Después de una muerte quedan libros abiertos, citas y frases sin respuesta. Pocas vidas cierran todos sus asuntos.
Algunos proyectos sí fracasan y hay responsabilidades incumplidas. Lo inacabado no debe embellecer un daño concreto.
Pero si la imposibilidad de concluirlo todo mide el valor de alguien, nadie puede aprobar. Vivir abre continuamente nuevos vínculos y tareas.
Una existencia queda también en las oportunidades ofrecidas, lo protegido durante un tiempo y los rumbos que ayudó a cambiar.
No se trata de terminarlo todo, sino de qué asumimos y de qué manera entregamos lo abierto a quienes continúan.