Dar una devolución honesta forma parte del respeto. Evitar toda crítica deja crecer los problemas y priva al otro de comprender lo esperado. La amabilidad no consiste en ocultar la realidad.
Una observación precisa habla de hechos: este documento llegó tarde, aquella decisión no se explicó, esta conducta produjo tal efecto. Une lo observado con un criterio y busca una posible mejora.
El veredicto identitario dice otra cosa: eres poco fiable, no tienes liderazgo, no sirves para esto. Una situación se convierte en esencia y la persona debe defender su valor entero en vez de examinar una acción.
Puede existir una incompatibilidad duradera con un rol. Incluso entonces se pueden nombrar exigencias incumplidas, intentos realizados y la decisión laboral sin afirmar que se conoce toda capacidad posible en otros lugares.
La buena devolución abre acciones: entender, practicar, pedir apoyo, discutir un dato o elegir otro puesto. No pega una etiqueta cuya llave queda exclusivamente en manos del evaluador.