en aquel instante pareció que algo hermoso había logrado llegar hasta ellos.
Norton golpea la puerta desde fuera. Una porra rompe el cristal. Andy sube el volumen.
Le cuesta dos semanas de aislamiento.
No obtiene nada con ello. No mejora la comida, no acelera las obras de la biblioteca, no ayuda a revisar ninguna condena. Ni siquiera hace más llevadera su propia vida: el resultado entero son dos semanas encerrado a oscuras.
Es el momento más puro y más público de toda la película en que Andy deja de actuar como un activo del que se espera rendimiento.
Mientras hace sonar la ópera, no intenta conseguir nada a cambio, no está al servicio de nadie ni acumula ventajas para una negociación futura. Solo quiere dejar salir esa voz y que todos puedan oírla. Sabe que lo castigarán y acepta ese riesgo. El castigo acabará siendo de dos semanas de aislamiento.
Cuando vuelve, le preguntan si ha merecido la pena. Dice que han sido las dos semanas más llevaderas de su encierro porque Mozart estaba con él. Alguien objeta que allí no tenía tocadiscos. Andy se señala la cabeza y el pecho: lo que está dentro no se lo pueden quitar.
Fugarse no es más que una obra de ingeniería. Diecinueve años de paciencia, un martillo pequeño, un cartel y una tormenta eléctrica: algo que Andy puede hacer porque es un hombre extraordinariamente capaz. Es formidable, desde luego. Pero pertenece a la parte «útil» de Andy.
Aquellas dos semanas son distintas. Durante esas dos semanas, por una vez, sí salió de verdad.
VI. Lo que se lleva
En aquella noche de lluvia de 1966, Andy recorre a rastras quinientas yardas de tubería de aguas residuales. Se ha llevado tres cosas de Norton: un traje, un par de zapatos de cuero y un libro de cuentas. Las dos primeras le sirven para salir. La tercera, para que Norton ya no pueda hacerlo.
El libro de cuentas llega a un periódico. Cuando los coches de policía se presentan a la entrada, Norton se pega un tiro. Ha pasado la vida calculando costes y beneficios; al final calcula que él mismo ya no sale a cuenta.
Andy no lo ha matado. Se ha limitado a entregar ese libro que demuestra cómo Norton se ha servido de los demás.
El próximo ensayo será sobre Red. En la película comparece tres veces ante la junta de libertad condicional. En las dos primeras da a la junta la respuesta que esta espera, pero le deniegan la libertad. A la tercera dice la verdad y se la conceden. Lo que ocurre ahí es mucho más frío de lo que parece.
Este ensayo se refiere a la película de 1994 dirigida por Frank Darabont. El original chino toma como referencia los títulos y diálogos de los subtítulos chinos de uso habitual. Los diálogos en español son versiones independientes a partir de ese ensayo, no citas de un doblaje ni de subtítulos oficiales.