Cuanto más valioso parece el tiempo, más queremos tapar cada hueco. Una agenda llena promete que nada se pierde.
Pero los hechos nuevos, la ayuda imprevista y la revisión de una decisión llegan sin cita. Una vida saturada no puede recibirlos.
El vacío no es bueno por sí mismo. También puede convertirse en un lugar donde evitamos decidir.
Un espacio dejado a propósito sí es infraestructura de libertad. Sostiene la capacidad de cambiar un plan igual que la de cumplirlo.
La finitud no ordena amontonar. Invita a mantener una puerta por la que el futuro todavía pueda modificar el día.